SOY CIEGO PERO CONDUJE UNA CUATRIMOTO

El día jueves 12 de enero de este año, mi esposa y yo nos encontrábamos vacacionando en la ciudad capital del estado de Arizona en Estados Unidos de América y al visitar a un primo hermano que radica en esa ciudad, las remembranzas de otros tiempos no se hicieron esperar.

Yo le comenté que sus padres cuando yo era niño, me obsequiaron mi primera y única bicicleta que más bien era un triciclo pues a los lados de la rueda trasera había 2 pequeñas rueditas que conservaban el balance de aquél juguete.

Sin embargo, para mí el tenerlo era un acontecimiento pues podía yo siendo ciego, conducirlo a mi antojo. Y aquí en este punto debo aclarar que yo tenía una escasa visión que me permitía conocer los colores del juguete y también podía yo ver objetos como árboles y la estructura de las casas aunque no podía ver los detalles.

Fue mi juguete preferido por algunos años hasta que el constante uso, lo deterioraron y mi juguetito bicicletero quedó convertido en un dulce recuerdo de mi infancia.

Mi primo escuchaba fascinado mi relato infantil y lo escuchaba con regocijo pues a la fecha su padre ya pasó a mejor vida; la madre de él es la hermana de mi papá.

Mi primo se quedó pensativo unos segundos y de repente me hizo una propuesta temeraria. Sus palabras fueron Estas:

-Ya que mis padres te hicieron ese regalo infantil, ¿qué te parece si yo te ofrezco un paseo en una de mis motos conduciendo tú mismo?

Yo lo pensé sólo un momento y luego lleno de confianza le dije:

-Primo si tú crees que siendo yo ahora totalmente ciego podría conducir bajo tu supervisión, pues acepto de mil amores.

Mi esposa Juanita que estaba en ese momento a mi lado izquierdo, estuvo de acuerdo conmigo aunque no tuve necesidad de consultarlo con ella pues ella al ver mi entusiasmo retratado en mi rostro, supo que la aventura sería fantástica y sabiendo lo audaz que soy no tuvo dudas de que todo sería un éxito.

Solo hubo que esperar unos cuántos días para partir hacia un lugar arenoso desértico donde realizaríamos lo ya expuesto.

Mi primo tiene una casa móvil y en su camioneta su familia y nosotros nos trasladamos junto con su casa móvil hasta ese lugar de ensueños para mí. 4 horas de carretera nos pusieron en las inmediaciones de ese fantástico lugar donde iniciaría yo mi aventura motorizada.

Esa noche solo acampamos y las mujeres prepararon una cena deliciosa y otro día muy temprano él me explicó cómo poner en marcha mi vehículo y dónde estaba la palanca del freno y dónde la palanca de la gasolina y cómo ponerla en marcha y cómo apagar el motor.

Yo fui tanteando con mis dedos y con todo el cuerpo ese juguete de desarrollo adulto que iba a soportar mis 100 kilos de peso.

Luego cuando teóricamente ya sabía lo que tenía que hacer en esa moto que parecía mansa, puse el pie en el estribo y ya montado totalmente en ella, procedí a empujar el pequeño botón que la pondría en marcha.

Yo sentí las vibraciones de ese motor que parecía tan manso y un cúmulo de emociones llenaron mi alma.

Luego moví un poco los manubrios para estar seguro de su consistencia y finalmente ya decidido, la obligué a avanzar un poquito pues quería saber lo que se sentía al dar vuelta o sea girar sin que nadie lo hiciera por mí.

Mi primo me dijo:

-Espera no puedes ir a ningún lado sin que antes te coloques el casco de protección.

Dios mío, había olvidado que los motociclistas por precaución llevan puesto un casco que hasta ese momento no tenía yo ni la más remota idea de cómo era pues solo lo conocía de oídas.

Pronto me puso mi primo un casco entre las manos y ahí supe que el dichoso casco me privaría un poco de mi percepción auditiva pues mis orejas quedarían prisioneras de ese adminículo.

Pero no me quise amilanar y acepté ponerme el casco aunque una idea salvadora me cruzó por mi mente fértil y de repente le dije:

-Primo, si tuvieras unos de esos radios para comunicarnos, creo que sería la solución para que me hagas las indicaciones de cuándo girar o, de que debo frenar o, acelerar.

