SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
Por Raúl Espinosa Gamboa
* La Décima Musa
Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz nació en la Hacienda de San Miguel (en el hoy Estado de México) el 12 de noviembre de 1651. Su padre era vasco y murió en 1669, mientras que su madre, Isabel Ramírez, mexicana, falleció alrededor de 1668. De su infancia se sabe con suficientes elementos de certeza que no había cumplido tres años cuando, acompañaba a su hermana a la escuela, y a esa edad aprendió a leer y que muy joven dejó su tierra natal pues sus ansias de saber habían rebasado las posibilidades que ahí se tenían. Juana Inés se realizó como autodidacta, sin embargo, fue dueña de una capacidad intelectual superior a la de la mayoría y, además, pervive la fama de su belleza física.
La joven Juana aprendió latín en la ciudad de México y "fue introducida a la Corte por la virreina, la marquesa de Mancera, y dos años después dejó asombrados a 40 excelsos doctores por su sabiduría. Algunos años después, ante la disyuntiva de casarse con un rico menos inteligente que ella o meterse en un convento, optó por la segunda alternativa ingresando a la Orden de las Carmelitas Descalzas en 1667".
Allí su intento fue, según sus propias palabras, "sepultar con mi nombre mi entendimiento", sacrificándoselo a Dios. Debido a esto, procuró no escribir ni estudiar. Así optó por sacrificar lo mejor de sí, la luz de su inteligencia, a quien se la había dado; "pero desborda infinitamente tanto a la poesía como a los libros".
La historia de Sor Juana está marcada por una serie de obligaciones literarias (poemas hechos por compromiso) algunos de los cuales se pueden observar en algunas de sus Obras; esto aunque lo intentó Sor Juana no pudo negarse.
Durante el gobierno de los marqueses de la Laguna (1680-86), con quienes tuvo gran amistad, se vieron empañados por el rompimiento con su confesor, el cura Núñez de Miranda, por haber hecho el arco triunfal llamado "Neptuno Alegórico". Sor Juana terminó su relación con el jesuita porque éste la acusaba de no seguir el camino que, según él, debía seguir toda monja: retraimiento y retiro. Profunda herida debieron dejar en ella tanto las reprensiones como el inevitable fin de esa amistad.
La famosa poetisa había adquirido notabilidad, y le resultaba difícil alejarse de la escritura. Para entonces tenía concluido el único poema hecho, por propio gusto: "El Sueño" más conocido como "Primero Sueño" y para 1689 apareció en España el primer volumen de sus Obras, "Inundación Castálida".
El año de 1690 fue especialmente significativo en la vida de Sor Juana. Su fama la llevó a exclamar: "¿de qué envidia no soy blanco? ¿De qué mala intención no soy objeto? ¿Qué acción hago sin temor? ¿Qué palabra digo sin recelo?" pues se hizo que circulara entre los habitantes de Nueva España un texto conocido como "Carta de Sor Filotea de la Cruz a la poetisa", escrita por el arzobispo de Puebla, "pidiéndole que abandonara sus ansias mundana de saber y se dedicara de lleno a la religión".
El escrito de La Décima Musa, conocido como "Respuesta a Sor Filotea de la Cruz", es un bello alegato a favor de la necesidad de conocer y sobretodo de la dignidad de la mujer. Por su parte el sacerdote Núñez de Miranda que nunca había renunciado a ejercer su antigua influencia sobre Sor Juana, "quién siguió presionándola para que dejara la pluma, vende sus libros y sus apuntes científicos".
El año 1692 fue duro para la Nueva España en cuanto a las cosechas de granos, lo cual fue aprovechado por los adversarios de Sor Juana y difundieron falazmente que "por ello Dios los reprendía. Hubo rogativas y procesiones, por lo que Sor Juana debió reflexionar y hacer examen de conciencia".
En sus últimos años se menciona que "cayó en gran depresión y cuando una epidemia asoló en San Jerónimo, Sor Juana, cuidando a sus hermanas, contrajo la enfermedad y muere el 17 de abril de 1695, día que será para la Décima Musa "el principio de la eternidad".
QUÉJASE DE LA SUERTE:
(insinúa su aversión a los vicios,
y justifica su divertimiento a las musas)
¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.
Y no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.
CONTIENE UNA FANTASÍA
(contenta con amor decente)
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
REDONDILLAS
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.