HOLA PACO.

Por Bulmaro Landa Quezada.

El primer recuerdo que tengo de ti es cuando yo tenía cinco años, estaba por nacer mi hermano Rodolfo, la comadrona estaba en casa y a mí me llevaron a la tuya, ésa experiencia no la podré olvidar, estar en casa de la tía Juanita y poder jugar con mis primos fue sin duda una experiencia inolvidable, por que tú la hiciste fantástica, es decir llena de fantasías, los juegos en los que éramos árabes y protagonizábamos los cuentos de las mil y una noches, nuestras túnicas eran las sábanas de la tía, lo mismo que nuestros turbantes, pero sin duda alguna el mejor momento fue cuando tu nos diste a comer "polvitos mágicos", es decir el azúcar glass y la gelatina en polvo, de la despensa, que saqueabas sigilosamente, me llevabas cinco años, pero siempre la imaginación, un carácter alegre, la vivacidad y una sonrisa maliciosa te acompañaron toda tu vida, después siguieron días inolvidables y noches también, con casas de campaña hechas con sábanas, y subir a la azotea del edificio de departamentos en donde vivías, guiados por tu padre adoptivo, el tío Picho, que instalaba su telescopio, y nos daba cátedra de astronomía, describiendo las constelaciones y enfocando la luna, a Venus, Marte lo cuál constituía una experiencia inigualable, tu inventiva no tenía límites, sabias que Quico, tu hermano mayor no podía correr a la misma velocidad de los demás a pesar de ser diestro en el uso de sus muletas, las secuelas de polio se lo impedían, entonces no se como conseguiste una caja de madera de jabón castillo, con los palos que las sellaban y desarmando los patines de Flora la tercera hermana, hiciste las ruedas del carrito, haciendo el eje delantero móvil, con otra rueda de patín ataste un mecate a cada lado del eje, con lo que podía girar, era todo un vehículo para tu hermano, impusiste una moda y organizaste competencias con los carros de los otros niños del edificio de departamentos de la avenida Coyoacán convirtiendo en pasillo central en una auténtica pista de carreras.

Pero tu destino se empeñaba en limitar el bienestar, una mañana yacía en su lecho el tío Picho, despedía un mal olor y su piel se tiño de amarillo, había conmoción, entrar y salir de personas, supimos que él había muerto, con lo que tu vida había cambiado nuevamente, tu padre te abandonó, tu bondadoso padre adoptivo, había muerto, una vez más tu familia se desmoronaba, la tía tuvo que trabajar otra vez, y regresaron las carencias económicas, la vida no resulto fácil para ti, pero tu eras un ser privilegiado y siempre seguiste el buen camino.

Por muchos años no volví a verte, hasta que supe que cursabas la secundaria, y eras un buen alumno, orgulloso de ser la primer corneta en la escolta.

Para entonces comenzaban tus visitas esporádicas a mi casa, siempre gratas, jugábamos carreras de cochecitos en carreteras pintadas en la calle, bicicleta y coleadas en patines, los fines de semana que nos visitabas eran sin duda muy divertidos.

Pasaron los años, y cuando nuevamente nos visitaste ya eras un preparatoriano, tu orgullo era asistir a la Escuela de San Ildefonso, la crema y nata de las huestes universitarias, como disfrutabas de tus clases, que interesantes te parecían, como querías transmitirme tus conocimientos, me dejaste la tabla periódica de los elementos para que la memorizara, me enseñaste el alfabeto griego y me presumías de tu bonita letra, de molde, perfectamente dibujada, y presumías de lo rápido que escribías tomando apuntes, por muchos años conserve el manuscrito de aquel verso que tanto te gustaba declamar, que seguramente era la pauta de tu vida y que desde entonces también ha sido para mi meta incólume:

Imposible.

Imposible, palabra del cobarde,
luchar para vencer es nuestra suerte,
y si en la lucha se muere haciendo alarde
de nobleza y valor, triunfo es la muerte.


