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August 1906, Nevada-28 August 1987 Rhode Island, USA
John Marcellus Huston fue uno de los
cineastas más singulares que ha dado el cine norteamericano. Aunque respetado y
admirado, nunca se le concedió un sitio entre los directores considerados como
“autores” del cine (Bergman, Kurosawa, Hitchcock, Renoir...) pero su irregular
filmografía, que ocupa más de cuarenta años, arroja un puñado de obras
maestras. Con un estilo intuitivo y funcional, y un talento narrativo
extraordinario, sus películas, entre lúcidas y desesperanzadas, desentrañaron
el sentido de la aventura y el arquetipo del perdedor.
John Huston pertenece a la lost generation,
que sufrió las turbulencias de la Segunda Guerra Mundial y del Macartismo, años
en los que aportó su talento en títulos esenciales del cine negro. Huston, en
cuya biografía ocurren la experiencia militar y el boxeo, había iniciado una
modesta carrera como actor en 1925, a la sombra de su padre, Walter Huston, de
actor pasó a colaborar como guionista, en la película de Raoul Walsh “El último
refugio”, con Humphrey Bogart, En efecto, Huston rescató a Bogart, que moría
como gángster fugitivo al final de aquel film, para convertirlo en el detective
privado Sam Spade de “El halcón maltés”, en el año de su debut como director
1941, logrando una versión magistral de la novela de Dashiell Hammett. Bogart
encarnó a un personaje de perfil turbio en el claroscuro de un choque de
codicia y deseo, en pos de la valiosa estatuilla del halcón. El gangster daba
paso así a un detective menos romántico y erigía un mito en la historia del
cine.
Al estallar la guerra realizó
documentales al servicio del ejército y su regreso a la vida civil se produjo
con el éxito de “El tesoro de Sierra Madre” (1947), donde Bogart se
metamorfoseó en buscador de oro en la sierra mexicana. En esta cinta, que
conquistó el Oscar al mejor guión y dirección, cristalizó el esquema pesimista
de sus personajes perdedores, que veían coronado su esfuerzo con un inesperado
fracaso: el oro arrancado a la tierra volvía al final a ella. De este modo se
sublimaba la figura del “loser”, arquetipo central en su filmografía. Regresó
Huston al cine negro adaptando a Maxwell Anderson en “Cayo Largo” (1948),
enfrentando a Edward G. Robinson, representante del viejo gangster de época de
la depresión, con un Bogart sensibilizado por la presencia de Lauren Bacall
(convertida ya en su esposa en la vida real). Su contribución al género culminó
con “La jungla de asfalto” (1950), título emblemático que humanizó a los
gángsters, liderados por Sterling Hayden, y que fracasaban tras haber asaltado
con éxito la caja fuerte de una joyería, desenmascarando además Huston las
conexiones del hampa profesional con hombres de negocios aparentemente
respetables. Así Huston nos descubrió la trastienda corrupta del poder social.
En “The Red Badge of Courage” (1951),
protagonizada por un soldado desertor, se internó con acidez en la guerra civil
americana y se abonó por esta vez un fracaso (no fue el único pero nunca lo
afligieron, o por lo menos no le derrotaron). Huston lo superó con su
espléndida comedia en Technicolor “La reina de africana” (1952), que reunió en
inhóspitos parajes africanos un dúo formado por un aventurero (Bogart) y una
puritana (Katharine Hepburn). En un cambio de registro espectacular, que volvía
a demostrar su versatilidad como cineasta, capaz de adaptarse a cualquier
género y contar cualquier historia. Huston reconstruyó en “Moulin Rouge” (1953)
los escenarios del París de fines del siglo XIX, para la biografía del pintor
Toulouse-Lautrec (José Ferrer), tratando de buscar con su manejo del color las
equivalencias plásticas de su obra. Luego acometió una versión de una obra
maestra literaria, la épica novela de Herman Melville: Moby Dick (1956). Con un
guión escrito por él y Ray Bradbury, la actuación de Gregory Peck encarnando al
capitán Ahab –antihéroe blasfemo- y Orson Welles, -en la breve pero imponente
aparición del padre Mapple en su púlpito en forma de proa- la fotografía de
Oswald Morris, que combinó una gama de colores fríos simulando la tonalidad
fotográfica del siglo XIX, plasmó una de las obras maestras imprescindibles del
cine moderno.