Él se entusiasmó con la idea e inmediatamente trajo 2 radiecitos que al encenderlos emitieron unos sonidos como los radios de la policía.

Acto seguido, me colgó uno de esos aparatejos muy cerca de mi boca, para que por ahí hablara sin distraerme las manos.

Su voz me llegaba más cercana pues el casco no me dejaba escuchar tan bien como yo hubiera querido.

Luego él se puso delante de mí en su propia moto y fuimos acelerando poco a poco y yo sentía mil emociones pues sentía la vibración de mi moto entre las piernas y era como sentir el cuerpo de un brioso corcel. Parecía mi moto un caballo joven y dispuesto a correr la gran aventura.

Me sentía en las nubes pero el paseo duró poco pues solo era para que yo me identificara con la moto y conociera un poco el terreno por el que al día siguiente iba a rodar, por cierto las ruedas o llantas de mi moto son especialmente para correr en la arena.

Luego él me dijo:

-Mañana vendrá mi compadre y su familia y esta aventura será aún más divertida.

Yo bajé de mi juguete motorizado y de repente recordé que no había comido y minutos después nos dedicamos a consumir ricos, deliciosos y nutritivos alimentos que regados con helada cerveza hicieron la delicia de nuestros hambrientos estómagos.

Esa noche hicieron su aparición los compadres de mi primo y otra pareja que les acompañaba y la fiesta tomó forma.

El compadre de mi primo es bastante divertido y ya estaba enterado de mi pretensión de pasear en moto y también a él le entusiasmó la idea.

Mi primo nos comentó que al poco rato de verme montar la moto por primera vez, quiso él mismo saber qué se siente conducir siendo ciego y al ir conduciendo su moto y percatarse de que no había peligro a la vista cerró los ojos unos segundos que para él fueron horas y sin poder aguantar la ansiedad los abrió repentinamente sabiendo que todo estaba bien pero la incertidumbre que sintió teniendo los ojos cerrados lo hizo pensar que yo tendría que estar loco para haber aceptado la propuesta de pasear en su moto siendo yo totalmente ciego.

Su admiración y respeto se pusieron de manifiesto y se felicitó el mismo al tener tan brillante y temeraria idea.

Luego al día siguiente, después de almorzar de manera opípara, nos dirigimos cada quién a nuestras respectivas motos y tuve en ese momento una idea genial.

Le dije a mi primo:

-¿sabes qué? Quiero que tu compadre se coloque delante de mí un poco a mi derecha y tú delante de mí a mi izquierda y yo viajaré entre los 2 detrás de ustedes y ustedes harán que sus motores emitan los sonidos que me servirán de guía para que yo confiadamente pueda recorrer esos metros de arena sin ningún peligro.

Todo resultó a pedir de boca y nos lanzamos a la intrépida aventura motoril.

Fue ahí cuando pude desarrollar una velocidad inconstante de hasta 20 kilómetros por hora pues la razón que era inconstante fue porque de repente ya no escuchaba la moto de mi primo y temiendo estamparme con él, reducía yo la velocidad hasta que nuevamente lo escuchaba por delante de mí.

Olvidaba decir que antes de partir, Juanita, me tomó algunas fotos de cuando estaba colocándome el casco de seguridad; y la esposa de mi primo me tomó video para conservar para siempre el recuerdo de esa magnífica aventura inolvidable para mí.

El peligro apareció de pronto cuando mi primo se percató de que varias motos que manejaban otros vacacionistas se dirigían hacia nosotros y no sabiendo ellos que uno de los motorizados es ciego, no me cuidarían y mi primo les hizo señas frenéticas pero se acercaban cada vez más y más de forma peligrosa y ya desesperado, detuvo su moto sin advertirme que iba a parar y cuando me gritó: "¡detente, párate!", ya era un poco tarde pues frené en el último momento y la llanta de mi moto quedó encimada en la llanta trasera de su moto.

Él quedó asombrado y me dijo:

-Si nos hubiéramos propuesto que las motos quedaran así encimadas, no lo hubiéramos logrado.

La aventura fue maravillosa.

Ustedes que me leen nunca renuncien a una aventura que sea emocionante como esta aunque sí que deben tomar todas las precauciones del caso.

Arturo Gallegos.

Chicago, Ilinois, USA.

llillo@asmodean.net

 

 

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