Confieso que la galería de Teresa Nachman "Hoy en el arte" me queda un poco a trasmano, pero con la misma sinceridad debo confesar que nunca mis visitas se vieron defraudadas respecto de los artistas que con criterio maduro sabe seleccionar.

En este caso se trata de Osvaldo Jalil, un xilógrafo clásico, en tanto graba sobre tacos de madera. En esta oportunidad nos muestra una serie de obras que titula "Serie América" y que está inspirada en la matanza de Chiapas en México. Los trabajos son en su casi totalidad bicromos (negro y rojo). El negro para las figuras, el rojo para la sangre derramada.

En verdad se trata de una denuncia de lo que Hobbes sentenció: "Homo homini lupus" (el hombre es para el hombre un lobo). Las figuras están tratadas a base de manchas negras, que les dan un aspecto tétrico y amenazante. El humanismo a cuya dimensión pertenece Jalil es una sensibilidad a la que le cuesta aceptar el sufrimiento de los inocentes. Su interrogante denunciatorio posa dilemas no solo sociológicos sin también teológicos. "Perché la sangue del'inocente?"

Es pregunta que añora una humanidad menos bestial y más humana, es el resorte que lleva a un alma noble plantearse estas poderosas imágenes.

La página de Rafael Squirru
Revista Arte al Día Año IX Nº 73
Octubre de 1999


Osvaldo:

Hace días tu muestra da vueltas por mi cabeza. La recuerdo. Creo que las obras que se recuerdan (y los recuerdos no se eligen) están de alguna manera siempre presentes. Sobran razones, además para que la realidad se encargue de recordárnoslas. Con esto quiero señalar que tu obra siempre tuvo origen en la relación artista-mundo y el resultado es ahora ese callado desborde de dramatismo que impresiona. Tal vez por eso poco pude decirte en el momento en que nos vimos. El cambio en esta muestra es fundamental, si tuviera que definirlo con una sola palabra diría: sobriedad.

Sobriedad al punto de que unas manchas rojas, idénticas, siempre las mismas en todas las obras terminan por ser golpes repetidos sobre una herida. Y duelen.

Ha sido, es, una muestra que ilumina un territorio que solemos negar, que se oculta envuelto muchas veces en bellas palabras que a la postre resultan repugnantes.

Esfuerzo sobrehumano para sobrevivir, para hacer un mundo sencillamente humano, ese ha sido (es) nuestro anhelo al salir a la calle después de ver tus obras donde agonizan (agonizamos) sombras de hombres que miran definitivamente traspasados por un dolor ilimitado.

Adelante. Un abrazo.

Juan Lopez Taetzel.
1999


  "Osvaldo Jalil se nos ofrece una vez más en obra. Obra feliz -aunque pueda resultar dramática- por la alegría que motivó este nuevo hacer. Alegría que surge de la sabiduría de un oficio que una vez más sintió la necesidad de reinventar imágenes para que, sin renunciar al pasado, "otros seres, otras voces y otros ámbitos", surgieran a la luz, desde su preocupación y posibilidad hacedoras. El verdadero creador vive inventando, sobre todo cuando no se lo propone y mucho menos, lo anuncia".

Enrique Gené. 1996


"Un grabado, un xilógrafo va abriendo la madera para buscarle adentro su luz más secreta. Quizás por eso el diálogo entre el grabador y la madera es el diálogo entre enamorados. El del silencio. Y hay maderas que responden perfumando. Hay maderas que tienta, que insinúan, son las capaces de ponernos a prueba, el talento, el coraje, la humildad".

Juan López Taetzel. 1992


"...En todos los casos, Jalil salió airoso de sus pruebas, demostrando su técnica impecable a partir de un dibujo sobrio y de un estilo de contenido expresionismo, que me atrevo a calificar de muy argentino".

Rafael Squirru

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