“LEONES POR CORDEROS”: EL CASO REDFORD
Nominado por cuatro veces al Oscar,
Charles Robert Redford solamente lo ha ganado en 1980 en la categoría de la
mejor dirección por “Gente corriente” (Ordinary People). Robert Redford lo ha
sido todo en la historia del cine: actor, director, productor, galán, mecenas.
Su mareante filmografía y su carácter rebelde le han permitido protagonizar un
sinfín de películas de éxito y de premios. Pero, quizá más importante ha sido
el Oscar que recibió en el 2001 por toda su trayectoria profesional y como
impulsor del cine independiente, en que se reconoce una labor que va mucho mas
allá del oropel y los reflectores que suelen acompañar a las estrellas de cine
norteamericanas.
Nacido el 18 de agosto de 1936 en Santa
Mónica, California, se inicia como actor de teatro en Broodway, New York y
actúa en series de TV; posteriormente participa en varias películas que le
consolidaron como actor de prestigio y también como estrella de Hollywood, la
primera de ellas, “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and the Sundance
Kid, 1969) con Paul Newman. Otras películas de éxito fueron “Tal como éramos”
(The Way We Were, 1973), dirigida por su amigo Sydney Pollack y
co-protagonizada por Barbra Streisand, y “El golpe” (The Sting, 1973 dirigido
por George Roy Hill), que obtuvo 5 Oscar y por la que Redford recibió su
primera nominación, como actor principal. En 1976 actuó en “Todos los hombres
del presidente” junto a Dustin Hoffman. La película consiguió seis nominaciones
a los Oscar, incluida la de mejor película. Otra película que cosechó varias
nominaciones a los Oscar, también incluida la de mejor película, fue “África
Mía”, con Meryl Streep, terminada en 1985.
Como director, Redford tiene una
trayectoria importante, con películas que le valieron el reconocimiento de la
profesión y del público. Redford dirigió en 1992 “El río de la vida”, que trata
de la de comunicación entre padres e hijos. Posteriormente dirigió “Quiz Show”,
que obtuvo buenas críticas, aunque escasa aceptación en taquilla, y que supuso
su segunda nominación a los Oscar como director. En 1998 dirigió El hombre que
susurraba a los caballos, basada en la novela de Nicholas Evans y en 2000
dirigió La leyenda de Bagger Vance.
Desde muy joven Redford creó su propia
productora, Wildwood Enterprises. Pero lo más importante es que creó en 1980 un
centro de enseñanza para jóvenes cineastas, el Instituto Sundance, en terrenos
de su propiedad, en Utah. Llevó adelante esta empresa a pesar de no encontrar
apoyos. Su instituto subvenciona a nuevas promesas con todos los gastos pagados
durante 4 semanas, proporciona profesores, material técnico y el asesoramiento
de grandes profesionales. Viendo la calidad de los trabajos decidió crear un
festival de cine paralelo para exponer los trabajos de los estudiantes que hoy
se ha convertido en el festival de cine independiente más importante del mundo:
The Sundance Film Festival, que se celebra todos los años en el mes de enero
desde 1983 en Park City, Utah. Es curioso que el nombre de la escuela y el
festival viene de la película que protagonizó en 1969 con Paul Newman, en la
que él interpretaba a un personaje llamado Sundance The Kid.
Esta vez nos presenta una película con
un tema muy actual: la guerra en el Oriente Medio, la invasión de Irak y la
subsiguiente contra Iran y Afganistán. No es nada nuevo en su filmografía.
Redford pertenece a la tradición norteamericana de los intelectuales y artistas
que suelen ser muy críticos con el sistema y la forma de vida estadounidense.
Sin dejar de ser ellos mismos parte de ese sistema y estar en las mas altas
esferas de la cultura y el arte, y porque no decirlo, hombres y mujeres de
éxito y excelencia en su vida artística y personal.
De esta manera nos participa de gran
diversidad de temas, desde la revisión y severa crítica del sistema carcelario
en una magnífica película: “Brubaker” (dirigida por Stuart Rosenberg 1980); así
como su incisiva visión de los deshonestos manejos de la política en All the
President's Men o la brutalidad del poder contra el ciudadano en “Los tres días
del cóndor” (Three Days of the Condor, 1975 de Sydney Pollack). En “Leones por
corderos”, El veterano actor reflexiona sobre la sinrazón de la guerra y el
terrorismo.
Después de la muy cuestionable y
decepcionante “Valiente”, con su tesis es tan deleznable como preocupante,
sobre la justicia tomada por la propia mano. En la que no hay, en la película,
un mínimo planteamiento ético sobre que sirva al menos de reflexión, sino un
ramillete de lugares comunes ofrecidos como torpes justificaciones, desde el
propio dolor hasta la noble causa de defender a los inocentes pasando por un
peculiar sentido de la justicia que “se cae” al final, en medio de un asqueroso
lodazal ideológico. Robert Redford se arma de valor y demuestra que si se puede
hacer (y se debe hacer, diría yo) un planteamiento ético desde la tribuna del
artista. Cuestionar el sistema o el establishment o la actuación de los
participantes de la política y el poder, se hace necesario hoy más que nunca.
