LUIS CALDERON MARTINEZ
Nació en Barranquilla. Es egresado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico (1966). Participó en varios salones de artistas costeños, y formó parte en colectivas de pintores nadaístas en Bogotá. Fue parte de varias exposiciones del grupo nadaísta "Los Cuervos", en la Sociedad de Mejoras Públicas y la Galería "La Escuela" de Barranquilla. Actualmente reside en Maracaibo, Venezuela.
La filosofía que sustenta su trabajo tiene las siguientes coordenadas:
Todo tiene una causa, un "por qué" el universo es producto de una causa suprema. Si llueve es por algo. Si la ola va y viene es por un ritmo secreto. Si nos alegramos o entristecemos, además del motivo aparente hay una causa psicológica profunda. La vida material es como el iceberg. Solamente vemos al descubierto una mínima parte, el resto permanece sumergido en la mar del misterio. El autor se propone nombrar ese misterio. Traerlo al campo de la conciencia cotidiana, porque el Misterio como esencialidad de todo se está perdiendo en el desorden que caracteriza la vida humana actual.
Por el temperamento realista e inclinación por lo natural y verdadero, a la hora de plantearse la comunicación del Misterio a los demás, el autor optó por no abandonar los linderos del marco antropológico y la figuración artística, pues no apetece el arte abstracto o conceptual. Aún cuando sabe, de sobra, que tiene su justificación en la subjetividad que impregna, en gran medida, el accionar del ser humano. Visible en su oscilación del gusto al disgusto, del placer al dolor. En el caso particular del autor de esta propuesta, no tendría sentido usar el abstraccionismo, puesto que, el objetivo que persigue es fundamentalmente didáctico, no elitesco. El arte abstracto lo acogen y entienden solo personas que tienen una notable cultura artística. Y el autor pretende que su propuesta llegue al mayor número de público.
La solución a tal ecuación comunicacional ha sido recurrir al símbolo. Por sí mismo el símbolo es el único puente válido y eterno, entre la conciencia y la realidad humana. De suyo, el símbolo es la gramática del lenguaje de la conciencia celestial o cósmica. Porque trasciende, va más allá de los moldes lingüísticos terrenales. El inconsciente colectivo, los arquetipos o profundos enigmas universales, sólo son aprehendibles por la vía del símbolo, a través de la filosofía. La ciencia materialista se queda corta y no puede explicar nada sobre la sublime verdad del Ser. Sólo el símbolo es capaz de albergar el contenido infinito de la verdad. Y corresponde al alma, no al Ego, comprender los contenidos espirituales con que se expresa la conciencia celestial en los seres humanos. A lo anterior debo agregar que, nuestro mundo moderno, tal como lo vemos, está altamente semiotizado. Porque la tecnocracia rectora que gobierna el planeta, manipula malintencionadamente los símbolos en beneficio de sus torcidos fines. Para decirlo de la manera más prosaica, las masas compran los productos y servicios por lo que simbolizan más que por las ventajas reales que estos pueden ofrecerles. Un producto de marca con la imagen asociada de una personalidad relevante, del cine, la televisión, etc., hace de inmediato carrera en el público, culto o ignorante. E independiente de la calidad o eficacia, el producto termina siempre como un fetiche de oro en el altar de emociones de los usuarios.
Aprovechando -por qué no decirlo- este controversial y no menos triste fenómeno de la semiotización del hábtitat humano, el autor de esta propuesta ha retomado los símbolos y, de nuevo, está arrojando "las semillas significantes" de las grandes verdades universales, sobre los surcos sociales de la Tierra. En esta siembra todo es aprovechable. Con mayor razón los símbolos que forman parte sustancial de las tradiciones de los pueblos, los cuales signan el destino de mucha gente. Como es el caso de los símbolos del carnaval barranquillero y, en general, de la cultura costeña. Igual que la griega la hebrea o la persa.
En última instancia, para el autor exponer su obra al público constituye un compromiso con la humanidad, y sólo le que queda una esperanza: llegarle a la gente e inquietarla, mover a su alma a que rompa las siete capas del cascarón del símbolo y conozca la verdad de sí misma. Porque sólo así, entre los casi siete mil millones de habitantes del planeta, una sola persona que decodifique el símbolo podría ser capaz de conquistar su destino, y volver a Dios con la buena noticia de que una semilla ha germinado y el mundo aún tiene la probabilidad de cambiar.
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última actualización, Febrero 15 de 2005.