UNA RÁFAGA DE AYER
Hoy, después de muchos años volví a
experimentar la inhibitoria sensación de ser parte y no ser parte de un grupo,
de una clase, a la que se asiste, pero en la cual te vuelves invisible para
maestros(as) y compañeros(as).
Sí, fue algo, que trajo a mi mente y a
mi corazón el dolor de sentirme y saberme ignorada por quienes me rodean, a la
vez, que se percibe mi presencia pero ni siquiera se pregunta ¿Por qué o para
qué está aquí? Y como siempre que vivía esa sensación y sentía el dolor de esa
espina clavándose como un dardo en medio del corazón (¿Y por qué no?), en lo
más hondo del amor propio o la dignidad de mi esencia de persona, saqué fuerzas
de flaqueza, para como antes, como siempre, asumir el reto, y no darme por vencida.
Sí, esto de la Integración o la
Inclusión sigue siendo una lucha permanente y constante en la cual, cuando uno
piensa o supone que los obstáculos ya están superados, que las barreras han
sido derribadas, que los demás te aceptan y realmente te valoran, te enfrentas
a situaciones como las vividas en esta jornada; y entonces, debes desandar el
camino, buscar en esa fuente interior las fuerzas que necesitas para seguir
creyendo, luchando y venciendo; Y resurgir de la prisión del aislamiento con
las nuevas alas que te da la certeza de ser un ser humano valioso, con deberes,
derechos, necesidades y capacidades, que en verdad merece estar aquí, ser
protagonista de cambios y transformaciones vitales, personales y sociales. Sí,
se reencuentra una consigo misma, y se entiende que las dificultades son para
vencerse, los temores para diluirse en la llama inextinguible del amor, y los
rechazos para convertirse en océanos de respeto, admiración y comprensión.
Sí, hoy, por los hechos no mencionados,
pero sin duda adivinados por ustedes mis amigos(as) testigos de esta
miniconfesión, me reencontré con el compromiso que hace ya muchos años (cuando
decidí apostarle a la oportunidad de compartir y construir el mundo con
todos(as) y para TODOS(AS)), asumí:
Trabajar porque las personas en
situación de discapacidad tengan una opción real de integrarse y vivir
plenamente, en condiciones de equidad, siendo seres humanos proactivos, con la
suficiente voluntad, inteligencia y libertad para hacer de sus vidas y sus
ambientes, lo que desde el fondo de su esencia elijan, y no lo que los demás
les impongan o señalen.
En efecto, esta ráfaga de ayer
actualizada en el presente, me permitió reencontrarme con una parte fundamental
de mi misión y de mi esencia, y alzar de nuevo la voz para proclamar con el
universo:
¡La vida es maravillosa, y no existe
ninguna criatura que merezca ser excluida de ella y de sus hechos!
Autora: Lucy Manzano Zamorano.
Santiago de Cali, Colombia.