La Mujer de las Siete Fuentes

Mas allá de la Cerdeña conocida por los turistas, existe otra muy antigua y que mantiene su vitalidad intacta, igual que el idioma Sardo. Es esta antigua que iremos descubriendo a través de estas páginas que además nos indican el camino hacia el equilibrio primario con la naturaleza.
Siete Fuentes es una historia de curación : la de una joven mujer y la de la Tierra misma.
Maria Antonietta Matta vive con su madre en Cabras, un pueblo de pescadores en la costa occidental de Cerdeña. Es apenas una adolescente cuando le descubren una leucemia grave y le diagnostican solo unos pocos meses de vida. Sin embargo, logrará curarse. A través de un diálogo con "su" Tierra y con "sus" Aguas, podrá entablar una lucha victoriosa por "su" Vida.
El título de la novela, se inspira en el nombre de un pequeño pueblo de la zona de  Montiferru, rodeado de bosques de carrascos y encinas y muy conocido por sus aguas y vertientes, llamado San Leonardo de Siete Fuentes.
Es allí donde se desarrolla la historia y donde vive Nanna Fiore, la anciana que se encargará del cuidado de la joven enferma. Será ella la que indicará a la joven el camino a seguir para curarse del mal que la está minando y sobre todo le enseñará a «nutrir el propio sueño»  y a realizarlo.
«Cuando empieces a pensar realmente que la tierra es tuya y que el agua y el aire son bienes que te pertenecen, entonces tu vida verdaderamente cambiará». Este es el simple mensaje de la Tía Nanna.
Guiada por ella, María aprenderá a conocer y respetar las maravillosas aguas de Cerdeña - arroyos, vertientes, cascadas, estanques, mares y pozos sagrados. Todas estas aguas que han sido violadas y contaminadas por la desidia y la avidez humana. Es lo mismo que le sucede a su sangre, que está contaminada por la enfermedad. Luego de haberse curado, María se dedicará a cuidar y defender esas aguas.
El ritmo narrativo es lento, para poder descubrir los mitos y verdades antiguas que aun viven hoy y están contenidas en el lenguaje de uso cotidiano en Cerdeña. (Todos los diálogos de la primera parte de la novela han sido escritos en idioma Sardo y luego fueron traducidos al italiano por el mismo autor).
El libro está dedicado a la Diosa de todas las Aguas: Ríos, Lagos, Vertientes, Mares y Océanos de la Tierra.

Biografia
Diego Manca, nació en Santulussurgiu , en la isla italiana de Cerdeña, en 1949.
Siete Fuentes es su primer novela. El autor es poeta además de escritor , y tiene publicado un libro de poesías llamado Haiku, escrito en italiano con traducción al japonés (en cada página).
Además ha escrito varios cuentos cortos, y una segunda novela llamada El Corazón de Europa, dedicada a la Diosa de la Tierra, que aún no ha sido publicada.
El autor vive y trabaja en Florencia, Italia.


CAP. 10

Élighes Uttiòsos
(Carrascos goteantes)

