MÉXICO Y RUSIA
Reencuentro en la
Cuenca del Pacífico
Por Luis Gutiérrez Esparza
MOSCÚ, Rusia.- Una inédita cooperación militar, la próxima visita del
Presidente Vicente Fox, la posibilidad de llevar a cabo proyectos conjuntos en Siberia y el Lejano Oriente ruso, que incluye la explotación de gas emulsificado; y un diferendo --que debe ser resuelto antes de que se encone-- sobre el reconocimiento mexicano a la economía de mercado rusa, son cuatro de los factores fundamentales en las renovadas y reactivadas relaciones entre México y Rusia, que han rebasado ya los 100 años de existencia.
Tarde calurosa en Moscú: 22 grados a la sombra, con un alto grado de humedad que aporta el río Moskvá. La mole del edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores -uno entre cuatro gemelos colosales construidos durante el estalinismo; los otros tres son el edificio central de la Universidad Estatal Mijail Lomonosov, el Ministerio de la Defensa y el Hotel Ucrania--, ofrece el refugio del aire acondicionado. Agosto es, en Rusia como en toda Europa, un mes de ausencias, de vacaciones, de dolce far niente. Casi todos se han ido, a las dachas -casas de campo suburbanas- o a los más conocidos destinos turísticos, de preferencia de playa, salvo quienes deben atender a visitantes climática y calendáricamente desorientados, como el enviado de Excelsior.
Igor I. Ezhov, subdirector del Departamento Latinoamericano del Ministerio de Relaciones Exteriores, es el funcionario del más alto nivel presente aún dentro del intrincado panal de este complejo donde alguna vez despacharon figuras legendarias, como Vyacheslav M. Molotov -un bolchevique de la vieja guardia- o Andrei A. Gromyko, el canciller impasible de la guerra fría.
La importancia geopolítica y económica de América Latina, que se viene acentuando durante los últimos años, aceleró un proceso de reinserción y nuevos acercamientos en el gobierno de la Federación de Rusia, por decisión expresa del presidente Vladimir Putin. "Durante los tiempos de la transición se perdió buena parte del capital político acumulado durante el régimen soviético", reflexiona Ezhov.
El diálogo político, económico, social, humanitario, se ha reactivado en buena medida. Una prueba de ello fue la reciente visita del presidente Putin a México, primera de un jefe de Estado ruso al territorio continental latinoamericano. Rusia está activa tanto en el ámbito bilateral como en el regional, con la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Río; o subregional, con el Mercosur.
América Latina, a fin de cuentas, es "un vector fundamental de la política exterior rusa; y tiene cada vez mayor importancia como factor independiente, con peso específico propio, en el equilibrio internacional", evalúa el funcionario. "Queremos y buscamos una presencia más activa y productiva". Para ello no bastan las buenas intenciones: aún pesa el lastre de unos vínculos económicos que, en el caso de México, de ninguna manera corresponden a las posibilidades y capacidades de ambas partes; y lo mismo puede aplicarse, en mayor o menor medida, a Latinoamérica en su conjunto. La voluntad política no parece un problema; podría decirse que nunca lo ha sido. Falta el disparador, cuya clave tienen, en buena medida, los empresarios.
Con México ha transcurrido más de un siglo de relaciones. Fue el primer país latinoamericano que reconoció a la naciente Rusia soviética, transformada poco después en unión de pueblos y nacionalidades. Los lazos culturales han sido posiblemente los más sólidos y fértiles, pues abarcan horizontes ilimitados y nombres señeros como los del poeta Vladímir Maiakovski o el cineasta Serguei Einsenstein.
Y no deben olvidarse los matices políticos y humanos, resumidos en la trágica estancia en la ciudad de México del legendario creador del Ejército Rojo, vencedor de la guerra civil y compañero de Lenin en la Revolución de Octubre: Lev Davidovich Bronstein, mejor conocido como León Trotski. Brasil, Argentina, Venezuela, Cuba -ésta última con una "relación desideologizada pero entrañable, cercana"--, figuran a la cabeza de las prioridades latinoamericanas de Rusia. Con México, sin embargo, se puede hablar de una amistad muy especial, de un vínculo privilegiado.
"La visita de Putin demostró que hay posiciones muy cercanas o de plano coincidentes, en los principales temas internacionales: el Medio Oriente, Irak, la lucha por la paz, el papel de las Naciones Unidas en las relaciones internacionales, la necesidad de crear un nuevo orden mundial más justo y democrático, de promover un mundo multipolar basado en el multilateralismo.
