Otra ironía de esta vida tan especial:
Por Luis González.
La tarde era maravillosa, el sol desbordaba luz y alegría por todos lados.
Marcos bajaba del metro y literalmente corría por los andenes y escaleras atropellando con su bastón y sus pasos a la gente que se atravesaba.
Ya pasaban de las 16 horas y por lo menos su clase debería estar empezando justo en ese momento.
Otro día llegando tarde, y esa Licis era implacable, con 3 retardos se acumulaba una falta y por cada falta era un punto menos en su calificación.
El día era verdaderamente hermoso y estaba diametralmente opuesto a su estado de ánimo.
La tarde anterior había faltado a la escuela por que hubo cosas urgentes en el trabajo.
De hecho no había dormido pues de presidencia le dieron la orden de vigilar con su equipo un par de bodegas en Tepis.
A las 8 de la mañana de ese día les confirmaron la orden de entrar sin ruido y apoderarse de la mercancía y las personas que se encontraran en las bodegas.
Por supuesto que la discreción era lo esencial en esa operación, ni la prensa ni nadie tenía que enterarse.
Ahora se dirigía a la escuela todavía zombi por el sueño y el cansancio.
Lo único que deseaba era una buena cama y tal vez un masajito de una linda chica.
En cambio estaba ahí, con rumbo a la Facultad de políticas.
Mientras cruzaba el mural, dirigiéndose rápidamente a tomar el camioncito del circuito 3, oyó una voz que le llamaba.
-¡Marcos! ¡Marcos!.
Se detuvo apoyando firmemente las puntas de sus zapatos en el embaldosado.
Le llamaban ha él, y la voz era conocida, pero con tanto ruido no pudo encontrar en su memoria de quien se trataba.
Al fin ella llegó junto a él.
-Hola Marcos, ¿Sabes quien soy?.
Entonces él, supo de quien se trataba.
Era la flaca que mucho tiempo le estuvo quitando el sueño.
-Hola Taran. ¿Vas para la escuela?.
Ella sonriendo contestó:
-Sí, y tú como siempre corriendo y llegando tarde. Vámonos por hay.
Él, le ofreció el brazo y cuando sintió, el contacto de esa piel morena y suave, un estremecimiento involuntario recorrió su cuerpo.
Siempre deseó llevarse a esa morenita encantadora a su cama, pero ahora el estremecimiento tenía más bien un tinte dramático pero le restó importancia.
Mientras se encaminaban a la escuela, platicaron de cualquier cosa pero al despedirse, en la explanada, ella le pidió:
-Me esperas a la salida. Salgo a las 10 y quiero platicar contigo.
Él tenía un chingo de sueño, ¿pero como negarse?. La deseaba tanto y ahora ella le pedía esperarla.
Modo tuvo que decir que por supuesto la esperaría.
Él solo tuvo una clase y quedó libre desde las 18 horas.
Tomó su radio y se comunicó al trabajo.
-No hay novedad jefe, todo normal.
Le contestó la voz en la bocina.
Perfecto, podría dormir después de hablar con Taran y quedarse en la cama hasta tarde el día siguiente.
Pero faltaban casi 4 horas, así que buscó un lugar discreto, en las jardineras detrás de los salones del edificio B y se quedó dormido.
Acababa de cerrar los ojos, cuando uno de sus amigos se acercó y comenzó a fastidiarle.
Ya no pudo dormir.
Por lo menos se la pasó divertido con sus cuates y el tiempo se pasó rápido.
Faltando 25 para las 10 apareció Taran.
-Que bien que me hayas esperado; ¿me invitas a cenar?.
Algo estaba mal, ella siempre se había negado a salir con él.
Y ahora era ella quien sugería la invitación.
No hubo tiempo de pensar y maquinalmente contestó:
-¿A dónde quieres ir?.
Salieron de la escuela, y se encaminaron a insurgentes, buscaron un lugar donde estar y por fin se decidieron por alguno.
Platicaron banalidades y él, asía supremos esfuerzos por mantenerse alerta.
