“SUNSHINE, ALERTA SOLAR”: LOS HUMANOS INFINITOS

 

Danny Boyle (nacido el 20 de octubre de 1956) es director de cine y productor nacido en Manchester, Inglaterra. Ha dirigido los filmes de culto “Shallow Grave” (1994), “Trainspotting” (1996), “A Life Less Ordinary” (Una vida menos ordinaria, 1997), “La playa” (2000), “28 días después” (2002), “Millions” (2004) y esta “Sunshine”, estrenada en México en el 2007.

 

Su carrera es sumamente interesante. Estudió en el Thornleigh Salesian College y en la Universidad de Gales, Bangor. Tras haber debutado en la compañía de teatro Joint Stock Theatre Company, Danny Boyle fue nombrado director artístico de la compañía Royal Court Theatre Upstairs (1982-85), y más tarde, director adjunto del Royal Court Theatre. Durante este periodo, montó espectáculos tales como "Victory" y "The Genius" de Howard Brenton, así como “Saved” de Edward Bond. Dirigió la trilogía “Bag of money trilogy”, y después hizo tres largometrajes, entre ellos “Shallow grave” (Pequeñas muertes entre amigos), por el que obtuvo el premio a la mejor realización en el Festival de San Sebastián, y el premio a la mejor película del festival Dinard y el premio Alexander Korda. También es reconocido por haber dirigido algunas producciones para la televisión británica que incluían el “Inspector Morse” y “Mr. Wroe’s Virgins”. Aunque reconocido en Inglaterra, su fama, a nivel internacional, surgió en 1996 con “Trainspotting”, película que es considerada un éxito histórico del cine británico.

 

La literatura inglesa de Ciencia Ficción, llega con más frecuencia a las cimas más destacadas del género (Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, podría ser el botón de muestra). Los actuales escritores de Ciencia Ficción estadounidenses, anteriormente a la vanguardia, se enfrascan en imaginarios imperios galácticos, escenarios post-atómicos y batallas interminables contra extraterrestres que son máscaras-metáfora de los nuevos villanos iraquíes. Aunque debo decir que las excepciones a la regla son importantes: los autores ciber-punk, los clásicos alternativos y los de “Ciencia Dura” aún sostienen el prestigio de ese país frente a los lectores.

 

En la Ciencia Ficción cinematográfica la situación es más nivelada. Nombres como Kubrick o Spielberg (Minority Report) equilibran la balanza (aun con los fracasos fílmicos como Solaris, la de Soderbergh y George Clooney). Con “Sunshine”, el inglés Danny Boyle suma su nombre al grupo de directores que generan buena Ciencia Ficción. En ese sentido, su film puede convertirse en el primer gran clásico fílmico del género del siglo XXI. Contiene elementos de ciencia ficción y cinematográficos que le pueden dar tal carácter. Uno de ellos es relativamente nuevo en la ciencia ficción en cine y los otros son aportaciones -visuales y argumentales- dentro de la mejor tradición, a la que, como suele decirse: hace homenaje a las mejores cintas del género, rememorando escenas, ambientes y situaciones. (el artista verdadero no plagia, toma lo que necesita).

 

El elemento novedoso en el cine de Ciencia Ficción, es que se trata de la primera cinta que tiene al Sol como eje central de la trama. Antes se ha viajado en pantalla a los planetas del Sistema Solar, galaxias alejadas, a civilizaciones perdidas (en la Tierra, planetas y galaxias), universos paralelos y hasta “al infinito y más allá”. También nos señala que por mucho que dominemos el concepto de “infinitud”, los seres humanos somos “finitos”. Nuestra estrella, El Sol, con toda su inmensidad, forma parte de ese universo finito. Bueno esto lo entenderán muy bien quienes dominen la matemática moderna. Nosotros los legos nos conformamos con saber que existe un universo infinito y que nuestras vidas comienzan y terminan. Finalmente este podría ser el contenido de la película. O uno de los contenidos importantes. Ya hemos dicho que, en el cine, todo es según el cristal con que se mira.

