“HÉROE”: CIEN AÑOS DEL CINE EN CHINA

 

Con motivo de la próxima reapertura de la Casa de la Cultura de Cancún, en que se eligió presentar la película “Héroe”, dirigida por el extraordinario director Zhang Yimou, surgió la interrogante entre los amigos del cine club: ¿Desde cuando se hace cine en el lejano país de Oriente?

 

Dicha película, realizada en el año 2002, celebra, de una manera un tanto casual, los cien años del cine en Pekín. Aunque ya a fines del siglo XIX, en la ciudad de Shangai, se proyectaban películas realizadas en Occidente (en los años 1896 y 1897), en Pekín el cine apareció hasta 1902 y no sería hasta 1905, que se realizaría la primera obra: “La montaña Dingiun”, en la que actuó una legendaria figura de la Ópera de Pekín: Tan Xinpei. Cuatro años después, pero en Hong Kong, se rodaba una comedia: “El robo del pato asado”, dirigida por un actor de teatro, Lian Shaobo.

 

China además de la Gran Muralla, la cultura milenaria que habla al mundo con las gigantescas conquistas del ayer y el despegue económico, tecnológico y científico del presente, es hoy en día uno de los privilegiados escenarios del cine como expresión artística. Y se da en medio de un proceso complejo y sui generis, que hoy la sitúa, gracias al talento de varios de sus más célebres realizadores contemporáneos, como una de las cinematografías más importantes, no solo por sus filmes de artes marciales, también de lo que hemos dado en nombrar como “cine de autor”.

 

Desde los años 20 del Siglo XX, Shanghai sería considerada como la meca del cine chino, seguida activamente por Hong Kong. El cine chino evidencia una fuerte conexión con el cine de Hollywood, dado que intenta copiar el sistema de estudios. Esto supone la producción seriada de films apoyada en un star system fuerte, en un sistema de distribución donde se controlan las salas de cine para asegurar la exhibición, y en la estandarización de las historias, lograda mediante la adaptación del sistema de géneros, como: melodramas, comedias y romances; aunque otros realizadores tomaban su fuente en las narraciones y tradiciones de mitos y personajes legendarios, así como -casi desde los inicios- en el mundo de las artes marciales que sería una constante muy favorecida por la taquilla dentro y fuera de China.

 

Shangai dejaría de ser el centro séptimo arte al ser ocupada por los ejércitos japoneses en 1937. Algunos realizadores optaron por quedarse y continuaron produciendo bajo la ocupación aunque la mayoría emigró hacia Hong Kong, mientras se recrudecía la lucha contra la intervención extranjera y se agudizaban tensiones entre las fuerzas del Kuomitang y del Partido Comunista que desembocarían más tarde en la guerra civil.

 

Los avances tecnológicos del cine norteamericano y las búsquedas estéticas de los grandes del cine soviético como Eisenstein y Pudovkin influirían desde el principio en los jóvenes realizadores asiáticos, inmersos igualmente en una fuerte lucha ideológica entre las corrientes políticas nacionalistas y comunistas, reflejando algunas obras problemas de naturaleza social y temas patrióticos. El sistema de géneros, adaptado del modelo norteamericano, incorporó matrices propias vinculadas a la tradición, y sufrió importantes modificaciones que están estrechamente relacionadas a la historia del país. Dentro de los géneros de mayor productividad y trascendencia, que además muestran el carácter original de la cinematografía china, se encuentran el Wu Xia Pian, el Gong Fu Pian y una muy particular forma de Melodrama.

 

El año 1927 marca la creación de un nuevo género, el Wu Xia Pian o film de capa y espada con “El incendio del templo del Loto Rojo”, de Zhang Shichuan, creado por el estudio Ming Xing. El Wu Xia Pian tiene su origen en la Opera de Beijing y se caracteriza por el gran despliegue visual. El conflicto central articula la lucha entre el bien y el mal como instancias absolutas, donde el humilde héroe se enfrenta a un oponente despiadado y poderoso. Las historias que relata este género suelen situarse en tiempos remotos, siendo el episodio histórico conocido como la Rebelión de los Boxer (1900) el hecho que actúa como bisagra para los films de acción. El Wu Xia Pian toma elementos del western, como el leitmotiv de la venganza y del duelo. El triángulo amoroso muchas veces se dirime en el duelo final entre los protagonistas, como sucede en la reciente “La Casa de las Dagas Voladoras”, Zhang Yimou, (2004). Por último, estos films trabajan con el uso simbólico del color (v.gr: el blanco se identifica con el héroe) y de los factores climáticos (la lluvia, la nieve o el viento aparecen como un desborde de la Naturaleza que por su exceso proporciona nuevos sentidos a las historias). La producción de este género alcanzó la cantidad de 250 películas entre 1927 y 1930 (de un total de 400 films) y se vio interrumpida por una decisión gubernamental, dado que las autoridades pensaban que estas películas fomentaban la subversión.

