SOL DE OTOÑO

Por Purificación Águila.

Ella se quedó sentada, inmóvil con las manos sobre el teclado, luego con su mano derecha tocó su mentón, cerró los ojos para quedarse con las manos entrelazadas, después de algunos minutos las puso sobre sus rodillas, inclinó la cabeza como queriendo encerrarse más en si misma. Todas esas sensaciones que en ese momento recorrían su cuerpo de forma tan vertiginosa, no había soñado siquiera que eso le podría ocurrir alguna vez.

Volvió a leer lo que se había ido guardando en la pantalla del ordenador, todavía estaban ahí esas palabras escritas con tanto amor, esas letras que la hacían vibrar, esas palabras que habían ido despertando en ella tantas emociones dormidas, siempre había esperado encontrar a alguien que la tratase de esa forma tan sincera, con tanto cariño, sentía que el amor había llegado a su corazón.

¿De verdad estaba enamorada? ¿Cómo enamorarse de alguien sin conocerlo?

Y como no hacerlo si le entregaba lo que ella tanto tiempo había esperado, la hacía sentir mujer, la halagaba, resaltaba de ella sus valores, la motivaba a desarrollar sus potencialidades.

Había vivido para servir a los demás, eso la hacía feliz, pero le faltaba su realización personal, ¿porqué no la entendieron si ella tantas veces lo dijo y pidió que la entendieran? Te amo, te amo, seguían sonando en sus oídos esas palabras, se parecían tanto y vibraban con las mismas cosas, sentía pena y alegría a la vez. Volvió a releer lo que estaba en el messenger, dio gracias a la tecnología que le permitía estar en contacto con ese ser que la amaba y que ella también sentía lo mismo por él.

Apagó el computador, se quitó los fonos, se quedó mirando la pantalla sin verla, todo su ser estaba en otro lugar, alzó sus dos manos hasta su rostro cubriendo sus ojos, después las deslizó suavemente por sus mejillas como queriendo descorrer esa cortina que la separaba de la realidad. Acomodó sus cabellos, de esa misma forma le gustaría ordenar sus ideas. Luego con pasos decididos se encaminó hasta la sala de baño, lavó sus dientes, revisó que todo estuviese en orden y en silencio se dirigió hasta el dormitorio, como una sombra se deslizó suavemente, quitó sus ropas, se puso su camisón y sigilosa se metió en la cama.

Una y otra vez cerró y abrió los ojos, con delicadeza abrazó su almohada y pensó: ¡humm, si estuviese aquí!

La luz del sol acariciando su rostro la despertó, esa mañana saldría al parque, quería registrar en su pequeña grabadora el ambiente de ese lugar para contarle a su amado que la alegría del parque adornada y engalanada por los cantos melodiosos de los pájaros, señalaban la llegada de la primavera.

El aire frío golpeó su rostro, alzó su cabeza y los rayos del sol fueron como una caricia. Cerró los ojos mientras jugando con su imaginación pensó: ay, si estuviese aquí.

Su corazón saltó de improviso cuando una mano se posó en su hombro. ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿Será posible? ¿Estaré soñando? ¡No puede ser! Lágrimas de emoción subieron a sus ojos, tanto que lo había deseado, pero eran tantas las distancias. Se volvió lentamente casi sin darse cuenta, pero esa voz que le hablaba no era esa dulce voz que llevaba registrada en su corazón, ¿por qué no me dijiste que vendrías hasta aquí para acompañarte? Exclamó esa ronca voz. Déjame tranquila, quiero pasear sola, necesito ordenar mis ideas, dijo esto como una forma de librarse de esa compañía que no era la que ella esperaba. Porque desde hace algún tiempo ya no está sola, ese alguien está dentro de ella y le gusta sentirlo mientras recuerda sus palabras de amor.

Este amor vino a reemplazar tantos años vacíos de contenido, pues ella soñaba con una vida, llena de ilusiones, pero, se encontró con un cúmulo de impedimentos, que poco a poco, fueron minando sus inquietudes, y su alma, tan sensible, se fue acostumbrando a la indiferencia, de quien compartía su vida, a él, todo le parecían sueños absurdos, imposibles de realizar, pues lo único tangible era el día a día, el trabajo, la familia, y todo lo demás, estaba vedado para una mujer, cuyas obligaciones se ciñeron desde el primer día de su matrimonio, a cumplir con sus deberes de esposa y ama de casa.

