MÚSICA Y CIENCIA-FICCIÓN: LOVECRAFT EN PINK FLOYD

Carlos Garrido (*)

Desde sus comienzos, la música de Pink Floyd se relacionó directamente con el mundo de lo "underground". La ciencia-ficción, lo espacial y lo misterioso han sido constantes en la evolución del grupo musical británico. Los elementos de esta música espacial, dentro de lo "subterráneo" y "contracultural" constituyen un "viaje" a través de unas sensaciones ya presentes en la obra del escritor fantástico norteamericano H. P. Lovecraft. Tras una lectura paralela, Pink Floyd y Lovecraft relatan los elementos de un mismo viaje bajo distintas claves.

Howard Philips Lovecraft vivió en Nueva Inglaterra, recogiendo en toda su obra el transfondo reprimido y puritano de la sociedad de Boston, Providence o Salem. Esta represión, que él mismo incorporó a su vida personal, originó una fuerte carga onírica: todo un mundo inconsciente acumulado que favoreció el cultivo de lo ominoso y sobrenatural. Lovecraft fue un gran soñador desdoblado en una doble vida: puritana y misógina socialmente; intensamente mítica y fantástica en su creación literaria. El mundo del escritor norteamericano parece provenir de la experiencia alucinógena (experiencia que al parecer desconoció), tal es la fuerza de sus visiones y sueños. Rafael Llopis, en el prólogo a "las aventuras oníricas de Randolph Carter", habla del "HPL" como un equivalente del LSD, remarcando la porción de "viaje" presente siempre en Lovecraft.

El viaje alucinante está también presente en Pink Floyd, sus estructuras musicales son siempre narrativas, cargadas de contenidos oníricos. Y es a partir de este primer punto, el desplazamiento y el cambio, desde donde ambos mundos se conectan.

Para Lovecraft, el "horror cósmico" surge con la alteración de las percepciones normales del tiempo y del espacio. El tiempo se dilata y superpone como ocurre con el sueño. En el relato del viaje de Randolph Carter hacia la Ciudad del Sol Poniente, las medidas temporales desaparecen en un acontecer irreal, donde el tiempo adquiere medidas circulares y –como en los sueños- se confunde y acumula. El espacio, asimismo, adquiere nuevas dimensiones: abismo, caídas a través de espacios interestelares, caos polidimensional. La monstruosidad de las criaturas de los cosmos fantásticos no son tanto causa de terror como la pérdida de nociones humanas de tiempo y espacio. Lovecraft expone su galería de espejos estelares con palabras que rozan la realidad y la ficción: "Cada figura espacial no es más que el resultado de la intersección de un plano en una figura correspondiente que posee además otra dimensión, como el cuadrado resulta de la sección de un cubo o el círculo de la de una esfera. El cubo y la esfera, con sus tres dimensiones, corresponden a su vez a la sección de otras figuras de cuatro dimensiones que los hombres conocen sólo por sueños y conjeturas. Y éstas, a su vez, son sección de otras figuras de cinco dimensiones y así sucesivamente hasta remontarse a la inalcanzable infinitud arquetípica".

El miedo que subyace todos los relatos de Lovecraft surge precisamente por la atracción que esta realidad sobrehumana ejerce sobre los protagonistas. El vacío, las dimensiones desconocidas, ocasionan la ambivalencia "atracción/repulsión", al suponer una ruptura total del orden lógico. Lovecraft ejemplariza con la caída esta seducción y finaliza con un irremediable final: la muerte o la locura.

La música de Pink Floyd, a través de sus propios materiales, discurre muy cercana a todo esto. Las nociones del tiempo musical comunes al "rock" son alteradas por medio de grandes pausas, espacios de lentitud que transportan, construyendo un clima de tensión o relajación que relata un viaje a través de distintas intensidades, siempre utilizando puntos de referencia cósmicos.

La seducción de lo desconocido es utilizada en Pink Floyd mediante puntos de fuga, como en "Obscured by clouds" o "The narrow way". Valiéndose de esta seducción, als piezas floydianas buscan un efecto de "miedo" por choques sónicos, masas cnoras que irrumpen amenazadoramente ("Syshiphus"), o un clima creciente que, en el caso de "Careful with that axe, Eugene" constituyen un verdadero relato de fondo Lovecraftiano.

Las descripciones profusa y exageradamente adjetivadas de Lovecraft se corresponden con el preciosismo y la abundancia de efectos de Pink Floyd. Se podría encontrar una equivalencia casi perfecta entre el viaje onírico de Randolph Carter a la ciudad soñada y la cara A de "Atom Heart Mother". En ambos casos se trata de la búsqueda de un conjunto mágico que se acerca o aleja según las vicisitudes del viaje. Este conjunto es en Lovecraft la maravillosa Ciudad del Sol Poniente, "sus puentes de veteado mármol, sus fuentes de tazas plateadas y los prismáticos surtidores que adornaban las grandes plazas y los perfumados jardines"; en Pink Floyd, la meta es el "leit-motiv" de la pieza que, entrevisto en su desarrollo, aparece con majestuosidad orgiástica finalmente.

El clasicismo, con elementos orientales, de algunas piezas floydianas expresa, con igual eficacia que la prosa barroca de Lovecraft, el sentimiento multidimensional, la existencia de realidades ocultas e infinitas. "A saucerful of secrets" (sobre todo la versión de 1968) logra combinar distintas series armónicas que van desde lo experimental hasta lo clásico (los coros finales) para construir una verdadera catedral sonora; jugando siempre con analogías y volúmenes musicales lo que Lovecraft buscó en sus relatos: "La ilusión es la realidad única y la sustancia es las gran impostora".

El misterio, la multiplicidad sensorial de Pink Floyd posee también una característica propia de Lovecraft: su frialdad sobrehumana. Los tópicos de la "humanidad" –el amor, la felicidad- son omitidos por el deseo de ir más allá y por la pasión absoluta de lo desconocido. La distancia es común en los relatos de Lovecratf: no hay identificaciones cotidianas, todo se reduce al placer del viaje.

El sentimiento del "viaje" y del mundo "subterráneo" de sueños y alucinaciones no ha sido patrimonio exclusivo de lo "undergound". La lectura simultánea de Lovecraft y Pink Floyd al poner en contacto sistemas armónicos separadas por la verticalidad de la lógica cultural, demuestra que se trata de experiencias similares: oníricas y alucinantes como parte de un viaje hacia la "otra cara" de la realidad.

(*) Publicado en la revista "Ozono" (Madrid) en 1977. Carlos Garrido es periodista y escritor.
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