Casa de la Cultura de Cancún

"La Sucesión Adelantada" de Hugo Trejo Figueroa

El Instituto Quintanarroense de la Cultura a través de la Casa de la Cultura de Cancún, siguiendo con su tarea de comentar cada semana un libro, en esta ocasión presenta "La Sucesión Adelantada", Breve Historia de la formación de la clase política, de Hugo Trejo Figueroa, publicado en 1998.

Sobre este libro, el abogado, escritor y político Juan Castro Palacios señala con acierto que "Escrito a partir de un pormenorizado trabajo que originalmente se concibió para presentar su tesis profesional, Hugo Trejo Figueroa, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, logra -sin halagos ni diatribas- con ironía a veces pero siempre apegado a una realidad descarnada, desmenuzar los orígenes históricos de una incipiente clase política local, en formación todavía, que va de 1974 a 1999.

El título de la obra, distribuida en siete capítulos, nos remite invariablemente a las postrimerías del Territorio Federal, con anécdotas y reminiscencias de lo que hoy, más de tres décadas después, suena lejano y remoto, pero cuya influencia marcó -para siempre- la concepción nativa del poder. Sólo a partir de ese conocimiento histórico podemos entender el comportamiento, casi siempre salvaje, mezquino, irreflexivo, apasionado del zoo- político quintanarroense.

La política en Quintana Roo, afirma con razón sobrada Hugo Trejo, tiene el sello de la eventualidad y el oportunismo, más que el de la vocación. Con tino asienta en su obra: "... El hecho de participar en política está ligado a las ambiciones personales por ganar influencia pública y riqueza económica, así como a las relaciones familiares, de amistad y compadrazgo que imperan entre quienes buscan y detentan el poder".

Con un rigor científico impecable, Hugo Trejo, nos lleva a aceptar como válida su tesis al sostener que "Por mucho tiempo las mejores oportunidades de empleo, de progreso económico y de mejorar el estatus social, las ha brindado la administración gubernamental, en los niveles municipal, estatal y federal, ante la falta de alternativas para el desarrollo profesional que ha prevalecido en los diferentes sectores productivos de la entidad".

Con atinada razón, el periodista Leopoldo Creoglio escribió acerca de La Sucesión Adelantada: "…más que valiente el trabajo de Hugo Trejo parece temerario" y remata reconociendo que la obra presenta en voz alta y clara, sin interferencias una realidad de hombres y mujeres en plena actividad y con poderes más allá de los ejercidos por la humana naturaleza, acostumbrados más a la obviedad del adjetivo lisonjero que a la frialdad crítica…"

El íter moderno de la clase política doméstica está íntimamente ligado al cambio de régimen jurídico de la entidad que pasó de Territorio Federal a Estado Libre y Soberano, en 1974. Este acontecimiento relevante lo retoma con especial cuidado Hugo Trejo, ya que no podría entenderse el mapa político actual sin remitirnos a los puntos referenciados que de manera detallada nos exhibe el autor de la obra. Con sorpresa advertimos que muchos de esos "mojones" que delimitan el pasado reciente con el presente político de Quintana Roo todavía están ahí, usufructuando o pretendiendo hacerlo, el poder público. Jesús Martínez Ross es quizá el ejemplo más claro de ello.

En ocasiones pareciera que la clase política local no envejece, porque los nombres de los protagonistas se repiten a lo largo y ancho de un recorrido histórico de más de treinta años. Da la impresión de que los detentadores del poder público en Quintana Roo cambian de playeras, mutan de partidos, adecuan sus discursos, pero no se renuevan, en el fondo siguen siendo lo que fueron desde su origen: políticos sin vocación, más movidos por el oportunismo que por la convicción real de principios ideológicos. La oposición actual está anegada de personajes de esta naturaleza, algunos no se van, permanecen en sus filas y son los que más daño le causan a la sociedad. Los que se van demuestran por lo menos congruencia y sinceridad, son lo que siempre han sido y terminan por reconocerlo, los que se quedan nunca se quitan el antifaz.

Hugo Trejo consigna una frase lapidaria que desgraciadamente define muy bien lo que para muchos pudiera causarles escozor: "vivir de la política y no para la política fue el aprendizaje mayor que la clase gobernante adquirió de los gobiernos que les enviaba la Presidencia de la República". Comprender que Margarito Ramírez, gobernador durante los años aciagos del Territorio Federal, no fue el único que saqueó las arcas públicas, nos causa hoy indignación. En pocas palabras, al leer la obra en comento, de principio a fin, pareciera que vivimos condenados por la sombra del pasado.

Pero el autor nos habla también de una nueva clase política, incipiente que va ganando terreno y que está tratando de escalar mejores posiciones en la administración gubernamental. No obstante, Hugo Trejo no deja de criticar – con acierto- el fallido intento del entonces gobernador Mario Villanueva por impulsar a un grupo de muchachos (así los llama él) recordados con el mote de los garbanzos, que aún con sus apellidos ilustres (Guillermo Vásquez Handall, Sergio Pérez Erales, José Chelín Pulido, Gerardo Amaro) pasaron por la administración pública con más pena que gloria. La figura de otro joven, cozumeleño, recién egresado del Tecnológico de Monterrey, es motivo de un comentario esperanzador por parte de Trejo Figueroa. Pero lejos estaba de imaginar el autor, en 1999, el papel tan importante que seis años más tarde jugaría Félix González Canto.

Paradójicamente, el título que define al libro de Hugo Trejo, es decir el tema de la sucesión gubernamental en 1999, no es el que tiene mayor peso sobre los otros seis capítulos. Interesante, eso sí, pero no menos que el resto del contenido del libro. El valor real de la obra -inmenso en cuanto a su aporte histórico- es precisamente su generalidad pero a la vez su especial cuidado en los personajes y los hechos más destacados que han venido delineando el perfil de un gran estado que sociológicamente hablando nació con el trauma de la desmembración política y la indiferencia del poder central.

Quintana Roo fue durante décadas botín de aventureros y saqueadores, pero hoy una nueva generación de políticos tendrá que imponerse a ese lánguido pasado y demostrar que el estigma de su nacimiento como entidad libre y soberana, no le persigue. Demostrar la vocación de servicio y el interés legítimo por las causas más nobles de la sociedad quintanarroense son el reto de quienes hoy detentan el poder público. El libro de Hugo Trejo es una lectura obligada y un eterno llamado para quienes se adentran en la espesa jungla de la política local. Quien no conoce el pasado está condenado irremediablemente a cometer los mismos errores", concluye el licenciado Juan Castro Palacios, para El Libro de la Semana.

 

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