Ella, había dejado atrás, una adolescencia triste, y reprimida, transcurrida en el colegio de monjas, donde todo era pecado, todo era deprimente, para una mujer, que soñaba con su príncipe azul, separada de su entorno familiar, durante el curso escolar.

Esta situación, se repitió año tras año, hasta que, finalizados sus estudios, ella deseaba un porvenir risueño, lleno de realidades que hasta entonces, no se habían podido cumplir.

Mas, ¡ay! Su alma de mujer, se vio sorprendida por la ingenuidad, y se precipitó, dejándose envolver, por las palabras amables, de un enamorado, que era tan honesto... tan gentil... ella creía que correspondiendo a su amor, iba a realizar todos sus sueños de mujer, le amaría, sería para él, su hada madrina, que con su varita mágica, convertiría en algo muy hermoso, la rutina de la vida diaria. Pero no fue así, él fue creciendo en sus convicciones de vivir siempre pegado a la tierra, sin más luz que la que da el sol.

Ella se iba adaptando a la monotonía del día gris y nublado en que se estaba convirtiendo su vida. Desde hacía muchos años, la vida iba transcurriendo, entre el trabajo, y el ocio programado por los demás, que en su egoísmo, no miraban más que por su conveniencia, llegaron los hijos, y ella, se vio compensada, en gran parte de sus males, pero el sacrificio, fue cada vez mayor, pues tuvo que renunciar a su trabajo, su obligación era atender a los suyos, pues para eso se había casado. No podía irse al cine, ni al teatro, y las excursiones, se limitaban al gusto de su esposo, y a las necesidades de los niños, que vieron que su madre era la criada para todos, y en cierto modo, iban aprendiendo que las mujeres, son inferiores a los hombres, en sus libertades, y en su radio de acción.

Todos los veranos, iban de vacaciones, al pueblito, donde los abuelos tenían una casa, muy hermosa, en pleno campo, allí los niños se familiarizaron con la naturaleza, había animales, domésticos, perros, gatos, gallinas, ovejas, corderos; aquél ambiente, era relajante y servía a la mujer, como un revulsivo para cargar las pilas que durante todo el año, se habían descargado, de tanto trabajo incansable, ella, se había ganado las vacaciones, que le servían para evadirse de sus problemas, y rehacer un poco, lo que los demás deshacían, con sus imposiciones. Pero aquellas vacaciones, eran relativas, pues había que trabajar en la limpieza de la casa, el cuidado de los niños, la comida, y todo; mientras el marido y los demás descansaban y esperaban que todo estuviera a punto.

Poco a poco, fueron transcurriendo los años, los hijos se hicieron mayores, los viejos se fueron muriendo, y poco a poco, la juventud, tan mal empleada, se fue marchitando como una flor. La vida seguía, el tiempo pasaba, y ella veía apagarse la luz, un día tras otro. "Esto no puede seguir así, se dijo" y se propuso recuperar el tiempo perdido, para que la recta final de su vida, tuviera otro sentido, distinto al que había tenido hasta entonces.

Y aprovechaba su tiempo libre, para realizar todo lo que le habían vedado las circunstancias y las personas, y, empezó a ir por su cuenta, a las actividades que más le gustaba hacer, las que en su juventud, le hicieron tan feliz.

Su marido no veía bien esta libertad, las mujeres se estaban revelando contra el orden establecido, desde hacía tantos siglos.

Ella fue a clase de informática, y aprendió, lo justo para manejar el ordenador. Se dijo: "si no aprendo esto, dentro de poco, seré una analfabeta" y así fue como tuvo su ordenador, fue practicando, y al fin... pudo navegar en internet.

Y así conoció el gran amor de su vida; todos los días hablaban a través del messenger, él, la amaba, la comprendía, era su punto de apoyo para vencer todas las dificultades; pero la distancia los separaba, aunque ellos habían decidido conocerse y comprobar si aquel amor virtual, era una realidad. En el otoño de su vida, serían felices, y recuperarían el tiempo perdido, y el amor malgastado, que entregaron a quien no supo ni quiso valorarlo.