Ambos sabían que eso no era lo común, pero ninguno se atrevía a mencionar algo específico.
Terminaron la cena y ella en ningún momento planteó el porqué de la misma.
Abordaron un taxi y la acompañó hasta su casa.
Al llegar ella dijo:
-¿Sabes?, mis papás están en Tampico; si me acompañas te invito un café. Estoy sola en casa.
Más rarezas, él se había pasado dos semestres invitándola a salir casi diario y siempre se negó; sin embargo ahora ella se invitó a cenar y además le habría las puertas de su casa y le indicaba que estaba sola.
Él no entendía nada sin embargo era una oportunidad muy tentadora y se dejaría llevar hasta donde ella quisiera.
Mientras ella buscaba sus llaves, él modificó el estatus de su radio y sintonizó solo la frecuencia de emergencia y la dejó en activación automática.
De esta manera, él podría escuchar cualquier llamada y poder determinar si la contestaba o no.
Esa era una buena forma de ser molestado lo menos posible.
De hecho sintió la tentación de apagarlo, pero era un riesgo alto y no quiso correrlo.
Maldita sea la hora en que no quiso apagar el radio.
Pasaron a la sala y se sentaron un momento.
Ella continuó hablando de cualquier cosa.
-¿Me esperas en lo que te preparo un café?.
Era el momento y él no quiso dejar escapar su oportunidad.
Mucho tiempo después tuvo una oportunidad igual o mejor y el recuerdo de aquel momento lo izo detenerse.
-Te acompaño a la cocina.
Caminaron juntos y el percibió el perfume que emanaba la piel de ella.
Mientras colocaba en la parrilla el agua para el café, la tomó de los hombros y con un movimiento suave pero firme le izo girar la cabeza.
Antes de que ella pudiera reaccionar, él la besó, la besó con toda la pasión reprimida.
Con esa pasión que llevaba 3 años reprimida en su pecho.
El era alguien poco común, cuando una mujer le gustaba y no era correspondido se resignaba a no insistir pero su pasión no se olvidaba; simplemente quedaba guardada intacta para una mejor oportunidad.
Ahora estaba sucediendo, la tenía ahí, y le estampó en sus labios un ardiente beso donde de ser posible hubiera depositado el corazón.
Esperó la bofetada de ella, pero sorprendentemente la bofetada no llegó y ella permaneció inmóvil con los labios entreabiertos, invitándole a continuar los besos.
Marcos hubiera deseado prever la reacción de ella pero se quedó congelado con una reacción tan distinta.
Ella movió sus brazos y le rodeó el cuello.
Al sentir su piel Marcos reaccionó.
La tomó de la cintura y atrajo su delicado cuerpo hacia él.
Así con ella entre sus brazos pasó mucho tiempo, por lo menos el no sabría determinar cuanto.
Sentía su aliento en el rostro y olía su perfume y tocaba su piel.
Deslizó sus manos por la espalda de ella, y comenzó a desabotonarle la ropa; lo hizo con cierta timidez, temía que en cualquier momento despertara de aquel sueño o que ella se separara frenándole en seco las intenciones.
Lejos de eso, sintió las manos de ella moverse entre la botonadura de su camisa, ella correspondía las caricias y también le quitaba la ropa a él.
Todo seguía estando fuera de lugar. En otros días él había rogado y suplicado que ella le permitiera cortejarle y ella siempre fue inflexible; y ahora sin pronunciar palabra alguna sin acuerdo previo estaba con él, a solas y dispuesta a cualquier cosa.
Entre besos y caricias continuaron aquel juego sexual y ella dejó que le desnudaran.
Marcos una vez que terminó de quitarle la ropa y concluyó de quitarse la suya la levantó en vilo y con ella en brazos caminó hasta una silla.
Se sentó y la sentó a ella sobre sus piernas y mientras la besaba una vez más le estrechó la cintura y la fue atrayendo hacia él.
Le besó con pequeños besos cortos los senos y empezó a penetrar en su vientre.
Ambos se estremecieron y justo en ese momento el inoportuno radio chasqueó.