A los pocos kilómetros de Santulussurgiu, el Tio Brotu indicó que se doblara a la derecha por un camino que subía por la montaña. En realidad no era más que una senda y tuvieron dificultades con el pequeño automóvil para llegar hasta la cima. Desde allí hubo que seguir a pie.
Lucía llevaba una bolsa de plástico que contenía la plantita y una pala.
Caminando junto a María seguían detrás del Tio Brotu, que a pesar de sus 83 años declarados, caminaba con paso rápido y seguro por el estrecho sendero. María a los pocos minutos ya se sentía cansada.
A lo lejos se divisaba el mar y el azul de sus aguas transmitía una serenidad que cancelaba la fatiga acumulada para llegar hasta allí. Luego de unos diez minutos de caminata el Tio Brotu se paró y dirigiéndose a María le indicó con el bastón hacia la lejana costa diciendo :
"¿Ves la aldea al lado del mar?"
"Sí."
"Esa es Santa Caterina de Pitinnuri y la otra al lado es S'Archittu. Entre ellas hay una colina, ¿la ves?"
"Sí, sí."
"Tía Nana me encargó de decirte que en esa colina estaba la ciudad de Cornus y que fue allí que los Sardos Pelliti lucharon contra los Romanos."
Sin agregar nada más, el viejo empezó de nuevo a caminar. Las dos mujeres se quedaron un momento más observando el magnífico panorama y luego lo siguieron. María y Lucía no se dieron cuenta que habían llegado al manantial. Vieron algunas plantas de acebo a ambos lados del camino que habían formado una especie de gruta verde y de ella colgaban flecos de musgo. Ocultada dentro de esa vegetación, el agua brotaba silenciosamente de la pared de barro. María tuvo la impresión de que fuera la Naturaleza misma que exudase ese líquido precioso, que luego caía y formaba un pequeño charco sobre la tierra húmeda. Desde allí corría el agua , atravesando el sendero y creando un arroyuelo que así iniciaba su camino hacia el mar.
El Tio Brotu les hizo notar que el bosque alrededor estaba formado casi exclusivamente deacebo y que el manantial se llamaba: "Elighes Uttiòsos"que en idioma Sardo significa "carrascos goteantes". El anciano pastor las invitó a beber para sacarse la sed, y les mostró como hacerlo con las manos. Se había sacado el sombrero y bebía pequeños tragos, disfrutando del sabor y la frescura del agua. Eran casi las once de la mañana y ya hacía mucho calor. Lucía le aconsejó a su joven amiga que buscase un buen lugar para plantar el pequeño acebo que traía consigo. María había notado un claro por donde corría el arroyuelo proveniente del manantial. Cavó allí un pozo cerca del borde del agua para que las raíces tuvieran buen acceso a ella. Quitó la plantita de la maceta, la colocó en el pozo que había hecho y le cubrió bien las raíces con tierra. Con sus manos echó un poco de agua alrededor de la planta y le preguntó a Lucía que otra cosa debía hacer.
"Quédate un rato con ella," le aconsejó la mujer, "luego búscate un lugar a la sombra y piensa en lo que te dijo Tía Nanna."
Luego se alejó y fue a recostarse a la sombra de una encina. María miró a su alrededor y decidió sentarse al lado del manantial desde donde podía divisar el mar. Cerró sus ojos y empezó a visualizar la lucha personal que había entablado contra su enfermedad. Cuando los reabrió, el sol estaba ya alto en el cielo. Tenía las palmas de las manos tan calientes que era desagradable, pero al lado del manantial el aire todavía se mantenía fresco. Se acercó a la fuente y apoyó sus manos sobre el musgo húmedo. El manantial le transmitió una deliciosa sensación de frescura , una felicidad inexplicable y unas ganas de cantar, reir y correr, que no sentía desde hacía mucho tiempo. Le agradeció ese regalo, porque el pensamiento que tuvo fue que la fuente le había regalado algo, que tal vez fuera su amor. Le expresó su gratitud en voz alta, consciente de estar hablándole a un ser de quien intuía la existencia por primera vez. No se avergonzaba de hablar así y no pensaba que fuera ridículo : sentía que amaba esas aguas.
Decidió ir a buscar a Lucía para compartir esto, pero primero volvió a beber una y otra vez,saboreando cada trago hasta que se sació. Antes de alejarse, se mojó también el rostro.
Se sentía feliz.
Cuando llegó hasta la encina donde estaba sentada Lucía, los ojos le
brillaban de felicidad.
"¡Qué maravilla !" exclamó conmovida. "Estoy... estoy..."
"No hables," le susurró Lucía, indicándole que se acercara hasta ella y luego señalándole el horizonte agregó :
"Ven, siéntate a mi lado. Observa el mar."
Las dos mujeres estuvieron un rato largo inmóviles. Finalmente cuando los rayos del sol hicieron desaparecer la sombra que las protegía, se levantaron y se dirigieron hasta el automóvil donde las esperaba el Tío Brotu.
María estaba radiante. Durante el viaje de retorno, Lucía le habló mucho sobre el agua ydeque este elemento tan esencial para los seres humanos era tan poco apreciado por la mayoría de las personas, que sin embargo igual usaban y abusaban del agua durante toda su vida. María le respondió que ella apreciaba mucho el agua y que ahora estaba realmente empezando a conocerla y amarla. Lucía le dijo que para poder apreciarla verdaderamente, debería recordarse y agradecerle al agua cada vez que se lavaba los dientes o las manos o se duchaba.
Llegaron a la casa hacia las dos de la tarde y la Tía Nanna les había preparado un plato de pasta. Durante el almuerzo, la Tía Nanna le preguntó a María si en "Elighes Uttiosos" había aprendido algo. La muchacha le contó sobre las sensaciones que había tenido mientras estaba sentada al borde del manantial y como por primera vez en su vida, había encontrado un ser que podía definir como "divino".
La Tía Nanna afirmó que desde el primer día en que se conocieron, había tratado de hacerle entender que el agua era una divinidad y que en toda la isla era venerada como tal desde hacía miles de años.
"Pero," agregó, "estás solo fingiendo no conocerla.. Porque dime, ¿es que hasta hoy, nunca habías bebido agua? ¡Prueba a pasar siete días sin ella y verás! Prueba a estar siete minutos sin aire y verás que no necesitas que te aprieten el cuello y te dejen sin respirar, para saber que existe el aire... ¡Entonces, no vengas a decirme que no conocías el agua ya!"
María no se animó a responderle nada y apenas terminó de comer, se retiró a su cuarto.
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