CREEMOS EN LA EFICACIA DEL AMOR FRATERNAL
SI SE VUELVE COMPETENTE
R. P. JOSEPH LOUIS LEBRET O.P.
Notas inéditas del Padre Lebret preparadas para un manifiesto de la Conferencia Internacional de Economía Humana.

 

Como grupo ínfimo, podemos parecer ridículos al enfrentar a las fuerzas del dinero, a los partidos políticos arrastrados por las masas, a los ambiciosos sin escrúpulos, a los pequeños burgueses, a los intelectuales famosos, al interés sórdido, a los gobernantes hábiles, al comunismo, a los cristianos de retaguardia.

Aceptamos este ridículo. No es necesario ser muchos para provocar cambios considerables. Los hemos conseguido, siendo pocos, en las pescas marítimas francesas, cuyo cambio de estructura nos es debido en su mayor parte. Hemos contribuido a producirlos en la agricultura francesa con la publicación del libro de M. Artaud " Le metier d'agriculteur", y con la ayuda proporcionada a los movimientos rurales de inspiración cristiana.

Hemos influido en los ambientes militantes cristianos con la publicación de nuestra colección "Spiritualité". Hemos creado en América Latina, para los cristianos de vanguardia, las condiciones de una esperanza. En algunos países nuevos, aun fuera de América Latina, nuestros amigos son escuchados con confianza. La altura de los colosos que enfrentamos no nos impresiona; son colosos con pies de arcilla. Hay momentos históricos en los cuales basta algo de pensamiento para modificar el curso de los acontecimientos. Creemos ser una de esas fuerzas débiles que, sin embargo, pueden resultar determinantes .

La reacción, la agresividad de las masas populares contra la burguesía y el capitalismo, sin duda tuvieron por causas los salarios bajos, el exceso de trabajo, la inseguridad en el empleo, la vivienda insalubre, la percepción progresiva de los contrastes entre miseria y opulencia, y los derroches irracionales por inconveniencia o por ostentación, pero la razón fundamental fue este hecho; los trabajadores sintieron que no eran amados. Contaban solamente como factores de producción y de utilidad, no como hombres.

La falta de amor era la causa de la conducta inhumana de los empleadores. Si hubieran amado, no habrían esperado la compulsión progresiva de las leyes sociales para corregir la máquina de crear proletariado.

Si los economistas hubieran amado, no habrían concebido la economía como una abstracción indiferente al hombre. Si los políticos hubieran amado, no habrían esperado tanto para imponer la protección contra los accidentes, la supresión del trabajo de los niños, la reducción del trabajo de las mujeres y de los hombres, la seguridad social, las asignaciones familiares, el derecho a la vivienda.

Lo mismo sucede hoy con los países subdesarrollados. Su hambre e,8 real, su vivienda atroz, su inseguridad permanente. Pero su reacción y su agresividad sólo expíe san el complejo del no amado, del despreciado, del ignorado, contra aquellos que hubieran debido tratar de comprenderlos, y hubieran debido probar que los amaban.

El fracaso de muchos expertos en desarrollo se debe a que no están cargados de amor. Pasan sin compenetrarse con los pueblos, a veces altivos y distantes, extranjeros, bien pagados, profundizan o sus conocimientos técnicos, ampliando su cultura, listos para encontrar puestos ventajosos en las universidades, en la política, en los negocios. .

Estamos en mejor posición por el sólo hecho de haber optado, por amor, por el ascenso humano universal. Todo hombre, toda capa social, toda población regional o nacional, la humanidad toda nos interesa. Nos hemos formado en la preocupación auténticamente fraternal de todos los hombres y de todo en el hombre.

Por eso, lo que parece imposible a la mayoría, deja de parecemos así a nosotros. Conocemos la fuerza del amor y sabemos que cuando el amor es fuerte, permite emprender, sin que se necesite mucho dinero, sin que haya necesidad de armamentos.

Es posible, por amor, contentarse con remuneraciones de estricta subsistencia; se puede, por amor, identificarse con el otro, con sus problemas, dar voz a sus aspiraciones, a veces a sus cóleras. Es posible, por amor, hacer partícipes del esíuerzo a muchas personas de buena voluntad que no quieren malgastar su vida. Es posible decidir vocaciones a la donación de sí mismo con heroísmo duradero.

El amor continúa siendo la más poderosa de todas las fuerzas; sabe sacar de las posiciones bloqueadas, abrir nuevas vías, sortear o aplastar los obstáculos, combatir la injusticia, denunciar los egoísmos, arriesgar ìncomprensiones e ingratitudes, soportar los fracasos, recomenzar tantas veces como sea necesario.

Somos, pues, de aquellos que creemos que amando, todo se simplifica. El que ama al otro por los valores actuales o potenciales que hay en él, es un hombre nuevo, liberado de sí mismo, de convenciones, de exigencias.

A todos aquellos que comienzan a amar verdaderamente a la humanidad, los invitamos a la donación total de sí mismos.

Invitando así al amor fraternal, nos ponemos a auscultar a la humanidad total. Todo nos interesa. Todo toma valor. Partiendo de la observación del hombre en cualquier aldea del mundo o en cualquier barrio urbano, aprehendemos lo universal. La miseria constatada en cualquier lugar nos hace inteligible la miseria universal. La miseria material de los pobres nos hace inteligible la miseria espiritual de los ricos. La miseria de los pueblos subdesarrollados, la miseria de los pueblos que se pudren en el exceso de facilidades.

Creemos que los hombres se condenan a la desventura cuando hacen de sí mismos un absoluto y cierran así sus ojos a la realidad de los problemas de hoy, olvidando la solidaridad que nos une. Los hombres vueltos hacia sí mismos se mutilan, en lugar de ampliarse a la medida de la humanidad, salvándose de sí mismos, de su yo pequeño y sórdido, de la proyección absoluta de sí.

Creemos que los hombres se condenan a la desventura cuando hacen de sí mismos un absoluto y cierran así sus ojos a la realidad de los problemas de hoy, olvidando la solidaridad que nos une. Los hombres vueltos hacia sí mismos se mutilan, en lugar de ampliarse a la medida de la humanidad, salvándose de sí mismos, de su yo pequeño y sórdido, de la proyección absoluta de sí.

Por amor hemos descubierto la humanidad, y el pensamiento de valorizarla nos acosa.

Pero es a causa de esto que estamos en la vanguardia, porque esto nos ha hecho descubrir lo esencial.

Cuando se procura que los hombres valgan más y que la humanidad entera sea más, todo se ilumina. Las ciencias económicas y sociales hacen saltar sus encasillamientos ficticios. Cuando lo que cuenta es el hombre, y todos los hombres, todo se liga.

Las hipótesis se hacen fecundas; la investigación se centra, las ciencias físicas y biológicas se integran a la visión del mundo.

El conocimiento se objetiva en lugar de divagar en el juego de los conceptos y en la acumulación de referencias, No se pierde más la vida analizando sin término lo secundario para buscarse ocupación o para aparentar.

Todo toma su verdadero lugar, y así es posible juzgar los conjuntos, diferenciar los factores positivos de los negativos, percibir lo importante y lo urgente.

Y cuando se interviene, no se crea lo que más tarde demolerá o desequilibrará, lo que contiene en germen dificultades inextricables. Se ha vuelto uno capaz de comprender una estructura y sus tendencias evolutivas, de dominar una transformación.



>> MENU



Envie sus comentarios a: centrolebret@fr.st

1