 

La anécdota gira alrededor de la expedición Icarus II que se dirige al Sol para arrojar una bomba atómica con material fisionable del tamaño de la isla de Manhatan. El Sol se enfría y la Tierra sufre las consecuencias de un cambio climático, congelamiento: vemos congelada la Bahía de Sydney, en Australia. La bomba en el Sol provocará un nano-bigbang que renovará sus procesos atómicos hacia el calentamiento, evitará que se convierta en gigante roja y que la humanidad desaparezca con el congelamiento de la Tierra.

 

En el viaje la tripulación de ocho miembros detecta señales de misión anterior, la Icarus I, y surge la discusión entre un posible rescate o seguir sin detenerse. El psicólogo de la nave, Searle (Cliff Curtis), sugiere que hay una razón objetiva para desviarse: se recupera la primera bomba y se obtienen dos oportunidades de renovar el Sol en lugar de una. Mace (Chris Evans) menciona que los riesgos son altos y es mejor seguir adelante. El capitán Kanada (Hiroyuki Sanada) sugiere dejar la decisión en manos de Robert Capa (Cillian Murphy), el físico de la misión y encargado de detonar la bomba. Finalmente la decisión recae en quien tiene el conocimiento científico de mayor rango: el Físico, que maneja una lógica puntual y pretendidamente “exacta”; Capa decide ir al encuentro de la Icarus I

 

A partir de ese momento se precipitan los acontecimientos. La Icarus II entra en problemas durante las maniobras manuales, pierde su jardín hidropónico y cinco paneles del escudo protector contra el Sol. Trey (Benedict Wong), causante de los problemas por un error de cálculo, entra en un proceso depresivo-suicida.

 

Al igual que otras cintas (no sólo de Ciencia Ficción), los tripulantes de la Icarus II son personajes abocetados más por sus funciones dramáticas en la trama y no tanto por sus propios rasgos psicológicos-existenciales. Sin embargo, en ese sentido, Sunshine sigue con la mejor tradición del género expresada en las tripulaciones. Aquí recordamos “Alien: el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1978) o “2010: el año que hacemos contacto” (Peter Hyams, 1982). Es decir, Boyle define a sus personajes por sus profesiones y especialidades y los sitúa en la trama; pero también invierte tiempo para dotarlos con suficientes rasgos adecuados para unirlos al espectador. El resultado es enriquecedor: nos envuelve en la trama y nos hace partícipes de la aventura.

 

Aunque el mayor cuidado al respecto se dedica al personaje del físico, Capa, eje de la trama, todos los personajes reciben suficiente atención en pantalla para mostrar la complejidad de las relaciones y ante los conflictos, en una metáfora de las relaciones humanas fácilmente comprensible, lo que vuelve la aventura cinematográfica muy disfrutable. Un ejemplo es Corazón (Michelle Yeoh), encargada de la zona hidropónica, a quién se dedica el descubrimiento de que la vida sigue a pesar de la catástrofe; otro es Kanada, el capitán de la nave, que a pesar de su breve presencia en pantalla deja huella en la memoria.

 

Hay que remarcar el punto de que, en la Ciencia Ficción literaria inglesa (y europea) a diferencia de la estadounidense, no sólo vemos una tripulación multiétnica sino de aspecto multinacional. No se trata de una épica donde los estadounidenses WASP, y sólo ellos, son los únicos capaces de enfrentar con éxito las amenazas del "espacio exterior". Este aspecto en pantalla, por sí mismo, es refrescante y está en línea con la mejor tradición del género: por ejemplo, la mencionada 2010 (Peter Hyams, 1982), film basado en la novela del inglés Sir Arthur C. Clarke, con sus tripulaciones rusa y estadounidense.

