EL MIEDO
A pesar de haber podido experimentar
repetidas veces el miedo, la mayoría de nosotros no sabe dar una definición
clara de lo que significa en el contexto de nuestra vida en particular. Lo que
una persona define como miedo otra lo puede definir como ansiedad, y aún otra
como una situación de pánico. Si tratamos de trabajar con el miedo como forma
de conocernos, es importante aprender a aclarar lo que estamos sintiendo.
El miedo generalmente se describe como
una respuesta emocional a una percepción de peligro que genera una reacción
neuromuscular y química en nuestro cuerpo. La sientes producirse en respuesta a
algo que ves o que escuchas, a alguna sensación en tu cuerpo o a pensamientos o
emociones que aparecen en tu mente. La presencia del miedo puede ser resultado
de una percepción acertada así como de una completamente distorsionada. De
cualquier manera que esto sea, es tu creencia de la percepción y tu
interpretación de sus implicaciones a tu bienestar lo que controla el nivel del
miedo en tu experiencia.
De hecho, el miedo es una experiencia
interna, una respuesta subjetiva al momento inmediato de algún evento futuro;
por lo tanto, debemos considerar el miedo con escepticismo objetivo y no
tratarlo como una verdad absoluta. Esto requiere que tomemos distancia del
miedo, para observarlo como un fenómeno predominante en un momento particular,
y no como el determinante de nuestras decisiones en la vida.
Existen dos formas de contextualizar el
miedo para poder trabajar con él conscientemente. La primera es tratarlo como
una de tres respuestas del espectro de reacciones al miedo. La más leve
reacción en el espectro es la aprehensión o la agitación ansiosa, que llamamos
ansiedad. Después tenemos el miedo declarado, una respuesta más demandante
sobre nuestro sistema nervioso. Si el miedo sigue creciendo, se convertirá en
la respuesta de mayor nivel: pánico o terror.
Cada una de estas reacciones es
subjetiva, sucede en nuestro interior. Pero entre más estemos establecidos en
nuestra conciencia, lo que se aprende a través de la meditación, hay menos
probabilidades de escalar de la simple aprehensión o ansiedad a los niveles de
pánico y terror.
Otra forma es distinguir entre el miedo
y la ansiedad natural en la vida. Cuando existe un objeto específico del que
tememos - un ruido en la noche, una amenaza verbal, la incertidumbre de algún
compromiso, el resultado de algún examen médico, un camión invadiendo tu carril
- lo que sentimos es miedo en relación a ese objeto.
El nacimiento del nuevo siglo se ha dado
a la par de una era de miedo en nuestra cultura. Se han registrado numerosos
eventos a nivel internacional que desafortunadamente apoyan esta premisa. Vivir
en una cultura basada en el miedo afecta inevitablemente nuestro estado mental
y las decisiones que tomamos. Como ciudadanos nos volvemos más complacientes,
más dados a comprometer nuestros derechos por vagas promesas de seguridad. Como
empleados nos volvemos menos demandantes, menos dispuestos a arriesgarnos. Y en
nuestra vida personal estamos más interesados en nuestra seguridad y menos
abiertos a nuevas oportunidades - todo porque vemos el futuro a través de los
lentes del miedo.
Ver la vida de esta manera no es lo más
conveniente, y no se trata de que nuestras preocupaciones no sean legítimas -
vivimos tiempos de peligro e inestabilidad en nuestra sociedad, y las acciones
imprudentes o la indiferencia pueden destruir nuestro futuro. El problema es
que los lentes del miedo distorsionan lo que vemos. Se enfocan principalmente
en lo negativo y esto provoca que comprometamos nuestros valores básicos por la
necesidad de supervivencia.
Cuando no le ponemos nombre a nuestros
miedos nuestra visión se vuelve estrecha, anula nuestra intuición así como
nuestro sentido común y promueve las acciones violentas. En otras palabras, el
miedo que no reconocemos y atendemos conscientemente le resta vida a nuestra
vida. Nuestra energía de vida se pierde, se drena al tiempo que el cuerpo y el
corazón se cierran anticipando de lo que pueda suceder.
Es difícil vivir en tiempos de miedo,
pero aquí estamos, y los retos son encontrar la forma de no ser consumidos por
ellos. Esto lo podemos lograr observando primero nuestras respuestas a la
cultura de miedo que nos rodea. Después podemos utilizar este conocimiento para
trabajar con nuestros miedos personales. Nuestras reacciones ante las amenazas
y la incertidumbre acerca de nosotros mismos, de nuestras habilidades, del
porvenir encarcelan nuestro espíritu. Para lograr la libertad y la paz es
imprescindible trabajar habilidosamente con el miedo.
Cuando profundizamos nuestra práctica
espiritual inevitablemente nos topamos con nuestros miedos, algunos que ni
siquiera conocíamos. Mantenemos alertas y curiosos acerca de ellos nos
convertirá en maestros y nos servirá también para crecer. Esto al mismo tiempo
le da significado a lo que pudiera convertirse en un sufrimiento sin sentido.
El miedo en si no necesariamente es malo
- un miedo saludable y equilibrado puede ser útil. Nos puede servir como
alarma, como una llamada a la acción, como por ejemplo "retirar las manos
de una superficie caliente junto al asador" Como señal de peligro dispara
un sentimiento de aprehensión sobre el futuro, al cual nuestro cuerpo reacciona
segregando adrenalina y otros químicos que nos dan la motivación y la energía
para actuar. Como una experiencia de inquietud, puede ser una llamada a
reflexionar, una llamada de atención a las decisiones.
