Características de la construcción musical en las sonatas de Beethoven

Las sonatas para piano de Beethoven, presentan nuevas sonoridades, audaces experimentos, queda encerrado el mundo interior del compositor, y también el recién llegado lenguaje expresivo de la revolución romántica. En la temprana Patética, en la tempestuosa Appassionata, en la brusca y laberíntica Hammerklavier, en las definitivas sonatas opus 110 y 111, se va llegando a las fronteras de la exposición pianística, que serán alcanzadas en el opus 120.

El inadecuado entrenamiento que tuvo Beethoven en sus primeros años de estudios musicales, se refleja en las tres sonatas para piano escritas en 1783.

El piano súbito, los repentinos arranques, las figuras de arpegios (ejecutadas a altas velocidades en varias octavas de forma ascendente o descendente) conocidas como los "cohetes de Manheim", son características de la personalidad musical de Beethoven. Él es el primero en usar el acorde de novena sin preparar, y se puede observar en el primer movimiento de su sonata Op. 27 N° 2 "Claro de Luna".

Las sonatas para piano de Beethoven, transportaron a la música a un nuevo orden. En las del opus 2, se advierte un aliento y un dominio estructural que rompían con la elegancia dieciochesca. Después de 1800, Beethoven empezó a desarrollar el género con proyecciones románticas. La Op. 26 en La bemol (la primera que compuso desde el comienzo del nuevo siglo), se abre con un tema lento con variaciones, sigue con un scherzo temerario y vertiginoso, una marcha fúnebre "a la muerte de un héroe" y concluye en un final que es un torbellino. A ésta le siguieron las dos sonatas Quasi una fantasía Op. 27 (a la segunda se le suele llamar Claro de Luna) que formalmente son cualquier cosa, menos convencionales. Los siguientes hitos de su composición pianística coincidieron con la gran crisis que le produjo el agravamiento de su sordera. La brillante Waldstein (el apellido del conde dedicatorio, más conocida por Aurora en los países hispanófonos) y la arrolladora Appasionata fueron de concepción tan revolucionaria, que hasta el propio Beethoven se abstuvo de escribir para piano solo durante algunos años. Pero la cima de su pianismo, son las cuatro últimas de las treinta y dos sonatas, desde la Hammerklavier, que exigía un virtuosismo pianístico sin precedentes hasta entonces (fue Liszt quien demostró que era "tocable"), hasta la Op. 111 en Do menor, la tonalidad de la que se valía para su música Sturm und Drang, como por ejemplo, su quinta sinfonía.

 

Análisis escrito por Manuel Alejandro

 

Recommended Books
1