 

Esto ha permitido que Danny Boyle ponga toda su creatividad visual al servicio de unas imágenes del Sol que resultan impresionantes. Es la primera vez que en pantalla se recrea nuestra estrella en todo su esplendor. No sólo los personajes disfrutan del espectáculo de amarillos, naranjas y blancos en el observatorio solar del Icarus II, también nosotros. En el film, Boyle encuentra nuevas formas de expresión fílmica para el éxtasis que se produce en la relación ser humano-luz (Donde la luz esta presente en primer plano narrativo).

 

Esto es notorio en el manejo de los encuadres y la edición de las secuencias donde Boyle alterna grandes acercamientos a los ojos con imágenes solares, refulgentes escudos de protección de las Icarus I y II acopladas frente a zonas de oscuridad del resto de las naves. Ahora la innovación se centra en la manera de captar rostros y ojos por medio de nuevos ángulos, poderosos acercamientos y presencia en los diálogos de esta relación.

 

Este estilo de imágenes novedosas y edición se extiende al resto de la película y la historia. En primer lugar se puede citar todo el manejo visual de las Icarus vistas desde el espacio, donde se muestra un diseño actualizado de nave espacial, más emparentado con el “Ramjet Bussard” que muestra Carl Sagan en su serie Cosmos (capítulo VIII - "Viajes a través del espacio y del tiempo") que con el Proyecto Orión (mismos datos en Cosmos), que fue el primero en el que pensó Stanley Kubrick para “2001: odisea del espacio” y que desechó después.

 

En segundo lugar, los interiores de ambas naves: la II en pleno funcionamiento, la I atascada de “polvo” con sus respectivos jardines hidropónicos, el observatorio solar y otras zonas, establecen un contrapunto visual sobre el resultado de ambas misiones, que se va entreverando con el estado psicológico de los personajes.

 

En ese sentido otro de los grandes aciertos de Sunshine es que, a partir de los personajes, se dirige a un público adulto que gusta de la Ciencia Ficción. Remarca la madurez que siempre ha impulsado a la rama europea frente a la perenne “adolescencia” de su contraparte estadounidense ya que hace las clásicas preguntas (¿De donde venimos? ¿A dónde vamos?) Sin recurrir al lenguaje de la religión, lo que muestra una continuidad con posturas como las del escritor Arthur C. Clarke. Boyle lo hace evidente porque el enemigo de la misión del Icarus II no es un ángel (o "eloim", en otros contextos), un “alien” o una computadora enloquecida: nosotros somos nuestros propios oponentes. Y precisamente lo somos porque hay una concepción religiosa en juego que, por dogma, se opone a la solución científica: algo así como “mi dios es más poderoso que el tuyo” que se escucha en un diálogo hacia el final de la cinta precisamente en boca de los dos personajes más relevantes a nivel narrativo.

 

Después de la confrontación final entre ambos, se da quizás el momento más atractivo del film, cuando el espacio-tiempo, como lo conocemos, se anula por unos momentos en la pantalla. Es el momento de la epifanía o de éxtasis que atraviesa uno de los personajes y que la película comparte con nosotros como espectadores. En ese instante se logra una fusión entre ambos polos.

 

Cierto, no es la única cinta que lo ha logrado y a lo largo de Sunshine se perciben homenajes a otras cintas de Ciencia Ficción ya clásicas como 2001, 2010 y Solaris, por mencionar sólo tres. Pero los homenajes no distraen: Sunshine no es un catálogo de citas fílmicas. Es una cinta que, a partir de sus innovaciones, retoma lo mejor de la tradición clásica y construye una película vibrante, adulta, con un buen equilibrio entre drama humano y cósmico: sobrados elementos para ser el primer gran clásico del cine de Ciencia Ficción en el siglo XXI. El tiempo lo dirá.

 

Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún, Quintana Roo. México.

fernandezpr@hotmail.com

 

 

 

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