Mi lente
VUELO 93
Paul Greengrass
El ataque a las torres gemelas de New
York, será para la historia el acontecimiento mas relevante del inicio del
siglo XXI. Se dice que para que un acontecimiento pueda ser valorado en su justa
dimensión, deberán pasar por lo menos cincuenta años. Así, en medio de una
discusión pública sobre si "es demasiado pronto", el cine de ficción
aborda los atentados del nueve de septiembre del 2001 (9/11) en EU. Las
primeras producciones no documentales son Vuelo 93, del británico Paul
Greengrass, y World Trade Center, de Oliver Stone.
Greengrass, director y guionista de
Vuelo 93, realiza esta extraordinaria película de forma semi-documental con
mucho respeto por las víctimas, honestidad en la exposición de acontecimientos
y, pretendidamente, sin juicios políticos previos.
Esforzándose por apartarse de cualquier
amarillismo y morbo, Greengrass se concentra en los hechos e intenta evitar
convenciones hollywoodenses de héroes, villanos y salvadores. Sabe que los
espectadores conocen el final de la historia y, en vez de contar "qué
pasó", se concentra en el intento de reproducir "cómo ocurrió".
Recrea ambientes, emociones y personajes alejándose, lo mas posible, de
psicologismos baratos y crea una película excelente, sobria, honesta, que
sacude al espectador y lo lleva a pensar sobre lo que vio. Que es esta, la
intención primigenia del cine… del buen cine.
El excelente guión parece abordar el
género thriller o de suspenso pero no es así: son los propios acontecimientos
los que están cargados de tensión, y la película sólo los pone en pantalla.
Greengrass investigó, usó datos de la comisión oficial de análisis del 9/11, se
entrevistó con familiares de las víctimas y obtuvo su apoyo para el rodaje.
Armó una certera historia de montaje paralelo que combina personajes y lugares
para dar un tinte de cotidianeidad que comparten los espectadores (muchos hemos
vivido las mecánicas de abordaje y viaje en avión como pasajero) para, después,
hacerlos participantes virtuales de la angustia de un vuelo suicida. Con fina
observación del detalle significante, presenta personajes que son como
nosotros, sometidos a una inesperada situación de muerte, que los lleva a
rebelarse y organizarse en grupo en un intento por sobrevivir.
Para lograr su propósito, el director
arma una puesta en escena aparentemente sin complicaciones. El enfoque es de
"vida diaria" que se altera por la violencia terrorista. El atentado
afecta tanto a gente normal como a quienes toman decisiones: controladores de
vuelo, autoridades civiles y militares. Greengrass gradúa su puesta en escena
in crecendo, con un control perfecto para mostrar las etapas de alteración:
normalidad, sorpresa, incertidumbre, descontrol, fallas de comunicación,
terror, rebelión e intento de sobrevivencia. Todos los elementos fílmicos
apoyan este patrón de desarrollo.
Acertadamente se eligió un cuadro de
actores profesionales poco conocidos, ninguna cara "famosa". Aportan
mucho a la factura semi-documental de la película, y a la total impresión de
realidad que consigue artísticamente. El complemento perfecto es la fotografía
que elige un tipo de iluminación realista para reproducir ambientes sin ningún
rastro estilístico de "belleza". La película deja ver su grano duro y
abierto. La cámara en mano, de alta movilidad, termina por ser
testigo-participante de los hechos, sobre todo en secuencias finales dentro del
avión de United. Tonalidades frías y uso de luz blanca refuerzan el realismo.
Va de encuadres clásicos a angulaciones forzadas conforme avanza la película
para remarcar paso de normalidad a suspenso y a la violencia final.
El trabajo de edición remata la serie de
aciertos cinematográficos, la sensación de simultaneidad que da el montaje
paralelo entre avión, centros de control aéreo civil y militar es esencial para
las atmósferas emocionales de la cinta. Colabora con gran eficacia a que el
espectador sea un participante, al meterlo en un ritmo cada vez más acelerado
del cual no puede desprenderse. Aumenta ritmo y tomas más cortas conforme se
acerca el final. Ese incremento paulatino de velocidad, como el resto de los
elementos cinematográficos, está al servicio de la historia narrada.
