CIUDAD PERDIDA II
Está el vientre florido,
la voz de las entrañas
se filtra rendija de vida
en el horizonte de una entrepierna blanca
y el sabor amartillado mezcal de sus senos.
Está la madre de los dioses arañando
los ojos de su descendencia ofrenda el libro de los libros impreso con
letras de maíz pautado,
con golpe de teponaxtle y garganta.
Tiene un suspiro rojo prendido del olfato,
un gusano sediento de caricias y parpados
tiene un sabor a cielo negro de templanza amargo
de avaricias y silentes milagros.
Y tiene el vientre vertido de creaturas
recreadas con un pincel de fuego
con un telar de músicas selenes
y un recipiente en el ke las margariposas
beben el néctar y la música de
su propia muerte.
Köpimetztli
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