SALONES BURREROS DEL CARNAVAL DE BARRANQUILLA
(2a. parte)

Primera Parte


MC: Antes de escuchar sobretodo las piezas de las bandas de los años veinte y el tango de que hablaba Alfredo, vamos a permitir una pregunta, Alfredo, que quiere hacerte uno de los asistentes.

Voz Hombre Público: Don Alfredo, es que me llama la atención que usted habla del tango y guabina en el Carnaval.

A. De la E: No, pasillo; pero no en el Carnaval de la Calle, en el Carnaval de los clubes, en el del pueblo no.

Voz hombre público: El trago en los Salones Burreros tenía un valor.

A. De la E: Todo era regalado.

MC: Pero era chicha, me imagino.

A. De la E: No, no, no, un ron muy bueno, mejor que el de ahora.

Público: Risas.

MC: ¿Sí le daban ron bueno a la gente del Salón Burrero?

A. De la E: Y había el famoso Ron Blanco que después la gente del pueblo lo llamó “Gordolobo” por la botella de licor “Gordon” que venía en los barcos y que botaban y tenían pintado un dragón, que era un lobo decía la gente, y de ahí quedó “gordolobo”, “capetuza”.

MC: ¿Quién más va a preguntar algo?

Nico: Vargas siempre cuenta una historia del capuchón rojo, ¿que hay de cierto en eso, Alfredo?

A. De la E: No, los capuchones son de varios colores, nunca de un solo color.

Nico: Un asesinato, que tiene su historia.

A. De la E: Ah no, esas son cosas tristes que no vale la pena conversar aquí.

MC: Bueno, hubo un salón a fines del siglo pasado, coment&aacutte;bamos ahorita con Alfredo, que se llamó el Salón Fraternidad. Ese salón quedaba donde está ahora el Ley del centro, al frente, progreso entre San Juan y San Blas. ¿Qué sectores eran los que acudían a ese salón bailable?

A. De la E: Era un salón de categoría, pero no de ricos sino de clase media económica, muy fino, muy bueno y bailaban lo que bailaban entonces. Pero no era popular de chancletas y abarcas, ya era en zapatillas y charol.

MC: ¿La gente que llegaba ahí no dejaba el burro en la puerta?

A. De la E: No, ellos no tenían burro.

Público: Risas.

MC: Bueno, vamos a escuchar entonces...

A. De la E: Echo el cuento primero.

MC: Bueno, echa el cuento primero.

A. De la E: Hubo una danza en Barranquilla que la bailó todo el mundo, que era la danza Carmen Sofía, de autor anónimo, se la atribuyeron a varios compositores de aquel tiempo pero nunca se ha consagrado porque no hubo partitura. La bailaba todo el mundo. Era una danza de salón, muy fina, más aún, cuando se abrían los bailes siempre ese era como el himno de la fiesta, no propiamente de Carnaval, se bailaba siempre en todas partes.

MC: Era como el abrebocas de la fiesta.

A. De la E: Sí. Era muy sentimental, muy romántica, tenía una nota muy sublime. Y en verdad se acostumbró, como cuando terminaban los bailes a las tres de la mañana se tocaba el famoso vals de las tres de la mañana. Primero era hasta la una de la mañana, después hasta las seis y después quien sabe hasta cuando.

Público: Risas.

MC: Julián Pérez.

Julián Pérez: Enfrente de lo que es hoy el almacén Ley, también hubo por ahi en el ańo 1938...

A. De la E: ¡El Arlequín!

JP: ¡Eso!

A. De la E: Todavía no hemos llegado, vamos por el treinta.

MC: Esta danza Carmen Sofía, ¿Dónde era que se bailaba? ¿En qué parte? ¿En clubes o en cualquier baile popular?

A. De la E: Se bailó en todas partes. Se convirti&ocute; en un himno. Yo siempre lo he utilizado en todos mis programas sobre historia de la ciudad, lo tengo como un estímulo.

A. De la E: Eso vino después. Estamos en el treinta.

Público: Risas.

MC: Vamos a escuchar entonces...

A. De la E: Oigan la danza para que vean que bonita era, esta tocada por una banda ¿Esa es?

MC: Si, una banda...

A. De la E: La boquilla, creo que se llama.

MC: Si. Realmentees de las piezas que a nivel de banda logró adquirir un nivel de orquestación interesante con respecto a lo que se escuchaba en esa época. Vamos a escuchar a esa Carmen Sofía.

-Se oye grabación Carmen Sofía, interpretada por la banda La Boquilla-

Público: Aplausos.

MC: Ese es un ejemplo gráfico de los años 30. Bueno, ahora lo del Charleston.

A. De la E: En 1921 se abrió un nuevo club en Barranquilla, el Club ABC, probablemente ustedes se acuerdan de un bellísimo edificio, que posteriormente en un convenio que hicieron los clubes Barranquilla y ABC se convirtió en Club Barranquilla, ese edificio fue constriudo por Don Víctor Dugand, quien fue el presidente del club ABC, que tuvo seis años de vida nada más como centro social. Y estando él en Panamá, la música panameña también se empezó a oir por aquí, el Tamborito Panameño era muy popular, se tocaba y se bailaba; y allá encontró una orquesta muy buena en un club de allá y se la trajo para acá. Fue la primera orquesta, “The Panama Jazz Band”, que vino a Barranquilla a amenizar un Carnaval en un club, y se trajo, obviamente, el repertorio que estaba de moda en Panamá, que era gringo, toda la música gringa: el Charleston. Como ustedes saben, el Charleston es un baile de acróbatas, la gente para bailarlo necesita tener una cantidad de cosas sueltas, desatadas...