Y de la bocina brotaron algunas palabras que nunca debieron sonar.
La voz electrónica dijo:
"Pantera 55, tenemos un 2.11 en progreso y Halcón quiere verte en el nido".
Se abrazó con fuerza al cuerpo de ella y pensó en cortar la señal del radio.
Pero la voz insistió:
"Pantera 55, Halcón quiere verte en el nido ahora, tienes 20 segundos para reportar tu posición".
"Un 2.11 en progreso, prioridad naranja".
Quería morir antes que separarse de ella; pero la orden era terminante y precisa.
Si se detenía a explicar no la soltaría, así que sin pensarlo se puso de pie con ella en brazos y la separó rápidamente de él.
Ella quiso protestar, pero el le indicó con el dedo en los labios que callara.
Tomó el radio y con voz trémula contestó:
-Pantera 55 alerta, espero órdenes.
Le explicaron que tenía que presentarse en los Pinos inmediatamente.
-Claro en un par de horas cuando esté listo me presento.
El radio escupió:
-Debe ser ahora, y si nos indica su posición enviamos la patrulla más cercana, a recogerle.
Colocó el botón en silencio, y lanzó una imprecación al aire.
-Bien espero algún transporte en 10 minutos en la esquina de Av. Las fuentes y Fuego en San Ángel; cambio y fuera.
No quiso implicar a la chica y por eso dio una dirección baga.
Quizá si hubiera dado su posición exacta, el mismo hubiera sido detenido y quizá eso hubiera sido mejor.
Maquinalmente se puso su ropa, sin decir palabra.
Tarin estaba sorprendida.
Se acercó a él. Le tomó el brazo y dijo:
-¿Qué pasa?, ¿porqué te vistes tan a prisa?.
Él, solo acertó a decir:
-Lo siento, tengo que irme.
-¿Algo pasa que me dejas así?.
El no había comentado nunca con ella en que trabajaba y con un 2.11 en progreso y además con prioridad naranja, no podría explicarlo.
-Tengo que estar a dos cuadras de aquí en 5 minutos, es un asunto de trabajo.
Ella insistió:
-¿Te das cuenta?, estábamos haciendo el amor, me estaba entregando a ti y tú, solo dices que algo de trabajo. ¿Qué clase de burla es esta?.
Él, sintió ganas de abrazarla y comenzar de nuevo, el juego amoroso.
Pero no era posible, así que solo comentó:
-Perdóname, si me das oportunidad otro día será. Te prometo explicarte todo a detalle y también te juro que te amo.
Ella aspiró con fuerza y le descargó en el rostro una bofetada con toda la fuerza de la que era capaz. Él, no pudo reaccionar por que antes de que se diera cuenta ella volvió a golpearle y lo hizo una y otra vez hasta que su mano quedó adolorida y fatigada.
Al fin cuando los golpes cesaron, ella le increpó:
-¡Lárgate, no quiero volver ha verte nunca, nunca!, ¿Lo entendiste?, ¡nunca!.
Él tomó su bastón y salió a la calle.
Sentía dolor en sus partes íntimas por el deseo reprimido y sentía un profundo malestar en el alma por todo el suceso.
El radio sonó:
-Pantera 55 ¿Dónde está? La patrulla no lo localiza en el lugar acordado.
Presionó con fuerza el botón de trasmisión y sin formalidades y con una furia mal contenida vociferó.
-No encontraba mis calzones, pero ya llego.
Dio vuelta en la esquina y en cuanto la patrulla lo vio avanzó Asia él.
-Suba.
Escuchó que le decían.
La portezuela se abrió y el subió con prisa.
Sentado en el despacho privado del halcón escuchó:
-Felicidades, hizo usted un excelente trabajo, nada de ruido.
Ya se podía haber guardado esas felicitaciones para un mejor momento, pensó él.
-Pero esto no ha terminado. Usted tiene que acabar lo que empezó.
Movió la cabeza afirmativamente, pero no sabía a que se refería el presidente.
-Tengo aquí un sobre con sus instrucciones.