La voluntad humana es inflexible,
jamas el sino dominarla pudo,
para el hombre no existe lo imposible
si lleva la energía como escudo.


Vivir es batallar, siempre constante,
baldón para el que necio se amilana,

tienes hoy techo y pan? pues adelante,
Dios desde el cielo proveerá mañana.


¿Que te asusta el futuro?, es muy incierto,
¿que te busca el dolor?, dale cabida,
nunca demandes flores al desierto,
la dicha es planta exótica en la vida.


adelante, y si acaso se derrumba

la tierra que sostiene tu pisada,
no temas, el descanso está en la tumba,
lucha y caé como héroe, con la espada.

Para entonces tu pasión era el fútbol americano y esperábamos
ansiosos tus visitas para organizar con el liderazgo que te caracterizaba un tochito, haciendo equipos bien equilibrados, por supuesto yo siempre estaba en tu equipo, "los pumas", eras el Core back invencible me enviabas a ser el receptor de tus largos, largos pases. Tan grande era tu pasión por el americano que me diste la más grande sorpresa de mi vida, llegaste a casa con boletos para un partido en el estadio de Ciudad Universitaria, era el clásico Poli Universidad, experiencia que resulto verdaderamente impresionante, el rugir de las porras, la emoción en su máximo límite y nuestro equipo favorito en la cancha.

Todas tus actividades eran sanas y tus relatos muy amenos como el de la ascensión al popo con quico con muletas y todo, con tu mejor amigo Alberto Hamabata Nishimuta, el más estudioso, inteligente y noble de tu clase, la sorpresa de ver al joven con quien bromeaste en el camino al llegar a la cima, ponerse la casulla y oficiar misa, Alberto, ferviente católico te invito a la Asociación de Jóvenes Católicos.

Nunca olvidaré el gusto que te dio saber que había ingresado a la carera de medicina, tu hubieras querido también como Hamabata seguirla, pero tenias que trabajar para sostenerte y ayudar a tu familia, recuerdo tu primer trabajo como cajero de Bancomer y el orgullo de ganar tus primeros sueldos, pero tu aspirabas a un mejor futuro, y estudiaste la carrera de contador privado por las noches, para apoyarte, mi papá te consiguió un mejor puesto en la Comisión Nacional Bancaria, tu te lo merecías.

Tu amor e infinita bondad también era para los animales, recuerdo tus mascotas, el Hamster blanco en su jaula, la ardilla que dio cuenta de algunos muebles de la tía, y "tosca", tu perra boxer.

Tu talento y tu vena artística eran manifiestos, heredados de padre y madre, era todo un regocijo visitar el departamento que ahora habían logrado establecer la tía Juanita y ustedes tres, con el esfuerzo de su trabajo, verte derrochar alegría bailar tap y cantando en inglés "bailando bajo la lluvia", o hacer dúo con mi tía y cantar bellos trozos de opereta, que ella en su juventud había interpretado, o bien leer un magnífico libro de poesías o las rimas de Bécquer.

Volvieron a pasar los años y el siguiente fue un encuentro fortuito en el zoológico de Chapultepec, en donde orgullosos nos presentamos a nuestras respectivas esposas, Blanca fue tu novia desde niños, también presentamos a nuestras hijas, las dos rubias, de ojos claros y casi de la misma edad.

Pero Dios te tenía reservado un lugar muy especial en el cielo, supe que estabas hospitalizado y acudí a verte, lucias mal, pero nos llevábamos pesado y te salude diciendo: "con que agonizando payasito", al día siguiente me avisaron que habías muerto, por muchos años me remordió la consciencia por ésa maldita frase, que fue una de las últimas que te dije, dejaste a una joven esposa y a una pequeña de dos años de edad.

Sé que algún día nos reuniremos en el cielo, y allá organizaras con los ángeles un tochito y escucharemos el estruendo de la porra de ángeles gritando: ¡¡¡Wuerum, wuerum, cachún, cachún, rra, rra, goya, goya, Universidad.!!!

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