Ingrata devoción
Ingrata devoción del alma mía,
si querías dar el golpe, ya lo diste.
¿Pero cómo arrancarte de mi vida,
si vivo solamente para amarte?
No te quiero acosar; nunca lo haría.
La vida se me va sin contemplarte;
el ánimo se agota como el aire
y el alma se condena sin mirarte.
Te corresponde, entonces, acabarme.
Ya no finjas esperas ni paréntesis;
dicta, pues, la sentencia de tu saña
y destruye mi vida sin más trámites.
Bruselas, a 24 de marzo de 2003, con frío en el cuerpo, en el alma y en el
corazón.
_Luis Gutiérrez Esparza