LAS MUESTRAS NACIONALES DE TEATRO SON
TERMÓMETROS PERO NO REMEDIOS A LA CRISIS
Héctor Cortés Martínez
Con una erogación de más de 5 millones de pesos para la reciente XXVI Muestra Nacional de Teatro, realizada del 18 al 26 de noviembre pasado, en San Luis Potosí capital, autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), directores artísticos y especialistas coincidieron en que dichos certámenes constituyen un instrumento que permite medir el nivel de calidad del teatro en nuestro país, mas no pudieron negar que sólo se quedan en buenas intenciones.
Para Saúl Juárez, director general del INBA, dichas muestras de teatro permiten reformular el modo de organizar el teatro "que se traduzcan en una nueva política de Estado, el teatro al igual que la danza, la literatura deben renovarse o cambiar. La muestra es un importante detonador y posibilidad de intercambio con la forma de hacer teatro en todo el país", sostuvo.
Interrogado sobre si este tipo de muestras, deben ser el parteaguas de una nueva forma de hacer teatro, Ignacio Escárcega, coordinador Nacional de Teatro del INBA y también director teatral vigente, respondió: "ojalá se pudiera ver así de pronto. En esta muestra, las 16 obras se presentan solamente dos veces y se realiza un foro de discusión con un investigador reconocido".
Pero fue Luz Emilia Aguilar Zinser, una de las directoras artísticas de dicha muestra, quien reconoció que estos eventos son polémicos y criticados, pero afirmó que el problema del teatro mexicano es el "ensimismamiento y la autocomplacencia. No hay parámetros para medir la calidad, debería existir una muestra de festival internacional de teatro reflexiva, valiente y que ofrezca calidad. Se ha satanizado a las muestras, pero así está el teatro y sería un grave error desaparecer las muestras".
Otra voz discordante es la de Fernando de Ita, crítico de teatro, al asegurar que las pasadas muestras nacionales de teatro eran perezosas "la idea es renovarse, pero esto no se hace por decreto y si habláramos de un cambio en la política cultural del país, primero deberíamos cambiar al país, a las universidades, la media del teatro es de ocho funciones con ensayos de hasta seis meses. Estos problemas son estructurales y no sólo de las instituciones".
En entrevista con Forum, Fernando de Ita reiteró que las muestras señalan en que condiciones se encuentra el teatro nacional "pero aunque pudieras poner al mismo Dios en lugar de Sari Bermúdez (titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), con los elementos que se tienen, no se podrían cambiar las cosas. Antes no se podía discutir con el director del INBA y, hoy, lo hacemos con Saúl".
Si dicen que las muestras son termómetros del teatro nacional, ¿hay informes serios y acercamientos con los legisladores a fin de coadyuvar en cambios estructurales en este rubro de la cultura?
—Tocas un punto importante, no se realizan informes anuales y se queda todo en la mera impresión, sin hacer diagnósticos ni propuestas, y con los diputados primero hay que darles un curso intensivo de muchas cosas. Ahora están con lo de votar lo de la Ley de Fomento Cultural y traen una bronca tremenda, creo que no tienen claro qué es lo que quieren y lo que una ley debe de hacer".
Si las muestras no se traducen en informes, menos en propuestas, ¿por dónde empezar con un gremio poco solidario como es el teatral?
—Son problemas estructurales y no sólo coyunturales, son de fondo y cuando te digo que hay que cambiar el país es porque los problemas de formación, profesionalización y de públicos son muy graves. En el teatro no hay una comunidad, apenas un gremio que sólo se queja y hace teatro sin pensar en las consecuencias, pero no somos solidarios para alzar la voz. Tenemos que ciudadanizar al teatro para que nosotros mismos exijamos las cosas a quienes debemos hacerlo, ¿cuándo has visto a un funcionario o legislador en un foro? Entonces tenemos que reconocernos entre nosotros y saber exigir.
La mujer no hace milagros
En el marco del homenaje nacional a Rodolfo Usigli y en el centenario de su nacimiento, se presenta La mujer no hace milagros, donde este dramaturgo critica a la clase media de finales de los años 30 del siglo pasado, que proviene de la decadencia del porfirismo y por medio de un texto de contenido aparentemente misógino trata en verdad de la reivindicación de la nueva pareja mexicana y, en especial de la mujer.
Fausto Ramírez, director de la puesta en escena, señala que a pesar de que se monta poco a Usigli por su rigor teatral y del lenguaje, el tema de la obra es vigente y donde el personaje en cuestión intenta liberarse de sus ataduras sociales, ello en respuesta a la tradición imperante de esos tiempos.
Aunque su titulo invita al tratamiento de la existencia de la mujer de esa época, habla de los hombres "que tienen los mismos derechos que nosotras", señala Gabriela Murria, al mismo tiempo de las diferencias como el del pensar. "No se trata de encasillar, por el contrario, el autor ofrece muchos recursos como la libertad de imaginar, nunca me aburro de mi misma, de mi personaje", señala la actriz.
La mujer no hace milagros, en el fondo hace una fuerte defensa de la condición femenina en aspectos como el derecho al voto y la posibilidad al divorcio, tema álgido para esos tiempos donde prevalecían los complejos y convencionalismos sociales, sostiene Guillermo Larrea, quien personifica a Roberto Dávila. Éste asegura "elegir con lucidez sería un milagro y las mujeres no saben hacerlo"..
Con la participación de Angelina Peláez, Guillermo Larrea, Gabriela Murray y Ana Ligia García, La mujer no hace milagros se presenta en el teatro El Galeón, los jueves y viernes a las 20 horas, sábados a la 19 horas y domingos a las 18 horas.
El son de Electra
Presencia del teatro cubano pocas veces abordado en México, El son de Electra es una versión del mito griego desde la perspectiva de Virgilio Piñera Llera (1912-79), considerado un vanguardista de las isla caribeña, y en la propuesta aborda las sucesiones del poder y generacionales entre padres e hijos.
El son de Electra, bajo la dirección de Ramón Díaz, se remonta a los años 40 y 50 del siglo pasado y su texto transita entre la comedia y lo trágico, entre lo absurdo y la crueldad, pero con la novedad de que la obra tiene la presencia de la música cubana en vivo: salsa y danzón..
Con la participación de Thais Valdés, Marcial Salinas, Sandra Muñoz, Ernesto Tamayo, Alejandro Vicencio y Ramón Díaz, El son de Electra se lleva a cabo los jueves, a las 20 horas en el teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque.