CARTA ABIERTA AL SR. WILLIAM HENRY GATES:
Señor Gates, permítame dirigirme al que fuera usted antes de ser el que es ahora, al estudiante de primaria, al de secundaria, al que cifraba en cada uno de sus sueños el poder infinito de la mente humana, al que deseaba ser alguien antes de ser todo, antes de tenerlo todo, o casi todo, ya que a los pobres aún nos siguen perteneciendo los sueños que ya usted no necesita compartir con nosotros.
Mire, me han dicho que fue o que sigue siendo muy humanitario, que dispuso de más de 2400 millones de dólares para obras de caridad, eso es loable, de corazón le confieso que no me puedo imaginar una cantidad así, pero es lógico, no pertenezco al mundo en el que usted ha tenido la habilidad de ubicarse, pero no vea una crítica en lo que expreso, es cierto que resulta difícil creer que alguien sea poseedor de tamaña fortuna, porque debe usted saber que existen naciones que no disponen de esa suma para enfrentar las necesidades de salud, educación, ni siquiera los requerimientos imprescindibles para el sostenimiento de los niveles mínimos de alimentación, vestido y calzado.
Siendo el mundo un teatro en el que cada habitante juega el papel que su nivel económico le permite desempeñar, supongo que ha de ser uno de los más destacados protagonistas, que le son casi inherentes las facultades de, -punto menos que un mago-, y que le resulte factible hacer milagros económicos, porque los divinos le siguen correspondiendo a Dios Nuestro señor, aunque Ħquién sabe!
Si tenemos en cuenta que del tercer mundo, en especial de América Latina, fluyen a raudales las materias primas, que transformadas luego en las factorías estadounidenses, pasan a engrosar las arcas, que de tal suerte, son las ganancias de su País con las que se costean los descomunales planes armamentísticos para intentar mantener las cosas como están, los pueblos hambreados, incultos y obedientes como verdaderos corderos atados a la cuerda imperial.
No crea que intento convencerle, no, desde luego que no invertiría mi escaso tiempo en algo así, intento sólo sugerirle que procure una nueva obra filantrópica,y es para ello que le sugeriría que investigue acerca de las condiciones socioeconómicas de las personas discapacitadas, para que conozca a fondo el entorno en el que transcurren nuestras existencias, con algunas excepciones que luchamos por que lleguen a constituir la regla, pero que mientras ese instante adviene, contribuya a paliar la crítica situación por la que atravesamos.
Como soy cubano, y no deseo obstaculizar la posibilidad de que nuestros hermanos puedan recibir su sincera colaboración, me sitúo a un lado para que el Departamento del Tesoro no le niegue, la honrosa obra de facilitarle a las personas ciegas y débiles visuales, la oportunidad de recibir de sus manos de "hombre piadoso", el equipamiento mínimo para acceder al mágico mundo de la informática que nos haría más cultos, independientes y poder disponer de una herramienta principalísima para la inserción laboral.
Me sentiría realizado si fuese usted receptivo a esta solicitud, aunque fuera por un día, desde el norte industrializado se estaría haciendo justicia al eslabón más débil de la sociedad.
No quisiera despedirme sin antes asegurarle que los cubanos sabremos arreglárnoslas como hasta hoy, pero le estaríamos concediendo el crédito merecido.
Deseo agradecer el tiempo que nos dedique, si es que así lo entiende, pero si no fuera de ese modo, sólo se habría perdido el tiempo, porque la esperanza no nos la arrebata nada ni nadie.
Con toda la educación que nuestro ESTADO Y NUESTRAS FAMILIAS SEMBRARAN EN CADA UNO DE LOS CUBANOS, ESPERANDO VOLVERNOS A ENCONTRAR EN EL JUICIO FINAL, CON DIOS NUESTRO SALVADOR COMO JUEZ INFLEXIBLE Y JUSTO,
Autor: Dr. Alberto López Villarías.
La Habana, Cuba.