Aun desde su posición de clase dominante (porque Redford y amigos que lo
acompañan no pertenecen a una clase marginada ni en rebeldía, son exponentes de
una cultura elevada, tanto en sus recursos como en su nivel expresivo) pero que
anteponen la conciencia – el saber distinguir valores- ante los excesos del
poder. Robert Redford regresa a la gran pantalla para sacudir los cimientos de
la política internacional de Estados Unidos. Con las armas del creativo.
La suma de su experiencia –ha cumplido
los 71 años- nos ofrece un filme con tres escenarios diferentes y un mínimo de
acción. Se trata de una obra de teatro escenificada en la gran pantalla donde
Redford, Tom Cruise y Meryl Streep discuten sobre la problemática de la actual
guerra contra el terrorismo y en la política de los Estados Unidos para con los
conflictos desatados.
El mismo director nos comenta en una
entrevista concedida a Angélica Martínez de la revista “Hoy Cinema”: “Estamos
ante tiempos difíciles rodeados de apatía y cinismo frente al activismo. Por
eso quería provocar, en todos los sentidos, desde el contenido temático hasta
el cinematográfico… No es una cinta sobre la Guerra de Irak sino de cómo hemos llegado
a esta situación en nuestras vidas… He visto a lo largo de mi vida una sucesión
de eventos similares, empezando por la Segunda Guerra Mundial, que viví de
niño, siguiendo por la era del Watergate; con el McCarthismo. Ahora estamos
sumergidos en una situación política de conservadurismo extremo. Estamos
gobernados por un espíritu estrecho que tiene todo el poder, algo que considero
muy peligroso.
A la pregunta ¿usted forma ahora parte
de ese grupo de “no-patriotas” que tantos palos han recibido en Estados Unidos
por parte de la administración de Bush? A lo que él responde:
“Por supuesto, pero hace tiempo que
pertenezco a ese grupo. Todo viene desde el mismo lado. Sé que me van a acusar
de izquierdista o de “no patriota” porque la maquinaria de propaganda de la
derecha está muy bien organizada, sobre todo desde el 11 de septiembre del
2002. Han jugado a la perfección la carta del miedo y, si no juegas con ellos,
no eres patriota y estás contra el país. Si yo decido ejercer mi libertad me
dan un palo, pero no entiendo por que… En América admiramos la ambición hasta
tal punto que ésta se convierte en obsesión y se traduce en dinero y éxito,
pero dejamos a un lado muchos valores humanos como la familia y la compasión. A
mí me interesa averiguar cómo esas situaciones afectan a la gente, qué provoca
ese comportamiento”.
Así, con cierta sencillez, el director
plantea una revisión de los sucesos actuales y define su postura. En esta
película hay un aspecto irreverente en la forma en que propone a los personajes.
Una Meryl Streep que “ataca” directa y francamente a un político prepotente y
ambicioso -Tom Cruise, excelente- matizado con sutil e insolente cinismo. Un
alegato que se puede debatir, pero que en ningún momento abandona el cauce del
humanismo.
Por otra parte los personajes
“marginales”, los voluntarios para la guerra –un mexicano y un afroamericano,
inverosímiles, insertados en la trama como elemento de discusión-, también
adoptan una posición llevada al extremo (¿Qué pasaría si alguien hiciera esta barbaridad?
En términos escénicos resulta válido para el efecto de establecer la discusión)
y cumplen con creces la parte del alegato validando la sin-razón de la
existencia de la guerra: ¡A costa de su propia vida!
“Leones por Corderos” fue inspirado por una escena en la película
durante la cual el profesor universitario, Dr. Stephen Malley (interpretado por
el propio Robert Redford), ataca la apatía del público norteamericano hacia los
eventos mundiales y, de manera específica, la Guerra Contra el Terror. El Dr.
Malley argumenta “El problema no es con la gente que inició esto. El problema
es de todos nosotros que no hacemos nada.” El profesor trata de motivar a un
prometedor pero indiferente estudiante (el actor debutante, Andrew Garfield)
acerca de su propia responsabilidad en tomar acción (ser el león) en contra de
los líderes políticos y militares (los torpes e indolentes corderos que
gobiernan desde el escritorio) quienes están dispuestos a pagar el precio de
esa guerra utilizando la vida de los soldados comunes.
Robert Redford es un militante de sus
profundas convicciones. El es un ejemplo de honestidad profesional y personal.
En sus películas, todo esto es evidente por el simple echo que practica con el
ejemplo. Sus aportaciones al cine independiente latinoamericano serán tema de
otro artículo. Como adelanto solo diremos a ustedes que gracias a él se pudo
realizar la extraordinaria película “Diarios de motocicleta” sobre la juventud
de Ernesto Guevara de la Serna mejor conocido como: “El Che Guevara”
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.