Historia de un Demonio
Desde las oscuras penumbras he emergido,
Triunfando sobre las llamas de la desolación,
Venciendo la entrada, que salida nunca ha sido,
De tan terrible morada.
Fui creado desde el principio de los tiempos,
Creado para vencer y morir venciendo,
Temor de los ejércitos, desolación de los poderosos,
Y líder de los vencedores.
He triunfado sobre poderosos ejércitos,
Y destruido legiones,
Con mí ejército luchando cual vil leones
Hambrientos de sangre han vencido a los rivales.
Venciendo las llamas de mi terrible exilio,
Y soportando temores inimaginables,
Cruzando veloz, sobre tétricas nieblas,
He salido triunfante entre tantas guerras.
Y ensalzado de gloria y ungido de gozo,
Crecido de orgullo y manchado de victorias,
Me he atrevido a mi más grande osadía,
A retar al Divino, frente a su palacio, en la portería.
En ese instante las puertas se abren,
Y en limpio y raudo vuelo, su ejército triunfante,
Sale a mi encuentro en pos de guerra,
A combatir al asaltante.
Desenvainando mi espada, y liberando mi furia,
Destrocé a muchos y otros, mas a mis pies quedaron,
En ávida lucha el Divino enfrenté,
Y en un instante a los pies me vi, del Divino Varón.
Desenfundó su espada, y en mi cuello la apoyó,
Si acabar con mi existencia hubiera querido,
En ese instante lo hubiera logrado,
Levantó su arma y dejola caer y de un solo tajo, mis alas cortó.
En lugar de acabar con mi pesaroso existir,
Me ha condenado a un tormento mayor,
A sentir frío y a sentir calor, a sentir sed y a sentir hambre,
Y a ser humano, condenado quedé.
Y aparte de todo, su gran castigo fue cruzarte en mi camino,
Dejarme conocerte fue su tormento elegido,
Y eso no lo entiendo, cómo él, el Divino,
Permite que el hombre soporte este castigo.
Este sufrimiento que sientes que te ahogas,
Esta agonía tan profunda y tan honda,
El sentir que te asfixias y soportar tal dolor,
Y aparte de todo al humano le gusta y le llama Amor.
Sentimiento tan mortífero y engañoso,
Que culmina en la unión de dos almas,
Es enlazarse dos vidas, en fundirse dos corazones,
En mezclarse dos dimensiones.
Te encontré y es lo que siento,
Desde aquel terrible momento,
En que nuestras miradas se encontraron,
Mi humano corazón inició la agonía que ahora siento.
Triunfé sobre todo, sobre ejército cualquiera,
Pero no puedo combatir contra tan grande poder,
El que tú llevas en tu vientre escondido,
Dar la vida, en el momento elegido.
Y cuando en mis brazos te encuentras,
Tan frágil y delicada,
Fundiendo tu alma a la mía sin parar,
Y con tanto poder que no puedo igualar.
Bendita seas mujer que las pasiones enciendes,
Y los corazones destrozas, que las almas perturbas,
Que tus ardientes besos, de las llamas del infierno, su calor superas,
Y que con tus coquetos ojos dominas al que quieras.
Dios te bendiga mujer hermosa,
Y maldiga a aquel que se atreva a hacerte daño,
Y si por el mismo juramento mi nombre ha quedado maldecido,
Maldito sea, pues prefiero soportar los tormentos del infierno,
A soportar la frialdad de tu corazón conmigo.
Jorge Roberto Rivas Aguilar
2004-06-20
Correo: rivas_jr_aguilar@hotmail.com