Le ofreció un sobre verde con muchos papeles.
-Ya sabe, discreción ante todo; sus órdenes están cifradas por que a parte de usted nadie debe conocerlas completas.
Movió de nuevo la cabeza, afirmativamente.
-Bien señor, ¿con qué recursos cuento?.
El presidente sonrió peligrosamente:
-Compa, cuente con todos los necesarios siempre y cuando no haya ruido, e incluso si tiene que desaparecer testigos no dude en hacerlo.
El halcón comenzó a repartir órdenes a los otros presentes, mientras él, comenzó a trazar el plan en su cabeza.
Las hélices del helicóptero asían un constante sonido mientras Marcos y sus hombres revisaban cuidadosamente el equipo.
Ajustaban los silenciadores en las pistolas y ametralladoras.
Revisaban su dotación de balas.
Cambiaban pila a sus trasmisores y acomodaban las lámparas y demás equipo.
La aeronave tocó tierra en un pequeño claro en el bosque.
Los hombres cargaron rápidamente las mochilas con lo necesario y se pusieron en movimiento.
Solo Marcos y su segundo permanecieron un instante junto al transporte.
-Recuerde debe estar aquí en cuanto se le indique por radio.
Está bajo consigna de silencio, e involucrado en un 2.11 por lo que solo obedece mis órdenes sin importar ninguna circunstancia. ¿Quedó claro?.
Tomó el hombro de su segundo y se alejaron rápidamente.
El helicóptero se elevó y no quedó ningún rastro del desembarque.
El grupo compuesto por 14 hombres se desplazó en silencio y borrando cualquier rastro que delatara su presencia.
Llegaron hasta el camino vecinal donde montarían el retén.
Marcos, envió a 2 de sus hombres a explorar el terreno.
Uno de ellos le comentó que 800 metros adelante había un vado en el río donde cruzaba el camino y que era el lugar perfecto para una sorpresa.
Se dirigieron a ese lugar y rápidamente su segundo le explicó a detalle la situación del lugar.
Trazó una imagen mental del sitio y ordenó:
-Metanse todos al agua y preparen un callejón jomgan.
Uno de sus hombres preguntó:
¿Estaremos así poco tiempo verdad?.
Marcos se acercó y descargó un puñetazo en pleno rostro del hombre.
-Estúpido, las órdenes y las preguntas aquí las doy yo. No caben tus observaciones. Obedece y cállate.
Todos se colocaron en posición y Marcos ordenó:
-Mantengan las armas listas, en cuanto yo dé la orden Pantera 1 marcará el alto.
El mismo Marcos entró en el agua y ocupó su posición de mando.
Podría quedarse cómodo, recargado contra un árbol pero prefirió acompañar a sus hombres.
-Pantera 18, vete al recodo a 500 metros e identifica el objetivo. Recuerda, camioneta doble rodada color verde pistache placas de Tamaulipas.
Se acomodó la cartuchera y el radio y agregó:
-La señal es: "ave". No quiero ningún otro ruido en el radio. ¿Quedó claro a todos?.
Que curioso, pensó, Tarin también es de Tamaulipas.
Pasaron largas horas y los mosquitos se estaban dando un festín con ellos.
Tenían casi todos los músculos tumefactos.
El agua que al principio era un alivio para el sofocante calor, ahora era un verdadero fastidio.
El radio siseó:
-"ave".
Marcos agudizó sus oídos y pudo escuchar el motor de la camioneta.
Era una Ford y el cascabeleo del motor al ir ascendiendo la pendiente así lo hacía notar.
Dijo con voz baja pero firme:
-Todos preparados. Pantera Uno, cuando la camioneta se acerque al agua marca el alto. Si no se detiene o abren fuego disparen a matar. Ya saben, sin ruido.
En realidad Marcos ya sabía que la camioneta no se detendría y que abrirían fuego.
Marcos sabía mucho más pero nada de lo que sabía tendría por que explicarlo.
El motor sonó con fuerza y el sonido de las llantas contra la tierra suelta se escuchó con claridad.
