REVUELTA
Truenos ¿Una serie de cohetes o una
ráfaga de proyectiles? Difícil saberlo con seguridad a la distancia a la cual se
encontraba, pero fácil convencerse a sí misma de que eran simplemente las
explosiones de alguna celebración religiosa, tan cotidianas en la vida del
pueblo. Definitivamente era más fácil pensar en la gente honrando a un santo
patrono, que imaginarla siquiera, organizada y movilizada iniciando una lucha
armada: una pelea para recuperar el empleo, la educación, la vivienda, y más
que eso, la dignidad, la tranquilidad. Una lucha que en realidad es añeja, que
siempre ha estado presente y que ha sido minimizada, soslayada a fuerza de
fraudes, robos, negligencias; una batalla que las mayorías sin recursos
sostienen diariamente en los campos “virtuales” de la economía global, de la
sociedad de la información, del avance tecnológico.
Más estruendos. Son fuertes y parecen
venir de puntos distintos. No es fácil saber si un par de barrios se unieron al
festejo y han hecho estallar sus bombas de pólvora, pero es menos fácil aceptar
que la desesperanza se manifiesta armada cuando la capacidad para aguantar la
injusticia se la acaba el último engaño del representante “popular”
recientemente “electo”.
Ahora los estallidos son generalizados;
cercanos e inquietantes. Ya no puede explicarlos como fuegos artificiales sino
identificarlos como fuegos articulados. Y aunque la negación sea el camino
hacia la tranquilidad ficticia, ya no es posible sino aceptar que la revolución
empezó hace mucho, recién terminada la revuelta, y aunque lenta y casi
bicentenaria, hoy es joven y poderosa. Sí, los estallidos son reales. Son
fuertes y violentos, son expresiones de ira y también de desencanto, pero no
son la única forma de expresión. La revolución paralela es de conciencia.
Se levantó por fin y fue hacia la
ventana. Miró hacia el sur, hacia el monte. Todo en calma. La celebración de San
Benito se distinguía claramente: luces de bengala, castillos, y por supuesto
cohetes, muchos cohetes, esos que la despertaron y la sacaron de ese sueño en
el que los confundió con balas.
Ya bien despierta, sonrió. Pensó que era
una auténtica contradicción el que el despertar de las masas fuera un sueño y
que la revolución de la conciencia esté, todavía, en el inconciente.
Autora: Silvia Elena Llaguno. México,
Distrito Federal.