Con “Sólo Dios lo sabe” (1957) reunió en
una isla del Pacífico a un militar extraviado durante la Guerra Mundial (Robert
Mitchum) y a una monja irlandesa (Deborah Kerr), con remembranzas de La reina
de Africana. El contraste entre ambos sexos, que siempre le interesó al
cineasta, reapareció en “El bárbaro y la geisha” (1958), que enfrentó en el
Japón decimonónico a John Wayne y Eiko Ando. Huston recuperó su pulso con el
western “Los que no perdonan” (The unforgiven 1960), reclutando a Audrey
Hepburn, convertida en epicentro de una familia de pioneros que se enfrentan a
los indios.
Su siguiente film, “Los inadaptados”
(The Misfits, 1961), resultó emblemático. Con un texto de Arthur Miller, en el
ocaso de su relación sentimental con Marilyn Monroe, reunió al “símbolo sexual”
con Clark Gable en el papel de un cowboy declinante. Rodada en Nevada, este
film crepuscular acerca del fracaso existencial serían las últimas apariciones
ante la pantalla dos de los más grandes símbolos que ha dado el cine: Marilyn y
Gable. A más de cuarenta años de distancia, aun resulta actual y conmovedora.
A los 60 años, Huston se encontraba en
la situación de un director prestigioso, pero, aparentemente, con pocas
novedades que ofrecer. Instalado en Irlanda, tierra de sus antepasados, recuperó
el pulso al tomarse el atrevimiento de explorar la homosexualidad oculta tras
el poder militar, (paradoja de las deformaciones de una sociedad represiva y
tolerante a la vez) realizando “Reflejos en el ojo dorado” (1967), con Marlon
Brando y Elizabeth Taylor. Pero su resurrección artística llegó con su film
pugilístico “Fat City” (1972), sobrio y preciso, que constituyó a la vez la
exploración de un ambiente que conocía bien y un retrato implacable de sus
sujetos perdedores en la encarnizada lucha por la sobrevivencia.
“El hombre que quiso ser Rey” (The Man
Who Would Be King, 1975) subvalorada y casi olvidada. Es una obra que intenta
recuperar el género de aventuras, basada en una historia de Rudyard Kipling,
explora con sencillez y honestidad los vericuetos del conquistador que somete a
pueblos y naciones al coloniaje imperialista. Naturalmente que en esta historia
el conquistador fracasa, o mejor dicho, Huston lo hace fracasar para seguir
siendo fiel a su visión que glorifica al perdedor. La película es una pequeña
obra maestra y una crítica a la ambición desmedida, engalanada con la actuación
de Sean Connery y Michael Caine.
Todavía demostró Huston destellos de talento en su duro alegato
contra el fanatismo religioso en “Sangre sabia” (Wise Blood (1979); o en su muy
personal y controvertida versión de la obra maestra de Malcom “Lowry Bajo el
volcán” (1984); o en su mirada irónica a la mafia norteamericana en “El honor
de los Prizzi” (1985), erigida en pedestal para su hija, Angélica Huston.
Con mala salud, las compañías de seguros se negaban a asumir el
riesgo de sus rodajes. Pero tuvo todavía ocasión de dirigir un viejo proyecto,
Los muertos (1987), inspirada en el último relato de James Joyce, que con su
velada en casa de dos solteras en Dublín (Helena Carroll y Cathleen Delany)
adquirió la envergadura poética de un testamento de su autor en vísperas de su
muerte.
El balance de su carrera ofreció una
impresionante galería de personajes broncos, marginales o frustrados, víctimas
de la violencia interior o exterior, percibidos por una mirada desencantada,
cuya visión pesimista de la condición humana ofreció un contrapunto de gran
dureza a la, muy americana, visión sonrosada y feliz ventilada usualmente por
el Hollywood optimista. Actor, escritor, guionista y un Director de excelencia.
Para Mi lente, significa un reconocimiento al más puro y sincero cine de
entretenimiento, de solaz y esparcimiento, que demuestra que se puede hacer
cine comercial y al mismo tiempo una obra de arte, si hay detrás de la cámara
el genio y la pasión de un John Huston. El mejor homenaje que podemos hacerle,
resulta un regalo al espectador. Les recomiendo rentar o comprar sus películas.
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.