LUCIANO PAVAROTTI Y MARCEL MARCEAU: DOS ACTORES ATÍPICOS
"La muerte de un grande empequeñece
al mundo"
George Bernard Shaw
Luciano Pavarotti 12 Octubre 1935,
Modena-6 September 2007, Modena, Italia
Marcel Marceau 22 marzo 1923,
Estrasburgo-22 Septiembre 2007, Caors, Francia
Por definición, el cantante de ópera es
un Actor que canta los parlamentos del personaje interpretado y el Mimo es un
Actor que los interpreta “sin hablar”. Como decía mi maestro de actuación,
Germán Castro: –a quien envío, desde estas páginas, un afectuoso saludo - “…el
Actor representa sentimientos, ideas o ambas cosas”. El Actor “presta” su
cuerpo y su voz a los personajes que interpreta o que él mismo inventa. De esta
manera Luciano Pavarotti y Marcel Marceau cumplen con creces los requisitos del
oficio de Actor. Sin embargo, cuando preguntamos, (o se hacen las encuestas,
tan de moda) a cualquier persona: ¿A quienes se pueden considerar como los
grandes actores del la historia? nadie los menciona o tan siquiera se acuerda
de ellos.
A su muerte, el mundo entero reconoce la
enorme importancia y la trascendencia histórica de estos singulares personajes.
Esto lo consiguieron a través de llevar una vida entregada al Arte, en
particular y mas específicamente como Actores. Y lo fueron en el sentido más
amplio de la palabra. Ambos realizaron estudios para aprender el oficio de
actor y trascendieron su quehacer interactuando de una manera más amplia.
Fueron actores del mundo de la cultura y la sociedad global, Entes Universales.
Su ámbito natural fueron el teatro y las
salas de concierto. Pero también trascendieron de tal forma que llegaron a
presentarse ante el público de forma masiva a través de la televisión, los
estadios deportivos e incluso, como es el caso de Marcel Marceau, las calles y
las plazas públicas. Demostraron que cualquier persona, que el hombre común y
corriente, puede acceder “al gran arte”, en contraposición a la peregrina idea
-que muchos sostienen, en el sentido mas ddiscriminatorio que puede existir- de
que el arte solo es para la élite, para las “minorías selectas” que solo ellas
pueden “entender” y saben “disfrutar” de las manifestaciones elevadas del
espíritu.
Marcel y Luciano se acercaron al pueblo,
sin menoscabo de su dignidad como artistas, incursionaron en el mundo de la
comunicación masiva y de los medios electrónicos que evolucionaban
aceleradamente en la época que les tocó vivir, por lo tanto les fue dado de
manera natural y, desde el punto de vista humanístico, lo hicieron sin
prejuicios, con el espíritu abierto y con un profundo respeto al público, al no
“hacer versiones reducidas” para que “las entienda el vulgo”, como acostumbran
nuestros publicistas posmodernos. (Eso de nuestros, solo es un decir).
El mimo francés sufrió la Segunda Guerra
Mundial y la muerte de sus padres en los campos de concentración alemanes. Sus
preocupaciones de artista, las ubicó siempre por el camino del pacifismo y la
reflexión vivencial-filosófica. Pavarotti, solo contaba con nueve años cuando
termina la guerra (a esa corta edad comenzó a cantar con su padre en el coro de
una pequeña iglesia local) y le toca vivir la reconstrucción de Italia. Aunque
hablaba con cariño de su infancia, su familia tenía escasos recursos
económicos; sus cuatro miembros se apiñaban en un apartamento de dos cuartos.
Esto podría explicar el por qué su apego a las clases desposeídas.
Durante varios años seguidos a partir de
1991, Pavarotti respondió al llamado de la organización War Child, para
recaudar fondos para la construcción de un centro de músico-terapia en Mostar.
De esta forma, anualmente se organizaron conciertos en Modena bajo el título
“Luciano Pavarotti and friends”, donde además se recaudaron fondos para
diferentes causas y beneficios para niños y los pobres de alrededor del mundo
y, por invitación de Luciano participaban otras personalidades de la música
internacional en espacios de toda índole, abiertos, cerrados, populares y
exclusivos, pero siempre con una gran difusión y promoviendo la venta de discos
para la recaudación de fondos, llegando así a las multitudes. Derrumbando el
mito de que los divos eran soberbios e intratables, que no se mezclaban con los
artistas populares (hasta los castrati eran divos intratables y elitistas)
Luciano pasó a ser el amado de las grandes bandas del rock y los cantantes Pop.
Y va más allá, invita a los tenores consagrados; pasadas las horas de los
divismos, Carreras, Plácido y Luciano eran seres simples, bondadosos, gentiles.
Mario Lanza un tenor heterodoxo había
hecho casi lo mismo cuatro décadas antes. Las multitudes tenían derecho, si no
a gozar de los grandes teatros y las versiones totales de Rosinni o Pucinni, si
de sus mejores arias. Los tres tenores recogen la estafeta y triunfan en lo
artístico y por qué no decirlo sin ambages: también en lo económico. Que para
eso es el “Show Bisnes”
Marcel Mangel, mejor conocido como Marcel
Marceau, se interesó en la actuación luego de haber visto a Charles Chaplin. Al
término de la guerra se matriculó como estudiante en la academia de arte
dramático Charles Dullin en el teatro de Sarah Bernhardt de París.
