UN PROYECTO DE PAÍS: LA CAMPAÑA QUE NO SE HIZO
Las elecciones nacionales legislativas de octubre, parecen marcar un punto de inflexión en la historia política de la Argentina. El congreso carece de prestigio y el poder legislativo se convierte en un apéndice del ejecutivo, cosa que cuestiona el principio constitucional de la división de poderes. Las elecciones son solo un escalón para alcanzar y conservar el poder por parte de los distintos actores políticos con proyección hacia los comicios presidenciales del 2007, en función de determinados y mayores intereses que poco tienen que ver con la búsqueda del bien común para los ciudadanos.
Es importante graficar en qué escenario llegamos a estos comicios, para poder entender después, porqué vamos Rumbo a las elecciones sin que exista un proyecto de país que a demás de legitimarlas, contribuya a hacer del deber cívico de votar un acto que suscite interés en la gente, en lugar de ser solo una obligación que surge de un mandato constitucional. Así, está claro que llegamos a estas elecciones en un contexto de fuerte apatía por parte del electorado, y aunque los distintos candidatos presentan y hablan de propuestas, es cierto que faltan propuestas y plataformas con identidad que resulten atractivas, y que satisfagan las necesidades reales de los ciudadanos. Esto se patentiza claramente en el hecho de que hay temas que están ausentes de la agenda de los políticos y que deberían tener prioridad, como la inserción laboral real de las personas con discapacidad.
¿Voto de ideas o voto de partidos?
Durante toda la campaña electoral, se reflejó un dato que no es menor y por lo tanto debería ser tenido en cuenta; los candidatos a ocupar las bancas del parlamento nacional, fueron sistemáticamente apoyados por el intendente, el gobernador y el presidente respectivamente. Así, se instaló casi indefectiblemente en la opinión pública, la idea de que votar a un determinado candidato suponía apostar desde otro lugar quizá, por el intendente Luis Juez, por el gobernador José Manuel De La Sota, o por el presidente Néstor Kirchner, según a quién se eligiera. Éste dato de la realidad no podría cuestionarse desde ningún punto de vista, si estuviera vinculado a un verdadero trabajo en equipo fundado en un compromiso genuino con la sociedad, y con todas y cada una de sus necesidades concretas; ¿son estas premisas las que motivan el trabajo de nuestros futuros legisladores? solo el tiempo y las acciones que implementen quienes lleguen al congreso día a día desde sus bancas, podrán responder a este interrogante. No obstante algo que no podemos negar, es el amplio panorama de candidatos que desde diferentes perspectivas, ofrecen estas elecciones: desde los políticos tradicionales que apuntan a una nueva manera de hacer política, pasando por periodistas que buscan un lugar en el congreso, hasta actrices que cambian de escenario.
¿Por qué no existe un verdadero proyecto de país que nos permita hacer la diferencia en estos comicios?
Resulta un tanto complejo contestar esta pregunta, pero tal vez la respuesta o al menos parte de ella, se fundamente en el hecho de que hasta ahora, en el parlamento argentino la ineficacia es ley. Ausentismo, burocracia, escaso rigor y atraso tecnológico son algunos de los déficit del congreso nacional. Esta apreciación está íntimamente relacionada con un sistema parlamentario que con creciente asiduidad utiliza al Congreso como un mero escenario de vedettismo político, donde las leyes muchas veces son aprobadas con escasa rigurosidad. La burocracia sigue trabando debates, el ausentismo de los legisladores a las sesiones no se sanciona como indica el reglamento interno de cada Cámara, y la maquinaria del lobby empresarial aumenta sin que existan redes de contención o el mínimo control. Falta no sólo en el Gobierno sino en la sociedad entera, una firme decisión de pasar de las palabras a los hechos, de ejecutar de una vez por todas los cambios estructurales y estratégicos que la República necesita, y sobre todo es fundamental que cada argentino tome conciencia de que es hora de renunciamientos personales y sectoriales, y no de abroquelarse como tantas otras veces, en la defensa de egoísmos individuales o de intereses corporativos. Desde esta perspectiva, resulta indispensable pensar en el sector político que tiene aún tantas asignaturas pendientes, y tantos auto recortes prometidos que no terminan de concretarse.
La Argentina sigue siendo un país con envidiable capacidad para la autocrítica, el debate y el auto examen teórico; un país con fuertes reservas intelectuales, y con vigorosas aptitudes para tejer discursos analíticos perfecta y correctamente delineados. Sobra idoneidad en el discurso de la clase política, y faltan energía y pragmatismo en las ideas que se plantean para ejecutarlas en la práctica.
¿Cambiará alguna vez esta realidad? Quizá luego del 23 de Octubre, cuando cada flamante legislador ocupe su banca y se disponga a trabajar, podamos avizorar una respuesta.
María Eugenia Fabro.
Neuquén, argentina.