MUDANZA

Por: Verónica Aguilar.

Mis queridos amigos y lectores, en próximas fechas nos mudaremos de la ciudad de México a la ciudad de Cuernavaca.

Agradezco a esta hermosa Ciudad de México que me abriera sus hermosos brazos hace 25 años y que me despido de ella con agradecimiento en mi corazón y llevándome un infinito amor por ella y principalmente por todos aquellos amigos que en ella conocí y que me abrieron sus brazos y su corazón.

A todas mis amigas y amigos, queridos, entrañables que fui encontrando a lo largo de estos 25 años, muchísimas gracias por ser tan bellos conmigo y espero recibirlos en Cuernavaca, porque esta bella amistad no puede terminar por mi partida a una ciudad tan cercana.

Y quiero compartir con ustedes este bello poema.

Los amo con el alma y con el corazón.

Mudanza

A fuerza de mudarme

he aprendido a no pegar

los muebles a los muros,

a no clavar muy hondo,

a atornillar sólo lo justo.

He aprendido a respetar las huellas

de los viejos inquilinos:

un clavo, una moldura,

una pequeña ménsula,

que dejo en su lugar

aunque me estorben.

Algunas manchas las heredo

sin limpiarlas,

entro en la nueva casa

tratando de entender,

es más,

viendo por dónde habré de irme.

Dejo que la mudanza

se disuelva como una fiebre,

como una costura que se cae,

no quiero hacer ruido.

Porque los viejos inquilinos

nunca mueren. Cuando nos vamos,

cuando dejamos otra vez

los muros como los tuvimos,

siempre queda algún clavo de ellos

en un rincón

o un estropicio

que no supimos resolver.

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto, 1955)

 

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