Todos estos son objetivos que comparten México y Rusia", resume Ezhov. La visita de Putin propició la apertura de un espacio interesante y significativo, hasta entonces omitido o mantenido bajo reserva: el de la colaboración militar en el ámbito técnico. "El presidente Fox ofreció algunas opciones al respecto", puntualiza el subdirector del Departamento Latinoamericano, quien declina ampliar su comentario, porque diplomáticamente le corresponde hacerlo a la parte mexicana. Ezhov recuerda el fructífero intercambio entre los dos países durante la gestión mexicana en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ("apreciamos el papel equilibrado y sensato de México en torno a la crisis de Irak"); y hace patente el agradecimiento del Kremlin por la decisión de México de abstenerse este año de votar contra Rusia en Ginebra, por el problema de Chechenia, dentro de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Actualmente se trabaja en el marco de la Iniciativa Ruso-Mexicana en el Camino a la Cooperación. "Le hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo", subraya Ezhov, "no porque haya controversias, sino para hacerlo amplio e incluyente, bien cimentado sobre bases concretas", que es precisamente lo que falta a la hora de los acuerdos económicos.
Se ha construido un nuevo punto de partida para las relaciones bilaterales. En Moscú esperan la visita de Fox, que deberá tener lugar en el futuro próximo. Mientras tanto, el canciller Serguei Lavrov estará en México y su colega Luis Ernesto Derbez vendrá a Rusia, para afinar detalles y avanzar en la concreción y la firma de los acuerdos negociados hasta ahora.
Ezhov reconoce que la vinculación ruso-mexicana en la extensa y promisoria región de la cuenca del Pacífico, abre nuevas perspectivas, algunas de ellas insospechadas hasta ahora. Puede haber proyectos conjuntos dentro del ámbito estatal, pero lo más interesante es promover la participación de los empresarios mexicanos. Se trata, por parte de Rusia, de territorios sumamente extensos, los de Siberia y el Lejano Oriente, con enormes riquezas naturales aprovechadas en la actualidad apenas en un 10% o 15%.
Se antoja recordar la fiebre del oro y los sucesivos boom que tuvieron lugar en Estados Unidos a partir de la mitad del siglo XIX, luego de que los territorios arrebatados a México y otros del llamado Lejano Oeste, fueron abiertos a los emprendedores, muchos de ellos sin escrúpulos ni respeto a norma alguna, pero decididos y valerosos. En el caso de Siberia y el Lejano Oriente ruso, la situación sería muy diferente y las perspectivas, posiblemente superiores. Por lo pronto, los empresarios mexicanos están convocados, el año próximo al Segundo Foro Económico México-Rusia, en Moscú, para facilitar y promover los
contactos. "Los gobiernos sólo pueden crear el ambiente propicio y otorgar las facilidades correspondientes", comenta Ezhov. "Lo demás es decisión de los empresarios, conforme a su visión, a sus posibilidades y a sus capacidades".
Frente a Brasil, cuyo intercambio comercial con Rusia llega a mil 700 millones de dólares anuales -y no es un total impresionante, en realidad, si se compara con estándares mundiales--, la ubicación de México como sexto socio latinoamericano de los rusos, con apenas 162 millones 500 mil dólares, parece cosa de juego. Esto es lo que se debe y se quiere superar.
Falta información acerca de las posibilidades reales que ofrece Rusia, sobre todo en lo que se refiere a política aduanal e impuestos; quizá se piensa que el marco legal no es propicio. Cuentan, además, factores como la distancia y la dependencia económica mexicana de Estados Unidos.
Y quedan temas pendientes, que pueden enconarse y convertirse en obstáculos formidables. El más importante es en la actualidad el de la inexplicable negativa mexicana -desde el punto de vista de Rusia-- a reconocer a la economía rusa como una economía de mercado, con todos los componentes de la misma, lo que ha llevado a la aplicación de procedimientos antidumping en el ámbito metalúrgico.
Quizá haya que seguir un camino como el recorrido con Argentina y crear un Consejo Empresarial Ruso-Mexicano, con estructuras correspondientes en ambos países, personalidad jurídica propia, vinculaciones con el gobierno y la sociedad civil y mecanismos mutuamente aceptables para la resolución de los problemas y la concreción de los proyectos. El horizonte, en buena medida, luce despejado. Y mientras más se examinan los espacios de colaboración, resultan más amplios. Hay, por ejemplo, muchos científicos rusos trabajando en México mediante contratos privados: una verdadera fuga de cerebros que podría reglamentarse para que rindiera más y mejores beneficios a los dos países.
A partir de la voluntad política, surgen y cobran vida los proyectos. Se trabaja, por ejemplo, en uno que permitiría llevar gas emulsificado desde el Lejano Oriente ruso hasta México y Estados Unidos. Esta podría ser la piedra de toque para un magno programa de coinversiones ruso-mexicanas en la cuenca del Pacífico. Es tiempo de visión y decisión, dicen los rusos.