HOMENAJE A FRANCISCO ALSINA
Este escrito es para un gran hombre al
que amé de corazón, y que muchos de ustedes conocieron y para quienes no tuvieron
la oportunidad, espero esto les sirva de reflexión y ejemplo, para seguir
luchando y no bajar los brazos y así seguir adelante hasta el último de sus
días.
Esto forma parte de mí agradecimiento a
Dios, en primer lugar por haberme brindado la posibilidad de conocer y haber
formado parte de la vida de Francisco; vida que me llenó de satisfacciones y
enseñanzas, vida que me dio de regalo a este ÁNGEL que me enseñó que ¡sí se
puede!
Francisco fue un hombre de gran
sabiduría y amor, un hombre que se transformó en FARO aunque él no podía ver la
luz…
FRANCISCO ANTONIA ALSINA (1938-2007)
FRANCISCO eras un hombre de gran
entereza, fortaleza, lucha, simpleza, constancia y ejemplo a seguir, quizás ni
te imagines la satisfacción que encontré en cada una de tus palabras porque
dentro de la simpleza de tu mensaje se traslució para mí la grandeza del alma
que supo descubrir detrás de cada persona a un ser humano, como lo somos todos.
Le doy gracias a Dios porque nos
enseñaste y mostraste un mundo nuevo en el que también podemos amar al prójimo
brindándoles servicios destinados a su bien.
Tú no sabías quién era tu prójimo, ni
donde estaba, pero lo adivinabas allí, detrás de esa oscuridad que te rodeaba
y, sin conocerlo lo amaste, porque sabías que en lo más íntimo de su ser,
necesitaba sin pedir, gritaba sin gritar, lloraba sin llorar y tenía una enorme
esperanza de que se le reconozca y trate como un ser humano distinto, no solo
de carne y huesos, sino también con inteligencia, voluntad, emociones y
fundamentalmente vida que quiere vivir.
Tu enseñanza siempre fue que “Si el
resto del mundo se daba cuenta de esto, los discapacitados darían un paso
maravilloso hacia la plenitud de sus vidas, distintas, es verdad, pero no menos
llenas de alegrías y oportunidades que valen la pena vivirse. Dejando de ser
objeto de lástima, de indiferencia, de segregación o de justificación para
ciertas actividades de investigación como especimenes raros, para transformarse
en verdaderos actores de sus propias vidas, interactuando en plenitud de
dignidad, incluso con quienes pueden llevar una vida “normal” No le temías a
las palabras, pues tenías gran valentía y sentido común como amor hacia tu
prójimo.
Tú, tras haberte adaptado a tu
limitación, utilizabas la tecnología para lograr el máximo de tu autonomía y
hablar en un mundo sin fronteras que te proporcionaba la Internet y tocando el
corazón de los demás.
Has sido un claro exponente de amor,
comprensión y aceptación de las limitaciones.
Realmente tu ejemplo ha dejado en mí un
gran tesoro, el de la vida, mostrando tu amistad siempre presente, la entrega
incondicional, la aceptación del otro tal cual es, la de no rendirse nunca, la
de cooperar y compartir siempre, la de poder confiar en uno mismo, respetar y
asumir riesgos, el luchar por las metas, el sonreír y mantener un espíritu
fuerte ante cualquier circunstancia y sobre todo el de tu amor.
FRANCISCO para quienes te conocimos
siempre estarás en nuestra memoria y recuerdo afectivo, pues te brindaste, de
todo corazón, sin dobleces ni mentiras, vos elegiste tu camino, que no era
decisión fácil, sin rencores, dobles intenciones ni cálculos mezquinos. En
éste, creo yo, el último recodo de tu vida te ganaste el respeto de todos como
lo hiciste siempre, es decir, con defectos y virtudes, como cualquiera de
nosotros. No sé si la ceguera insidió o no en el nuevo enfoque de la vida pero
la asumiste con absoluta responsabilidad y continuidad de la personalidad de
quien todos conocimos íntimamente, con sencillez, tranquilidad, seguridad y con
toda tu fe puesta en Dios, de cuya Misericordia dependiste y en la que
esperaste hasta el último de tus días.
FRANCISCO gracias por abrir tu corazón;
GRACIAS, por el privilegio de haberte
conocido.
GRACIAS, por mostrarme tu nivel de lucha
constante, tu fe en Dios.
TE EXTRAÑO, pero vivo contenta sabiendo
que gozas de los placeres celestiales, al lado de alguien tan hermoso como es
el Señor Jesús
FRANCISCO, te quise con profundo
sentimiento por favor,
Dale un abrazo de mi parte a Dios y dile
CUANTO ANHELO SU ROSTRO VER
Aunque no ha terminado mi camino
FRANCISCO, me alegra que estés junto a
él.
Ahora, vivirás y gozarás eterna paz.
Con tu gran ejemplo de esperanza y fe
En medio de tu lucha pude ver, la gracia
el poder y el amor de Dios.
FRANCISCO, hoy y siempre vivirás en mi
memoria
Y en mí corazón,
Tu sonrisa hoy alegra el cielo y tu
sueño ya se realizó.
En Jesús.
Autora: Elisabet Paredes. San Juan,
Argentina.
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