Peligros del monóxido de carbono (CO)

El monóxido de carbono es un producto típico de la actividad automotriz, que aumenta su peligrosiidad por ser inodoro e incoloro; el peligro tiene que ver con su facilidad para combinarse con la hemoglobina de los glóbulos rojos.

Cuando abunda el CO, el aire llega envenenado a los pulmones. Con que la dosis de CO sea de sólo 0,01 % pero se la inhala con cierta frecuencia, los síntomas pueden fluctuar desde fatiga, cefalea e irritabilidad, hasta cambios de carácter, amnesias parciales, vértigo, náuseas y otras disfunciones, por ejemplo en el sueño y la visión; si el porcentaje llega al 0,5 % y se prolonga una hora o más, los daños serán muy graves, sobre todo para niños pequeños, mujeres embarazadas y personas mayores.
Si alcanzara el 1 %, acarrearía un colapso respiratorio acompañado de convulsiones, pérdida de conciencia y muerte muy pronta.

Pero estos no son los únicos problemas, además los agentes contaminantes dañan de forma irreversible las cilias que se encuentran en bronquios y bronquiolos y que nos permiten "atajar" grandes toneladas de microbios.

Y el CO no es el único destructor de nuestra respiración, existen además: el dióxido de carbono, el plomotetraetilo y ciertas sustancias oxidantes (todos emitidos por los caños de escape), junto con el dióxido de azufre -que deriva en ácido sulfúrico- y los óxidos nitrogenados -que derivan en ácido nítrico- (responsables estos dos de la lluvia ácida) y por último el ozono, que es necesario en la atmósfera, pero que a la altura de la vida humana es altamente tóxico.

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