ENCUENTRO

Habían tantas distancias, mares, tierras, montes, cordilleras, fronteras que cruzar; había que soltar amarras, despojarse de las cadenas que por tanto tiempo los habían esclavizado, era casi imposible poder hacerlo, no podría ser, eso era tan sólo un sueño, esa idea de encontrarse nació de un impulso, además cómo saber si lo que él le decía era real, cómo podía amarle si ni siquiera le había visto nunca, tampoco le había escuchado, tan sólo había leído lo que ella escribía.

No, no debo ir, si por tanto tiempo he estado así, debe ser sólo un mal sueño, esto ocurre sólo en las películas, él debe querer hacer una aventura más, no, no, creo que desistiré, esto no puede ser. Pero lo amo, siento que lo amo, ¡ay! Que confusión, el tan sólo pensar en el me pone alegre, desde que me escribe mi vida ha cambiado, a quién le hago daño, si lo que siento por el es un amor tan puro, ¡oh! Qué hacer.

Se acomodó en la silla y retiró lentamente sus manos del teclado, cerró sus ojos y suspiró. Lentamente se acercó a la ventana, eran ya las doce y diez de la noche, la calle estaba desierta, desde allí podía ver el parque y las luces, siempre le gustaba hacerlo, eso de contemplar la tranquilidad de la noche la aquietaba, pero esta vez no se detuvo en eso, levantó la vista y buscó la luna, ese era el vehículo que ocupaba para enviarle amor a su amado, la luna la contemplaba como lo hacen siempre los enamorados que a través de ella envían sus mensajes de amor. Le pareció que la luna se detenía al espera que ella le dijese el mensaje que debía llevar y que en pocas horas más entregaría a ese enamorado que estaba esperando que a través de esos tenues rayos de luz encendieran su corazón.

No, no eso no es posible, tampoco es verdad, me estoy engañando, nada es verdad, la luna no lleva mensajes, él no puede estar enamorado de mí, yo tampoco lo debo estar, todo esto es un juego, no debo seguir pensando en esto se dijo, mientras se dirigía a apagar el ordenador, pretendiendo de esa forma poner fin a todo. Lo hizo de forma automática, se quedó mirando cómo la pantalla del ordenador se apagaba, cerró los ojos y los abrió repetidas veces como queriendo despertar de ese sueño que en estos momentos le parecía una pesadilla.

Se encaminó al cuarto de baño a lavar sus dientes antes de ir a dormir, pasó su mano derecha por la parte posterior de su cuello, en un gesto de querer desprenderse de ese algo que llevaba sobre sus hombros. Después de enjuagar su boca, bebió unos sorbos cortos de agua, apagó las luces y se dirigió al dormitorio. Se sentía libre, pensó esto lo puedo dejar de lado y seguir con mi vida, no le volveré a escribir y asunto terminado. Se acomodó en su almohada y fue en ese momento cuando sintió que unas lágrimas escapaban de sus ojos, le pareció que el corazón se rompía, las lágrimas tibias corrían por sus mejillas, no, no, no lo puedo hacer lo amo, lo amo y siento que él me ama, al parecer estoy loca, pero es tan hermoso saber que alguien me ama y que yo le puedo amar, creo que sí estoy loca, pero loca de amor.

Al día siguiente cuando despertó aún tenía la sonrisa en sus labios, esa sonrisa que le había acompañado durante toda la noche. Sin abrir los ojos repitió mentalmente esa canción que hicieran juntos "buenos días amor, cómo estás, quisiera despertarme junto a tu almohada y besar tu boca en la madrugada, buenos días amor cómo estás" Luego abrazó su almohada y la besó como si fuesen los labios de su amado, su corazón dio un brinco, volvió a sonreír, abrió los ojos y suspiró.

Ella se preguntaba, ¿cómo y cuándo se conocerían personalmente? ¿Qué pretexto inventarían para hacer el viaje que les ofreciera esa magnífica oportunidad?

Y un día y otro, seguían hablando por el Messenger; haciendo hermosos proyectos, para cuando estuvieran juntos... Y como el amor es capaz de superar todas las barreras, se pusieron de acuerdo para planificar el viaje, que les haría culminar todos sus deseos.

Ella iría a casa de una amiga, que había conocido en internet, y la había invitado a pasar unos días en su país. El, pretextaría un viaje por razones de trabajo, que la empresa le había encomendado.

