TEORÍA QUEER O EL BUEN HUMOR DE LA ACADEMIA.

Por Silvia Elena Llaguno

El pasado 27 de agosto, asistí a un evento especial que conmemoró los 20 años del fallecimiento de Michel Foucault. No voy a hablar de él, de hecho, creo que aún no me atrevería a hacerlo; sólo diré que fue un teórico francés cuya obra riquísima, desarrolla, entre otros temas, la sexualidad, la formación de los saberes y los sistemas de poder. De lo que sí quiero hablar es de una teoría que no lo es, porque según me enteré en el evento, en realidad, es un chiste.

La teoría Queer (que en español suena cuir), es algo de lo que últimamente se habla mucho en los círculos académicos, entre la gente que se interesa por los temas de la sexualidad y sobre todo de la diversidad sexual. Y es que es en verdad una propuesta interesante.

¿Qué es queer?

El sentido original de la palabra en inglés, tenía que ver con sentirse enfermo o mal, pero ahora se usa para desnaturalizar la identidad sexual y situarla como una categoría cultural disponible y no como un atributo esencial de la persona; es decir, permite pensar en una alternativa a la división rígida del mundo erótico en bisexuales, heterosexuales, homosexuales, y reconocer la movilidad y el carácter no fijo de las identidades sexuales.

Desde esta mirada, es posible estudiar las prácticas sexuales de personas que no están adscritas a ninguna categoría de identidad sexual pero cuyo ejercicio de la sexualidad significa una práctica en condiciones sociales adversas.

La llamada Teoría Queer rechaza todas las formas de pensamiento binario, como la idea común de cuerpo-mente. Podemos decir que es un sinónimo de "desorganización" de lo normal.

¿Por qué un chiste?

Según contó David Halperin, el conferencista, en 1990, en una reunión académica realizada en la Universidad de California, Teresa de Laurentis, experta en estos temas, expresó la necesidad de ir más allá de los estudios sobre lesbianas y gays, pero como no había en ese momento ningún término que nombrara o expresara este "avance", dijo, a manera de broma, que podía hablarse de una "teoría queer". Todos rieron, pero en ese momento, se acuñó un concepto que ahora permite explicar, de manera teórica, comportamientos que están "fuera de la norma" en cuanto a expresión y ejercicio de la sexualidad de una forma diferente a la que estamos acostumbrados a concebir.

¿Y... servirá de algo?

Bueno, siempre es bueno trabajar con humor. Esta teoría, esta nueva forma de aproximarse a los hechos de manera flexible y abierta a la diferencia, es desde mi punto de vista, un chiste muy bueno, digno de ser contado y recontado hasta que se incorpore en nuestro lenguaje cotidiano.

Un discurso común, una práctica de vida, que no insista en clasificar, y peor aún calificar, a las personas en esto o aquello, me parece una aspiración digna de defender.

Estamos predispuestos, por la educación y la cultura que día a día construimos, a ver sólo extremos: bueno o malo, normal o raro. Imaginemos por un momento que vivimos en un mundo donde, a lo largo de la infinita extensión que llena los extremos de las cosas, pudiéramos distinguir la riquísima gama de elementos que la componen; ya no veríamos sólo normalidad y rareza, sino una enorme, interesante y estimulante, diversidad.

Falta mucho por reflexionar y teorizar aún. Falta mucho por difundir, pero sobre todo, nos falta voluntad para flexibilizarnos, para hacer un esfuerzo por salir de la cómoda postura donde todo está "ordenado" y donde es más fácil encasillar (a los otros y a nosotras) en moldes preestablecidos y excluir a todas y todos aquellos que no quepan en esos moldes, que arriesgarnos a cuestionar y transgredir eso que denominamos "normalidad".

La teoría queer es una herramienta para los y las estudiosas, que las ayudará sin duda a desorganizar lo normal. Usémosla nosotras, aunque no seamos ni teóricas ni académicas, como una herramienta para ser menos rígidos y pensar que lo diferente no es sinónimo de raro, sino de alternativo.

Cuidémonos de la normalidad, porque en nombre de la normalidad, el pensamiento único se impone. Hagamos como la academia, que a partir de un chiste está desarrollando, cada vez mejor, un cuerpo teórico para explicar y para entender mejor a todos aquellos que vivimos fuera de la norma, cualquiera que esta sea.

Elena Llaguno

Septiembre 2, 2004.

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