La ansiedad por otro lado, es ansiedad
acerca de y no de: Te sientes ansioso por envejecer, o porque tu hijo sufra un
accidente, o tu matrimonio termine. No hay un objeto específico de alarma. En
vez de eso estamos respondiendo a la fragilidad y temporalidad de la naturaleza
humana.
La verdad es que nunca vamos a estar
completamente a salvo. Las cosas cambian constantemente, aún aquello que nos es
muy querido. Sabemos que nosotros y las personas que amamos vamos a morir,
aunque no sabemos cuándo ni cómo. Esto es parte de la vida, el precio de ser
seres humanos. Es la forma en como es la vida. Y cuando algunas personas toman
conciencia de esta vulnerabilidad, pueden caer en pánico, colapsar en depresión
o hacen esfuerzos desesperados por distraerse. Uno de los beneficios de una
práctica espiritual es que aceptamos esta ansiedad de manera consciente. Tu
vida se integra mejor porque ya no tratas de negar o evadir la verdad de la
vida.
Lo que sucede a menudo es que
identificamos algún miedo específico con la ansiedad general de la condición
humana. Cuando esto se da, la turbulencia de todas nuestras inquietudes y
aprehensiones se enfoca en este miedo específico y entonces sufrimos más. Por
ejemplo, alguien te menosprecia y tú colapsas en una situación de odio hacia ti
mismo, sientes que no eres digno de nada. Con la práctica de la atención
consciente, aprendes a observar como la mente es la condición humana y no
permites que esta ansiedad alimente tu miedo en una situación específica.
También adquieres tolerancia por lo desagradable de la incertidumbre y la
naturaleza de tu propia imperfección.
Tienes confianza de que "así es la
vida" tú no puedes arreglarlo milagrosamente, al mismo tiempo adquieres el
conocimiento de que la paz y la felicidad nacen de relacionarte con la vida
como es.
Muchas personas que empiezan a trabajar
con atención consciente de sus miedos se dan cuenta de cuánto de su
comportamiento está motivado por el miedo. Si esto pasa en ocasiones te puedes
sentir desanimado o posiblemente a la defensiva, o empezar a justificar tus
miedos como razonables y necesarios. Sucede que estás acostumbrado al miedo y
sabes cómo trabajar con él, así que estas reacciones son normales. Es como si
tuvieras miedo de estar sin miedos. A lo mejor tienes razón. Pero lo más seguro
es que conforme la dependencia en el miedo disminuye, la sensación de bienestar
aumenta.
Podemos empezar a trabajar con nuestros
miedos más pequeños, más accesibles y ver qué pasa. Debemos tener paciencia,
quizá nos ayude a recordar que aún Jesús y Buda tuvieron miedo, el miedo no es
un estigma.
Y aunque parezca que el miedo es el que
domina, si observamos detenidamente vamos a descubrir que hay una respuesta
energética que es aún más poderosa, y esta es el amor- amor en todas sus
formas: reconocimiento, generosidad, atención y cuidado, tolerancia, paciencia,
creatividad y servicio.
La clave de la enseñanza espiritual
acerca del miedo es que este aparece inevitablemente siempre que experimentamos
una sensación de separación, tanto de otros como del medio ambiente. El miedo
sobrecoge la mente, provoca que proyectemos aquello que despreciamos en
nosotros y en otros, alimenta la paranoia y el comportamiento egoísta y
auto-justificante.
Conforme crecemos espiritualmente
empezamos a observar la interdependencia en la vida y la sensación de
separación desaparece, así el miedo empieza a perder su fuerza. Por eso se dice
que cuando una persona ha aceptado su dharma, pierde el miedo. Para todos los
demás solo nos queda practicar.
El clásico antídoto para el miedo es la
práctica de la amabilidad y del amor. Si vemos a través de los ojos del amor,
no tendremos miedo de lo que hay fuera, y aún cuando siga ahí y lo
experimentemos y nos afecte, nuestra relación hacia nosotros mismos y hacia el
miedo va a cambiar por observar la misma experiencia a través de los ojos del
amor.
Practicando amabilidad y amor a través
del día aunque sea por solo 5 minutos cada mañana, y repitiendo frases amables
a través del día puede representar una gran diferencia en tu vida. Una
meditación que se sugiere es repetir todos los días "Deseo librarme del miedo
en mi vida. Deseo también ayudar a otras personas a librarse del miedo en su
vida. Deseo enfrentar los miedos de nuestra cultura con un corazón abierto,
actuando con decisión y nunca con separación".
Cuentan una historia de un monje que
pintaba hermosos murales en una cueva como su práctica de meditación. Pintó en
una ocasión un tigre que parecía tan real y feroz. Parecía tan real que el
monje se asustó. Todas las cosas que aparecen en nuestra mente son como las
pinceladas del monje en la pared de la cueva - ninguna de ellas, ni siquiera
las que parezcan tan reales tienen una sustancia que perdure.
Cuando aparezca el miedo, date cuenta de
que solo se trata de una percepción pintada en las paredes de tu mente. Es esta
forma de aferrarse del miedo, no el peligro o la verdadera amenaza lo que
provoca más agitación. Recordemos que nuestra respuesta a esto tiene tres
partes: atención consciente y continua del miedo, profunda compasión por el
dolor que provoca y trabajar para desarrollar la ecuanimidad que nos permita
mantenernos enfocados. El dharma hará el resto.
Autora: Sandra Aguilar. Cuernavaca,
Morelos. México.