Público: Risas.

A. De la E: Y la moda empezaba a tener una influencia enorme en los cambios que empezaron luego a surgir gracias al cine, porque entonces venían todas esas vampiresas, la Gloria Swanson, Clara Bobo, con trajes que cambiaron por completo la línea aquella, sobria, discreta, de la mujer que se vestía muy sobriamente, primero porque se subió la falda, estaba hasta el tobillo y se subió hasta la rodilla, lo cual era una cosa muy seria. Después el escote que se llamó de palangana, una cosa obviamente ordinaria, y el escote bajó más de la cuenta; entonces, por supuesto, se veían muy frívolas, pero era el cine, el cine imponía la moda, y las niñas que tenían trenzas muy bonitas y se pon&icaute;an lacitos y todas esas cosas, se los cortaron para hacerse un peinado papindó y a la Garcón; y empezaron a hacer otra cosa peor: a fumar y a tomar. Tomaban un frapé, todavía no se tomaba el whisky como ahora, pero se tomaban un frapé y una especie de menta; y empezaron a bailar semejante cosa espantosa. Se pusieron de moda el Charleston, el Fox-trot, el one-step, y el lambetuboc, fueron cuatro aires típicos norteamericanos y todo el mundo ya no pensaba en nada más sino en tocar eso y disfrazarse de los disfraces locos de esa época. Creo que aquí hay una cosa del Charleston, ¿Verdad?

A. De la E: Antes de eso, se me olvidaba, en 1918, cuando fue elegida por primera vez reina Patricia Lafourie, ella estudiaba en París y se trajo rollos de pianola, se usaban mucho las pianolas, los rollos; y entre esos se trajo un tema que estaba de moda en París, lo cantaba los Mistinquet, lo cantaba Chevalier, lo cantaba Mauricio Chevalier y fue la locura, y aquí también.

Pero, naturalmente, fue prohibido después porque insinuaba levantar las piernas y las niñas no podían levantarse de los tobillo. Fue un escándalo, se llamaba La Machicha y resulta que después el cine mexicano tomó esa partitura, le puso letra y lo volvió un corrido, y ustede lo conocen más que la Machicha.

Para subir al cielo, se necesita
una escalera grande y otra chiquita

Y esa es la famosa Machicha. Era muy divertida, muy bonita, pero se prohibía porque no se podía en centros de cierta categoría levantar las piernas, y mucho menos señoritas distinguidas y destacadas. Después, esa década de los veinte, viene toda esa música, pero todavía Panamá sigue mandando la parada. Fabregas, Ricardo Fabregas, que es un compositor muy conocido, escribió un tema formidable, divertidísimo pero apropiadísimo para el Carnaval y lo trajo acá. Quien dijo Miedo, figúrese, era otra cosa que se podía bailar alla, en el Salón Burrero digamos, pero no el club. Se llamaba Tóqueme el trigémino. ¡La gente no sabía que era el trigémino y se imaginaron otra cosa!

Público: Risas.

A. De la E:

Tóqueme el trigémino
tóquemelo usted
Ay, tóquemelo...

“Tóquemelo porque si no me voy a morir.” Y resulta que el trigémino es un nervio facial que ordena la morisqueta de paso, y lo confundieron con otra cosa, entonces no se podía tocar eso y se suspendió. Era director de la orquesta del club un eminentísimo folclorista, uno de los má,s grandes focloristas que ha tenido el país, la gente se ha olvidado de él, ya no lo conocen, lo conocimos muchísimos. Lo crió el mejor libro que se ha escrito sobre folclor de la costa, Emirto de Lima y Sintiago, Cónsul de Liberia y de Honduras, que hacía el famoso suarez de allá, una cultura vastísima, graduado en la Escuola Cantorum y autor de muchas composiciones y era el director de la orquesta titular. Después se presenta otro aire foclórico que escribe otro compositor muy bueno de Cartagena, un industrial prestantísimo, riquísimo, con todos los superlativos, y se lo entrega aquí a un barranquillero que era más carnavalero, Arturo de Castro, y le dijo: “Arturo vé, aquí no me dejan tocar en Cartagena mi pieza. Te la mando para que en Barranquilla la toquen”. La pieza era muy sabrosa, pero la letra tenía algunas cosas que en realidad tampoco era bien que se tocara en un salón de esa catagoría. Se llamaba Sebastián rómpete el cuero, porque decía:

Sebastián rómpete el cuero si pretendes la muchacha
que una casa no se hace con tripas de cucaracha

Eso que es, ah...

Público Risas.

A. De la E: Y después compuso otra mejor todavía: Pepe. Esa era más lasiva. Pero de todas maneras era música. Y ya se estaba abriendo el compás. ¿Qué tienes ahí?

MC: Tóqueme el trigémino.

A. De la E: Oigan Tóqueme el trigémino. Formidable.

MC: En ese momento había un médico español que era experto en eso del nervio del trigémino. Fue a Cuba y fueron los cubanos quienes comenzaron a hablar de eso en sus canciones. Uno de los que habló en las canciones fue Miguel Matamoros con el famoso paralítico. Y hubo otros sextetos que también grabaron canciones alusivas como esa que acaba de mencionar Alfredo, que fue prohibida acá y que vamos a escuchar ahora, que no es la del Trío Matamoros.

-Se oye grabación Tóqueme el trigémino-

Sigue...


Playa, Brisa, Mar
Indice del libro
Música y coplas de Congos

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