Nuestro homenaje a Pablo Neruda.
El 12 de julio de 2004 se cumplen cien años del nacimiento de este insigne poeta
chileno y, pese a que la intelectualidad europea parece no haberse enterado
(o al menos ésa es la impresión que tenemos), no podemos silenciar este
hecho. Vaya pues nuestro homenaje a quien tantas horas de placer poético nos
ha brindado.
Pablo Neruda, seudónimo de Neftalí Ricardo Reyes, nacido en Parral,
Linares (Chile), en 1904. De 1920 a 1927 residió en Santiago, y en esa época
escribió sus primeros poemas: "La canción de la fiesta" (1921),
"Crepusculario" (1923) y "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"
(1924), títulos que muestran las primeras fases de su evolución, desde sus
inicios posrubenianos hasta la adquisición de un tono más personal y libre
de la expresión poética.
En 1927 empezó su existencia viajera y ocupó varios cargos consulares
en China, Ceilán y Birmania.
"Residencia en la tierra" (1933) le reveló como un poeta de intensa
originalidad, vinculado indirectamente con la corriente surrealista.
Entre 1934 y 1938 ocupó el cargo de cónsul de Chile en España y en esos
años entró en contacto con escritores españoles de la Generación del 27.
En 1941 se instaló en México y, posteriormente, regresó a su patria
donde, en 1945, fue nombrado senador.
En 1971 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura y fue nombrado
por Salvador Allende embajador en París.
Murió en 1973, poco después del golpe de estado de Augusto Pinochet.
En 1974 se publicaron póstumamente sus memorias bajo el título de
"Confieso que he vivido".
Entre 1952 y 1954 escribió sus muy conocidas "Odas elementales"
(elementales porque se refieren a distintos "elementos" que rodean nuestra
vida). En la primera colección de odas, por ejemplo, le escribió al libro, a
la alcachofa, al cobre, al edificio, a la esperanza, a la flor, al hilo, al
mar, etc., etc.
De estos poemas hemos elegido la "Oda al tiempo" y la "Oda al tomate"
que incluimos a modo de homenaje a uno de los más grandes poetas de la
lengua castellana.
Oda al tiempo
Dentro de ti tu edad
Creciendo,
Dentro de mí mi edad
Andando.
El tiempo es decidido,
No suena su campana,
Se acrecienta, camina,
Por dentro de nosotros,
Aparece
Como un agua profunda
En la mirada
Y junto a las castañas
Quemadas de tus ojos
Una brizna, la huella
De un minúsculo río,
Una estrellita seca
Ascendiendo a tu boca.
Sube el tiempo
Sus hilos
A tu pelo,
Pero en mi corazón
Como una madreselva
Es tu fragancia
Viviente como el fuego.
Es bello
Como lo que vivimos
Envejecer viviendo.
Cada día
Fue piedra transparente,
Cada noche
Para nosotros fue una rosa negra,
Y este surco en tu rostro o en el mío
Son piedra o flor,
Recuerdo de un relámpago.
Mis ojos se han gastado en tu hermosura,
Pero tú eres mis ojos.
Yo fatigué tal vez bajo mis besos
Tu pecho duplicado,
Pero todos han visto en mi alegría
Tu resplandor secreto.
Amor, qué importa
Que el tiempo,
El mismo que elevó como dos llamas
O espigas paralelas
Mi cuerpo y tu dulzura,
Mañana los mantenga
O los desgrane
Y con sus mismos dedos invisibles
Borre la identidad que nos separa
Dándonos la victoria
De un solo ser final bajo la tierra.
Oda al tomate
La calle
Se llenó de tomates,
Mediodía,
Verano,
La luz
Se parte
En dos
Mitades
De tomate,
Corre
Por las calles
El jugo.
En diciembre
Se desata
El tomate,
Invade
Las cocinas,
Entra por los almuerzos,
Se sienta
Reposado
En los aparadores,
Entre los vasos,
Las mantequilleras,
Los saleros azules.
Tiene
Luz propia,
Majestad benigna.
Debemos, por desgracia,
Asesinarlo:
Se hunde
El cuchillo
En su pulpa viviente,
Es una roja
Víscera,
Un sol
Fresco,
Profundo,
Inagotable,
Llena las ensaladas
De Chile,
Se casa alegremente
Con la clara cebolla,
Y para celebrarlo
Se deja
Caer
Aceite,
Hijo
Esencial del olivo,
Sobre sus hemisferios entreabiertos,
Agrega
La pimienta
Su fragancia,
La sal su magnetismo:
Son las bodas
Del día,
El perejil
Levanta
Banderines,
Las papas
Hierven vigorosamente,
El asado
Golpea
Con su aroma
En la puerta,
¡es hora!