Y así, pasaron los días, se fueron concretando sus proyectos, y llegó el momento tan ansiado de realizarlos. Acordaron viajar a una ciudad donde nadie les conociera, de un país distinto al suyo... y cruzaron los mares y las tierras que les separaban, y llegaron, cada cual por su lado al aeropuerto de la ciudad que sería su nido de amor.

Ella arribó unas horas antes, desde el aeropuerto, tomó un taxi, que la llevó al hotel. Allí se instaló, en espera de su amado; aprovechó ese lapsus de tiempo para descansar de tan largo viaje. Cuando calculó que él iba a llegar, se arregló, se perfumó, y se dispuso a bajar a la recepción del hotel, pues no tenía paciencia para esperar en su habitación. Él la había llamado desde el aeropuerto, para decirle que ya estaba en camino, hacia el hotel. Desde esta llamada, su corazón latía apresuradamente, estaba inquieta, sin saber lo que hacía, y sin poder concentrarse en nada.

En la recepción, se instaló en un sofá semioculto por unas vistosas plantas y esperó la llegada del hombre amado. Impaciente, miraba su reloj, los minutos le parecían siglos... Pero, al fin... se abrió la portezuela de un taxi, frente al hotel, y descendió un hombre apuesto, que, tras recoger, su maleta, y tomar su bolsa de mano, franqueó la entrada, y llegó al mostrador de la recepción, preguntando si estaba alojada la señora en la habitación que habían reservado a nombre de Pablo Alarcón, mientras ella, había ido hacia donde él estaba, y poniéndole una mano en el hombro, le dijo...¿tú eres Pablo, verdad? El se volvió, lentamente, se miraron a los ojos, y sin poder contenerse se fundieron en un inmenso abrazo, ajenos a las miradas del recepcionista, que, al cabo de un rato, indicó al mozo que esperaba para llevar la maleta a la habitación; "acompaña a los señores, a la 224". Y ellos le siguieron tomados de la mano, esbozando una sonrisa de felicidad.

Tras despedir al mozo, con una propina, la puerta se cerró, y quedaron solos, frente a frente. No podían hablar, eran tantas las emociones que les embargaban... que solo musitaban palabras a medias, y sonreían, se acariciaban como si no creyeran posible tanta dicha.

Luego se besaron, al principio con timidez, pero sin pensarlo, sus bocas se unieron, sus lenguas se enredaron, como si quisieran succionarse hasta el alma. Entre besos y caricias, se despojaron lentamente, de sus vestidos, se tendieron sobre la cama... y fundidos en un abrazo sin fin, se acariciaron mutuamente sus cuerpos, con sus manos, y sus labios; hasta que él, la penetró, con su miembro erecto, hasta llegar al fondo de su destino. Entonces los invadieron inmensas oleadas de placer, que les llevaron a culminar, entre grandes jadeos y suspiros, aquel amor, tan dulce y hermoso. Al fin, quedaron inmersos en un mundo de placer, del que no querían regresar; luego, satisfechos y exhaustos, se quedaron dormidos, juntos, muy juntos.

Y así pasaron la noche más hermosa de su vida; entregando su mutuo amor, una y otra vez. Al fin, habían realizado sus sueños; estar juntos, era su meta, desde que se conocían, virtualmente, pero ahora todo era distinto; se acariciaban, se tomaban de la mano, salían a pasear, por aquella linda ciudad, que era su refugio, donde nadie les conocía. Los días siguientes, fueron para ellos, como una luna de miel. Transcurrieron muy rápidos, pues el tiempo volaba, para ellos los días pasaban como segundos, pues eran tan felices...

Fueron a ver los monumentos, museos, parques, tiendas, paseos, edificios más emblemáticos... todo lo recorrían tomados de la mano, y de vez en cuando, se paraban sonreían, y se besaban como dos adolescentes, que mostraban su amor, a los cuatro vientos, sin importarles las miradas curiosas de los transeúntes, ellos eran dichosos, lo mismo en días radiantes, que en medio de una tempestad, el mundo desaparecía, de su entorno, ellos solos eran su propio mundo; una noche, salieron a pasear, y de pronto se les vino encima una lluvia torrencial, que envolvió toda la ciudad.

