MAR ADENTRO.

Por Bulmaro Landa Quezada.

La lectura de un comentario enviado a nuestra lista de correos acerca de la película "Mar adentro" y el apasionante y polémico tema que ésta trata, me hizo prestar atención a la noticia de su exhibición, y en cuanto supe que estaba en cartelera, fui al cine, indudablemente la película es una joya cinematográfica, por razones obvias, no opinaré sobre las características que se perciben por el sentido de la vista, siendo necesario que nuestro acompañante vidente nos describa algunas escenas que para nosotros son sólo silencios, desde luego si sobre la actuación, muy bien lograda, con los inconvenientes para los que dependemos del oído para la comprensión del argumento, del español peninsular atropellado y de algunos pequeños diálogos en catalán; de lo que sí opinaré es sobre el tema central, que fue por cierto un hecho de la vida real, que conmovió a España hace algunos años, que se ventiló en las cortes y se difundió en los medios periodísticos.

Ramón, el personaje central, abandona el hogar para emprender la aventura y conocer lugares, ya que como él dice "para conocer el mundo sin dinero, marinero", regresa a casa y estando en la playa se tira un clavado desde unas rocas, pero se distrae al ver a una chica, no percatándose de la profundidad del agua, golpeándose en las rocas, está a punto de ahogarse, pero lo salvan unos amigos, como consecuencia del accidente queda tetraplégico y condenado a vivir en una cama y dependiente para todo de su familia, que amorosamente, aún viendo trastornada su vida, le prodiga todos los cuidados imaginables, pero que no son suficientes para que él sienta que valga la pena seguir viviendo en ésas condiciones, por lo que, ayudado por unos amigos emprende la tarea de conseguir la autorización de un juez para quitarse la vida, obviamente, alguien tiene que proporcionarle el medio de hacerlo, que en éste caso es una toma de estricnina, perdiendo el juicio legal, por lo que hubo que urdir un plan que lo consiguiera, sin la existencia de un homicida. Dos amores se entrelazan en su vida, la abogada, que lleva su caso y consigue editar el libro de poemas que él escribió, que tiene esclerosis múltiple y está condenada a la inmovilidad también, y la sencilla mujer de pueblo que le prodiga atenciones y que capta el mensaje que el le da: "la mujer que verdaderamente me ame, me ayudara a morir, y que forma parte del grupo de personas que llevan a cabo el plan. Varios aspectos se tratan magistralmente: la sobreprotección de la familia y la oposición de la misma para terminar con la existencia de Ramón, manifestando así el amor por la vida y el amor por él, el punto de vista eclesiástico, expresado por el sacerdote, curiosamente tetraplégico también, que defiende vehementemente la tesis de que nuestra vida no nos pertenece, sino solo a Dios. El punto de vista jurídico que muestra un vacío en las leyes ante una situación no contemplada cuando se dictaron éstas, y por último, el más importante de todos, el punto de vista de el que padece la discapacidad, quien, no como un acto impulsivo, sino como la conclusión de las experiencias vividas y de muchas reflexiones, decide terminar con su existencia, pero requiriendo para ello de la colaboración de alguien más, decisión que fue perfectamente razonada y que plantea muchas interrogantes: ¿Somos, o no dueños de nuestras vidas?, si el suicidio es un delito ¿por qué no se juzga penalmente a quien intenta suicidarse y no lo consigue?, por más amor que nuestras familias o nuestras parejas o nuestros amantes nos tengan ¿puede ese amor compensar el sufrimiento que conlleva una incapacidad?, la religión nos pide cargar nuestra cruz, pero, ¿queremos cargarla?, se habla mucho de derecho a la vida pero, ¿tenemos derecho a la muerte? Yo quiero compartir con los lectores éstas preguntas que la película plantea y que yo mismo me hago.

 

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