Cuando los faros de la camioneta iluminaron el agua, apareció frente a ella una solitaria figura, que encendió una potente lámpara de neón y gritó:
-Deténganse.
No pudo decir más por que un fogonazo iluminó el ambiente y el tableteo de un Cuerno lo hizo callar.
Afortunadamente, Pantera Uno, estaba preparado para tan caluroso saludo y se tiró a un lado justo a tiempo.
Mientras se cubría junto a una roca empezó a disparar su UCI.
Marcos ordenó a los demás:
-Fuego, que no quede nadie vivo.
Era la principal orden que recibió de Halcón.
-"Nadie debe sobrevivir, los muertos no hablan".
Se escucharon ráfagas de diferente calibre, varias figuras salieron de la camioneta y la batalla se generalizó.
El conductor aceleró para escabullirse aprovechando la confusión.
No lo consiguió.
En cuanto las llantas delanteras tocaron la línea que el agua formaba se oyó una detonación apagada y el eje delantero de la camioneta voló en mil pedazos.
Los sicarios de la camioneta eran profesionales e intentaron establecer una buena defensa de la misma.
Pero los atacantes estaban por todos lados y además sus armas no hacían ruido.
En circunstancias normales era fácil deducir, qque se trataba de armas con silenciador, pero ahora la sorpresa y la velocidad de los acontecimientos no permitían pensar con claridad.
Los atacantes perfectamente parapetados y conocedores de la situación y dueños de la sorpresa fueron abatiendo a los defensores de la camioneta.
Poco a poco el silencio volvió a adueñarse del lugar.
Se escuchaban débiles gemidos pero los hombres salieron de su escondite y de forma profesional y sin titubeos repartieron tiros de gracia.
Marcos dijo:
-No quiero a nadie vivo.
Los hombres rápidamente reconocieron el lugar y subieron a la camioneta a reconocer la mercancía.
Alguno de ellos dijo:
-Jefe aquí hay suficientes armas para hacer una revolución.
Otro hombre que cuidadosamente había abierto la portezuela del conductor encontró al hombre que manejaba traspasado por 8 balas.
Lo tomó del cabello y tiró de él. Dándole un balazo más con su pistola 45.
El cadáver calló inerte sobre la arena.
Se inclinó, dentro de la camioneta para observar, con la lámpara en mano y o sorpresa.
Alguien más estaba ahí.
Empuñó firmemente su pistola y dijo:
-Baje con las manos en alto.
-Cuidado con sus movimientos por que se muere.
Una mujer de edad madura bajó temblando y con los ojos arrasados en lágrimas.
El hombre gritó a su jefe:
-Venga, hay cambios en el programa.
Marcos se acercó:
-¿Qué pasa?, ¿tienes problemas con tus órdenes?.
El hombre balbuceó:
-Jefe, es una mujer, y no sé si es cómplice, o viene secuestrada.
Marcos se llevó la mano a la pistola y espetó con voz molesta.
-Dije, todos muertos, y cuando digo todos, es todos. ¿Hay más dudas?.
Sorpresivamente la mujer habló:
-Maldito asesino, si es muy hombre, máteme usted mismo.
Si Marcos hubiera podido ver aquel rostro hubiera visto a Tarin, la misma mirada, los mismos gestos.
Sus hombres ya habían terminado su trabajo así que los rodeaban.
Uno de ellos le dijo:
-Jefe, usted es muy contundente dando órdenes. Pero me pregunto: ¿Tendrá estómago para matar a una mujer a sangre fría?.
Marcos se dio cuenta de la situación, no había tiempo que perder. Sacó su Doble águila y le dio dos tiros a la mujer.
Giró rápido y tomó a su subordinado de los cabellos metiéndole la pistola en la boca.
-Óyeme bien hijo de puta. La próxima vez que me cuestiones los dos tiros los recibirás tú. ¿Entendiste?.
-Si.
-¿Cómo dijiste?.
-Sí señor.
Ordenó:
-Limpien esta porquería, y llamen al transporte.
En 25 minutos el lugar estaba completamente limpio y no había señales del combate llevado a cabo.
