Francisco Luna

 

TU DI QUE SOY POETA

 

Si te vienen a contar cositas malas de mi, tu di que soy poeta. Di que hablo sólo con los cerros al son de mi jarana. Cuéntales nomás. Si murmuran mis liváis y mis tenis rotos, responde tranquila: "es poeta".

Cuando por casualidad toquen a la puerta de nuestra casa, no abras, alega mi actitud poética ante la vida y la sociedad. Diles que estoy igual que Javier Solis, "que me salgo en las noches a llorar mi locura".

Agrégale, además, que ya mero concluyo un ensayo bastante detallado sobre la poesía incomprendida de Ezra Pound e Ismael Mercado, un estudio comparativo pero que ilustra el proceso de formación de la lírica regional en relación atemporal con los modelos europeos. Eso diles, que soy versador y en el aire compongo mis trabajos teóricos enfebrecido por arrebatos intelectuales.

No te dejes convencer, tu mantén el argumento de que soy un poeta que lee.

Si te salen con el cuento de un mechón de canas a la estratósfera, diles que no es mío. Que soy incapaz de eso, que me conoces muy bien. Que una cosa es ser medio salidón y otra que Juan Camaney no sepa responder en las buenas y en las malas. Que juras a Dios por mi congruencia y mi buena leche. Que, al fin y al cabo, eso es ser poeta. Así, así argumenta, no me defiendas mucho porque se nota.

Cada vez que te vengan con ese rollo, no contestes a cualquiera. Calla. "El amor es el silencio más fino", dijo Don Jaime.

Otras ocasiones te balconearán mis dengues en lugares públicos y el chisme será más fuerte: mi perdición en los polvos, los humos y el almizcle. No hables, no la hagas de tox, deja que por mi raza hable el espíritu, no soy cocodrilo de oro pa' caerle bien a todos; mantén la firme convicción, como dicen los politicos- de que soy tu vate, que no me entusiasman ni premios ni concursos, sino la poesía. Así cabuletéalos, no te saques de onda ante el delator, aunque despues por tu disgusto, tus pellizcos, tu llanto y tu amor me declare inocente.

Es más, si las musas llegan en mi ausencia di que estoy botado en casa de la poesía. Que no chinguen, que el poeta no quiere musas sino besos.

 

De Francisco Luna

 

 

 

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