El ruido fue ensordecedor, el suelo se estremeció como si la tierra temblase. Esas dos manos se buscaron y entrelazaron sus dedos, con ternura, sin prestar mayor atención a esa tormenta que se venía encima. La luz de un relámpago iluminó sus rostros, estaban pegados uno al otro, mirándose, con una suave sonrisa en los labios y los ojos brillando más que esos rayos que surcaban el cielo. Apenas protegidos por un toldo proveniente de las casas que estaban a sus espaldas, ellos miraban el cielo y como recibiendo una orden sus labios se buscaron para unirse en un dulce y apasionado beso. La tormenta que crecía era para ellos como fuegos de artificio que celebraban ese acontecimiento tan natural y grandioso que es la llegada del amor a esos dos corazones que vibraban y eran capaces de hacer ver pequeños a esos efectos naturales que en otro momento les habrían asustado. La lluvia se descolgó de las nubes para estar más cerca de ellos. La tormenta se inclinaba ante sus pies como un lacayo que reconoce a su monarca, aunque esté disfrazado de invisible, lo reconoció en la mirada de esos enamorados. Las nubes seguían rugiendo y dejándose segmentar en pequeñas gotas como la culminación de una tarea para regresar a la tierra que le acogerá para fundirse en ella como lo hacían esos dos que ahora sonreían mientras el agua les mojaba el rostro. Ella suavemente dijo: está lloviendo, él sonrió y contestó: ¡sí! Como si antes no se hubiesen dado cuenta del fenómeno que estaba recorriendo los cielos de la ciudad.

Avanzaron uno pegado al otro como dos niños que juegan a esquivar las gotas de lluvia, sonreían y juntaban sus cabezas. Nos mojaremos dijo ella, él rió la tomó de la mano y juntos entraron a un pequeño bar, de rústicas mesas, taburetes altos, estaba todo desordenado, se sentía frío el lugar, una muchacha que atendía les quedó mirando era extraño que dos personas como ellos llegaran a ese lugar, qué tienen para servirse aquí preguntaron, la muchacha que atendía dijo, bueno, ¡hay panchos! ¿Qué es eso? El se apresuró a explicar, es un pan con salchichas, se miraron sonrientes y dijeron, eso está bien, ¡dos panchos y una cerveza grande!

La muchacha les observaba cómo comían, y bebían, sin dejar de sonreír, no entendía cómo podían hacer algo así, ellos se miraban, comían, hacían chocar las copas para brindar por algo que no decían con palabras, pero que no hacían falta, el amor se les salía por los poros.

Cuando abandonaron ese lugar la muchacha que les atendió sonreía y el frío había desaparecido, era como que todo estaba diferente, la luz era más fuerte, el desvencijado lugar parecía haber cobrado vida, a fuera ya no llovía, la tormenta se había retirado dejando su huella sobre la calzada para contribuir con la brillantez de esa noche, todo relucía, las luces de los vehículos en el suelo mojado, las calles estaban desiertas, nadie vio la luz que brotaba de esos dos corazones que todo lo cambiaban y que ellos mismos cambiarían para siempre.

Los días siguientes, fueron espléndidos y radiantes, como el amor que inundaba aquellos dos corazones. Transcurrieron sin que ellos lo advirtieran, y llegó el día tan temido de la despedida; aquellas almas gemelas, se sintieron desoladas, tristes, rotas por lo que era inevitable. La separación inminente, el final de su luna de miel; pasaron la última noche, juntos, como las otras noches... pero fue distinto, hubo momentos de angustia y desesperación, con sus besos y caricias, se mezclaron abundantes lágrimas, era como el final de su vida.

Pero entre promesas, de amor, se fueron calmando. Al día siguiente, vivieron juntos todos los momentos, que les quedaban, y al fin... en el aeropuerto de aquella hermosa ciudad, anunciaron por megafonía, la partida del vuelo que ella tomaría para regresar a su país; él, la tomó entre sus brazos, y le prodigó palabras cariñosas, y le dijo: "cuídate, mi amor... te amo, y nunca te olvidaré." Ella no pudo pronunciar palabra, pues el llanto le subió a la garganta, y se vio invadida por una congoja infinita. Al fin se separaron, y él quedó solo, en espera de la salida del avión que le trasladaría a su lugar de origen.

Y ahora siguen manteniendo su relación virtual, en espera de una próxima ocasión para encontrarse; es su meta, y su deseo, más que antes, pues la realidad, superó con mucho, la ficción; y sus almas siguen unidas, cada vez más, y más.

Puri Águila.

 

 

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