¡vamos!
Y sobre
La mesa, en la cintura
Del verano,
El tomate,
Astro de tierra,
Estrella
Repetida
Y fecunda,
Nos muestra
Sus circunvoluciones,
Sus canales,
La insigne plenitud
Y la abundancia
Sin hueso,
Sin coraza,
Sin escamas ni espinas,
Nos entrega
El regalo
De su color fogoso
Y la totalidad de su frescura.
Nunca te quejes de nadie, ni de nada,
porque fundamentalmente tu has hecho
lo que querías en tu vida.
Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo
y el valor de empezar corrigiéndote.
El triunfo del verdadero hombre surge de
las cenizas de su error.
Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,
enfréntala con valor y acéptala.
De una manera u otra es el resultado de tus
actos y prueba de que tú siempre has de ganar.
No te amargues de tu propio fracaso
ni se lo cargues a otro, acéptate ahora
o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno
para comenzar y que ninguno es tan terrible
para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado
así como la causa de tu futuro será tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes,
de quien no acepta situaciones, de quien
vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus
problemas y más en tu trabajo y tus problemas
sin eliminarlos morirán.
Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande
que el más grande de los obstáculos,
mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte
y dejaras de ser un títere de las circunstancias,
porque tu mismo eres tu destino.
Levántate y mira el sol por las mañanas
y respira la luz del amanecer.
Tu eres parte de la fuerza de tu vida,
decídete y triunfarás en la vida;
nunca pienses en la suerte,
porque la suerte es: "el pretexto de los fracasados".
El maestro entre los hombres
_Y tú ¿qué haces?, Díjole.
Y el hombre le repuso: _Soy Obrero del fierro y del bronce. Mi martillo
machaca el metal sobre la bigornia y de ahí sale el metal purificado.
Vivo escondido detrás de mi fragua, cantando mientras que trabajo. Trabajo,
maestro, y eso es todo.
Y él le respondió: _Trabaja, hermano, Que en tu fragua se está modelando el
porvenir.
_Y tú ¿Qué esperas, mujer?
_Yo soy la esposa del labrador, le dijo, y a él espero. Allá, en la llanura,
bajo el látigo del mayoral y la furia del Sol, él está.
Lo espero en las tardes, en esta colina para que mi sonrisa le haga dulce el
regreso.
Nuestra vida es triste, oh Señor, pero di la palabra que haga bella la vida
del hijo Que duerme en mi vientre.
Y el Maestro le dijo: _Te bendigo, hermana, porque de tu vientre nacerá el
porvenir.
iguió su camino el Maestro. En un recodo solitario un hombre meditaba. Se
acercó a él en silencio y lo observó. Las cejas negras divididas por la
vertical
arruga de la sabiduría, los cabellos grises, la espalda agachada, aquel
hombre era la rebeldía y la fatalidad.
Y el Maestro le dijo: _Piensa, hombre, que tu pensamiento creará el
porvenir.
Y el pensador le sonrió.
Aún se detuvo a interrogar a otro hombre.
Y este le dijo: _Soy soldado. En la paz no hago nada, en la guerra mato.
Encarno la Fuerza que lucha con la Idea. Soy el recipiente del Pasado. Por
dos
cuartos de tierra mataré hombres, destrozaré ciudades, robaré, violaré,
moriré. Mando sin "para qué" y obedezco sin "por qué". Soy soldado.
Y díjole el Maestro: _Hermano, desgarra tu vestidura de guerrero, arroja tus
armas y rebélate, que estás ahogando el Porvenir.
Pero el soldado no le escuchaba.
Pablo Neruda
(1920)
Neruda visitó a Siqueiros en la cárcel la primera vez y en la segunda, le envía –1961 - estos versos desde La Habana:
"Aquí te dejo, con la luz de Enero,
el corazón de Cuba libertada
y, Siqueiros, no olvides que te espero
en mi patria volcánica y nevada.
-
He visto tu pintura encarcelada
que es como encarcelar la llamarada
-
Y me duele al partir el desafuero.
Tu pintura es la patria bienamada.
México está contigo Prisionero.