Un par de camionetas cerradas llevaban los cuerpos y las cajas encontradas en las redilas de la camioneta.
Marcos ordenó a 4 de sus hombres:
-Ustedes, son responsables de llevar esa carga al lugar convenido. Y con su vida me responden si la carga no llega o alguien indiscreto la vé.
Los demás le acompañaron en su trayecto al helicóptero.
Sentado en su escritorio intentaba organizar sus ideas para redactar su informe.
Sentía demasiado sueño, tenía ya 3 noches sin dormir.
Su cerebro no podía concentrarse en aquel maldito informe.
Quería estar en su cama. No, en la cama de ella, recreaba en su mente los labios y el cuerpo de Tarin.
Evocaba su piel y sus caricias, recordaba como su cabello en desorden completaba el cuadro fantástico de amor.
No importaba, ya tendría otra oportunidad, le explicaría todo e incluso le rebelaría en que trabajaba, aunque eso era prohibido mencionarlo. Haría cualquier cosa para convencerla y volvería a tenerla en sus brazos.
Salió de su oficina con una sensación de vacío.
El halcón en persona lo había visitado y hasta le había hecho un regalo.
Esa distinción era suficiente para que cualquiera en su lugar se sintiera en las nubes.
En cambio, él, sentía un extraño vacío y una pesada tristeza le IVA invadiendo inexorablemente.
Llegó a su casa y durmió con ese sueño sin sueño que presagia tormenta.
Un ruido indefinido le hizo despertar.
Checó el reloj y la hora le pareció extraña.
Encendió el televisor y unos instantes después se dio cuenta de la situación.
Había dormido casi 24 horas seguidas.
Una semana después, no encontraba a Tarin por ningún lado.
Las amigas de ella le comentaron que no asistió a la escuela en toda la semana.
Salió del metro universidad y se encaminó rumbo a la escuela como todos los lunes.
Ya dos semanas sin saber de ella.
Caminaba distraído como sonámbulo.
Una mano le cojió fuertemente de los cabellos y le hizo girar la cabeza.
Por un instante el no supo que hacer o que pensar, pero una fracción de segundo después ya deslizaba su mano hasta encontrar la familiar empuñadura de su Doble Águila.
La voz de ella lo congeló.
-Asquerosa basura, te andaba buscando para decirte que te odio.
Una terrible bofetada descargada con convicción y coraje cayó sobre su mejilla.
-Deja te explico.
Un segundo golpe aún más fuerte calló sobre su rostro.
-¿Qué me vas a explicar?. ¿Me vas a contar como acecinaste a mis padres?.
Y varios golpes más se impactaron contra su humanidad.
Él, no pudo reaccionar. No podía entender lo que pasaba.
Se preguntó: ¿A qué se refería ella?.
-¿De qué hablas?.
Ella con los ojos arrasados en lágrimas le espetó.
-¿Recuerdas el incidente ocurrido en el río?. La pareja que iba en la cabina eran mi padre y mi madre.
Marcos entendió a que incidente se refería ella pero no entendió de qué forma ella se había enterado de dicho incidente.
La prensa no había mencionado nada.
Sin embargo ella lo sabía todo.
Marcos sintió una gran desolación.
Ahora estaba solo y si alguna oportunidad hubo en algún momento esta quedaba sellada para siempre.
Ella sacó, de su bolso de mano una pequeña pistola, de calibre alto.
Marcos escuchó como se cortaba cartucho en la pistola de la muchacha.
Apretó sus músculos para disimular su temor.
Se preguntó:
-¿Será mejor así?.
No pudo evitar la sensación de miedo y vacío que se siente antes de morir, y su vida cruzó en un instante en su cabeza.
Escuchó la detonación que se convirtió en mil ecos en su oído. Bank bank bank bank bank…
Un rechinido de llantas le despertó.
Había tantas preguntas sin respuesta.
Solo encontró en uno de sus bolsillos una hoja de papel.
"Cuando leas esto yo estaré muy lejos…
No me busques, estamos a mano."
Luis González.