Greengrass se ciñe a lo que se sabe de
la caída del vuelo United 93 (llamadas de celular de pasajeros, testimonios,
datos) y llena los vacíos de información con un ejercicio de creatividad que
requiere de un gran esfuerzo por imaginar “como pudo haber sido”, sin inventar
heroísmos falsos porque los pasajeros no tuvieron mucho tiempo para reflexiones,
las decisiones se tuvieron que tomar de manera automática. La película nos
muestra cómo personas normales enfrentan situaciones inesperadas de terrorismo
suicida y, en medio del caos y el miedo, intentan sobrevivir de manera
instintiva.
La película deja más preguntas que
respuestas en el espectador. Al no juzgar sino sólo mostrar, motiva a
reflexionar si, en el fondo, estos hechos implican un choque de civilizaciones,
una confrontación religiosa o sólo hay motivos políticos. La respuesta no es
única, abarca un abanico complejo de fenómenos de la realidad que estamos
viviendo y nos advierte que si no somos capaces de confrontar la complejidad de
los acontecimientos, si no hacemos un esfuerzo claro por conocer y comprender
el mundo que habitamos, estamos condenados a vivir el terrorismo en toda su
aberrante realidad.
Como pudimos ver en otra excelente
cinta: “Syriana”, queda claro que los terroristas de Al Qaeda tienen su propia
visión, religiosa (la invocación Alá Akbhar / Dios es grande, aparece en muchos
de sus diálogos) con la que justifican sus acciones. Graves motivaciones
políticas y enormes intereses económicos enrarecen el clima mundial y
coalicionan en contra de la parte débil: la sociedad inerme. La cinta presenta
la muerte cruel, inhumana e injustificada de inocentes en el nombre de Dios. Al
presentar sólo hechos, sin juicio, “Vuelo 93” muestra como una mayoría pacífica
puede ser víctima de la violencia de extremos ideológicos/religiosos/políticos
y económicos; violencia que rechazan millones de creyentes en el Islam, en
general, los de todas las religiones, e incluso quienes se declaran ateos, es
decir, la inmensa mayoría de todos los seres humanos, gente común como lo somos
todos.
Pero ¿el cine y el arte pueden
proveernos de algún elemento que nos de la posibilidad de modificar esta
realidad? He ahí el meollo del asunto. La cultura, en su aspecto más amplio:
diversión, información y conocimiento etc.; como un compendio final de la
actividad humana, es también una asunto de educación y mientras sigamos con
bajos niveles educativos, sumidos en la ignorancia, la cultura proporcionará
pocos o nulos resultados, principalmente en el aspecto de conciencia.”Tomar
conciencia, es saber que sabemos lo que sabemos”. Es así que una obra tan
interesante y compleja, cinematográficamente hablando, como lo es esta “Vuelo
93”, pase desapercibida y sea poco vista, como sucedió con “Syriana” que solo
duró una semana de exhibición con escaso público.
Dentro de cincuenta años, la historia
dará su veredicto y hasta entonces se sabrán muchas cosas que ignoramos sobre
lo sucedido en las torres de World Trade Center el 9/11: sus repercusiones en
la vida del mundo globalizado, las atrocidades que se han cometido y cometerán
en represalia. En cincuenta años mas las valoraciones de esta guerra, estamos
seguros desde ahora, reconocerán un saldo negativo y ominoso. Y quien sabe,
podría ser, que la minuciosa recreación de esta magnífica “Vuelo 93” sirva de
pretexto a los infames de siempre para justificar otras muchas guerras de
exterminio en el nombre de la “justicia” la “democracia” y la “libertad”.
The
actors who played the terrorist hijackers and the actors who played the
passengers and crew on the flight were kept in separate hotels during filming. They
also worked out in separate gyms and did not eat meals together. This was so
that the director could capture the separation, fear and hostility between the
two groups of antagonists and protagonists. (more)
Autor: Rafael Fernández Pineda.
Cancún, Quintana Roo. México.