LO MÁS PURO DE UNA MADRE

Cuando representamos la pureza lo hacemos con el color blanco, la esperanza con el verde, y el amor con el rojo en sus diferentes tonalidades.

Estos tres colores están presentes a cada paso en la naturaleza, sin embargo ¿alguien se ha puesto a tratar de encontrarlos internamente en el ser humano?

Si nos detenemos a pensar y analizamos con profundidad nuestro interior, nos daremos cuenta que los llevamos por dentro durante un tiempo, luego salen al exterior para unirse al verde de los campos, la blancura de las nubes y el rojo de los hermosos rosales, que crecen en prados y jardines.

Precisamente quienes llevamos este colorido somos las madres, un hijo será limpio y transparente como el agua clara del arroyo, su alma es tan pura e inocente como cualquier ángel, es nuestra esperanza desde el mismo momento en que sabemos que se está formando dentro de nosotras, además de ser fruto del amor entre el hombre y la mujer.

Por todas estas cosas, un niño es símbolo de ternura, y conforme a ella ha de ser tratado. En todo momento nuestra dedicación y cariño para con ellos debe ser absoluta. De nosotros depende su desarrollo y la implantación de valores.

Si sabemos guiarlos, protegerlos y amarlos, ellos responderán positivamente a la entrega absoluta, y precisamente basada en una hermosa experiencia con un niño de solo 8 años es que puedo llegar a estas conclusiones.

Era una hermosa tarde la que se ocultaba detrás del hermoso ASTRO REY, pocas horas faltaban para que cayera la noche, cuando mi esposo y yo tocamos a la puerta de una humilde vivienda vecina de la nuestra, pero en la que el amor y la ternura hace gala en todo momento.

Al abrirse la puerta del inmueble, recibimos la agradable sorpresa de encontrarnos con el pequeño Iván, quien de forma alegre y cariñosa nos saluda y nos aclara, que se encontraba haciendo las tareas que le había encomendado su maestra.

Su madre, acude al encuentro para darnos la bienvenida e iniciar una amena conversación. Mientras esta se desarrollaba, Alberto y yo nos percatamos que el niño lo observaba con atención, de pronto pide permiso, para intervenir preguntándome si Alberto podía leer algo que él le había escrito, inmediatamente le expliqué, que los ciegos también pueden leer y escribir, pero que para poder hacerlo, existe un sistema de lecto-escritura llamado braille, donde las letras se forman por la combinación de puntos, y que al imprimirlo en papel, estos quedan a relieve para que con el tacto, puedan ser identificadas las palabras.

Al recibir el infante la explicación deseada, me pide que leyera lo que él había escrito. Al tomar el papel en mis manos, esta inocente criatura había plasmado en letra clara y legible el siguiente mensaje: ¡NO IMPORTA SI ES CIEGO, SORDO O MUDO, TODOS TENEMOS DERECHO A LA VIDA! No pudimos evitar emocionarnos, cuanta admiración sentimos por ivancito en este momento, al ver traslucir todo el amor y ternura que llevaba dentro su pequeño corazón, que frase tan llena de humanidad, amor y pureza. Sinceramente es asombroso como un niño de tan solo 8 años pueda ser capaz de poner a pensar y reflexionar a la humanidad entera. Es por esto que compartimos nuestra experiencia, de esta forma podrás tener la prueba más fiel de la verdad que encierra esa frase de José Julián Martí Pérez que dice:

"PARA LOS NIÑOS TRABAJAMOS, PORQUE LOS NIÑOS SON LOS QUE SABEN QUERER, PORQUE LOS NIÑOS SON LA ESPERANZA DEL MUNDO. Y QUEREMOS QUE NOS QUIERAN, Y NOS VEAN COMO COSA DE SU CORAZÓN.

Autora: Milaydis Machado Padrón.

La Habana, Cuba.

e-mail: villarias@infomed.sld.cu

 

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