Comenzó su carrera como mimo en
Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, actuando para las tropas
francesas de ocupación. Y en 1947 creó a "Bip", el payaso con un
suéter a rayas y con un maltratado sombrero de copa decorado con una flor (que,
según él mismo dijo, representaba la fragilidad de la vida) y que se convirtió
en su alter ego, similar al “vagabundo” de Chaplin.
En 1949, luego de recibir el renombrado
premio Deburau, (establecido desde el siglo XIX por el Señor de los mimos
Jean-Gaspard Deburau) realiza su segundo mimodrama “Muerte antes del amanecer”
y forma su propia compañía de mimos, la única compañía de pantomima en el mundo
en esa época. El grupo actuó en los más reconocidos teatros parisinos como el
Teatro de los Campos Eliseos y el de Sarah Bernhardt, así como en escenarios de
todo el mundo. Durante los años 1959 y 1960, se representaron sus 15
mimodramas: la famosa obra de Gogol "Sobre todo", que estuvo en
cartelera por un año completo en el Teatro Amibigu de París; Pierrot de
Montmartre, Las tres pelucas, La tienda de títeres, El 14 de julio, El Lobo de
Tsu Ku Mi, París llora, París ríe y Don Juan, obra adaptada del escritor
español Tirso de Molina, etc.
Pero su mayor resonancia la tuvo en las
calles de París. Las desventuras de "Bip" con todo lo que le rodeaba,
desde mariposas hasta leones, barcos y trenes, en pistas de bailes de
restaurantes, no tenían límites. El estilo de la pantomima de Marceau no ha
tenido par, sus ejercicios silenciosos que se han convertido en “clásicos”,
incluyen las representaciones de La caja, Caminando en contra del viento, El
hacedor de máscaras, En el parque y un sinnúmero de sátiras de todo tipo, desde
escultores a matadores. Respecto al avance de la edad su pieza “Joven, maduro,
anciano y muerte”, un crítico ha dicho que: “logra en menos de dos minutos lo
que la mayoría de los novelistas no logran en volúmenes”. Sencillo, con esa
sencillez que hace parecer que su dilatada disciplina parezca “fácil”. Pero que
en realidad solo subraya su virtuosismo y sorprende y asombra a todo público,
desde el niño que es más afín al juego, hasta el adulto escéptico que,
subyugado, ineludiblemente se ve obligado a reconocerse en el absurdo o la
crítica y, después, casi sin darse cuenta, se hunde en el inmenso mar de la
reflexión que Marcel Marceau provoca de una manera poética.
Pavarotti y Marceau incursionaron tarde
en el cine. El francés debuta en una obra premiada en Cannes: “Es” (1966) del
Director alemán Ulrich Schamoni; le sigue una película realizada en la URSS,
“Nosotros lo llamábamos Robert” (Yego zvali Robert 1967) del Director Ilya
Olshvanger; mas conocida es “Barbarella” (1968, de Roger Vadim) adaptación del
comic creado por Jean-Claude Forest alternando con Jane Fonda y David Hemmings.
Sus intervenciones son siempre en segundos roles o presentando algún mimodrama,
su único papel protagónico fue “Shanks” de William Castle (1974) película de
horror y fantasía, pero pasó desapercibida, confieso que nunca pude verla y es
imposible conseguirla en México.
Pavarotti tuvo un poco mas de suerte.
Filmó las más importantes óperas para la televisión. Los famosos personajes:
Canio, Nemorino, Cavaradossi, Manrico, Rodolfo Gustavo III, Radamès, Idomeneo,
etc. con sus arias que pueden obtenerse en DVD hacen la delicia de los amantes
de la ópera, lástima que solo sea en Europa. Mi lente tiene tres de ellos, pero
no puedo reproducirlos aquí porque el sistema es diferente (PAL es el nombre
técnico) al de mi equipo reproductor. Lástima, me gasté mis buenos Euros
(ignorante que es uno).
Pero hay dos películas que no fueron
echas para la TV y son fáciles de conseguir: “Si, Giorgio” (Yes, Giorgio 1982)
la biografía del cantante Giorgio Fini filmada en EEUU; La otra es la versión
cinematográfica de “Rigoletto” (1982).
Si estos dos genios no filmaron películas
importantes o conocidas, no dejan al cine huérfano, como sucede frecuentemente
con los y las intérpretes de ópera. Los actores, en la actualidad tienen más
suerte, el cine digital les proporciona una herramienta idónea para dejar
testimonio grabado de su quehacer. Pero aun así la música, la mímica, la magia,
los títeres y las artes circenses son esencialmente experiencias presenciales y
efímeras en el tiempo. Afortunadamente son experiencias que quedan grabadas en
el corazón del hombre para toda la vida, de ahí su importancia y el profundo
dolor que Marcel Marceau y Luciano Pavarotti dejan al mundo con su partida.
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.