 

El Wu Xia Pian reaparece en la década del ’50 con la serie de películas sobre Wong Fei Hong, personaje histórico que se utilizó de base para realizar 62 films entre 1949 y 1959. Las ciudades de Hong Kong y Taiwán son, por esos años, el lugar privilegiado para este género y con films como “La puerta del Dragón” de King Hu, (1967) sobrepasan en recaudación a las grandes producciones de Hollywood.

 

La productora Tianyi, la principal competidora de Ming Xing, se une al estudio Nanyang de Hong Kong y en 1928 lanzan “El rey de los puños” de Shao Zuiweng, film que abre la producción de Gong Fu Pian (películas de Kung Fu) desarrollada como una variante moderna de los films de aventuras del Wu Xia Pian. Las historias suelen retomar motivos como la defensa del honor, el enfrentamiento entre sectas y la venganza. La década del ’60 es el momento de auge de este género, con la producción de la compañía de los Hermanos Shaw, en films como “Venganza” (1970) y “Hermanos de sangre”, de Chang Cheh, (1973), uno de los directores más importantes del género, inaugura un estilo basado en coreografías espectaculares y violencia explícita. Pero es la compañía Golden Harvest de Raymond Chow la que alcanza fama internacional con la serie de films de Bruce Lee: “El gran jefe”, “Lo y Wu” Chia Hsiang (1971), “Furia oriental”, de Wei Lo (1972), “El furor del dragón”, Bruce Lee, (1972), “Operación Dragón” (1973) y “Juego con la muerte”, ambas de Robert Clouse con Bruce Lee. Lo que distingue a estos films es la presencia de un argumento sólido, la formación en artes marciales de Bruce Lee y su experiencia en el oficio actoral (su primer aparición en un film fue en 1941). Las películas de Bruce Lee, abren mercados al cine chino e introducen actores carismáticos como: Sammo Hung, Jackie Chan y Jet Li, que serán las nuevas estrellas internacionales dentro del género. Durante las décadas del ’80 y ’90 el género se renueva incorporando elementos de la comedia en películas de Sammo Hung y Jackie Chan: “La leyenda del luchador borracho II”, de Chia Liang Liu, (1994).

 

China, la gran nación del continente asiático que hoy cuenta con un público potencial de mil 300 millones de personas, comenzó a vivir desde 1949 nuevas experiencias en su historia con la fundación de la República Popular China. El cine, en las primeras décadas del joven estado, sería no solo un medio de entretenimiento sino una vía de la lucha ideológica y de la propaganda política. Entre 1949 y 1966 se llegaron a producir más de 600 títulos según se afirma por los historiadores de este cine, pero este impulso se vio también afectado por la Revolución Cultural, durante más de un lustro.

 

La llamada Quinta Generación calificada en Occidente como “nueva ola”, irrumpió en la República Popular China desde 1984, cuando comenzaron a filmar los recién graduados por la Academia de Cine de Pekín. Así aparecieron películas como Tierra amarilla (1984), de Chen Kaige, Dao ma Zei Ladrón de caballos, (1986), de Tian Zhuangzhuang, y Sorgo rojo (1987), de Zhang Yimou, filmes que asumieron no solo nuevos temas sino una perspectiva y estética diferentes, creativa y subversiva, para situar al cine producido en China más allá de sus fronteras, hasta ser calificado como uno de los movimientos más sólidos del cine mundial.

 

Películas como “La semilla del crisantemo” (1990) y “La linterna roja” (1991), de Zhang Yimou, “La cometa azul” (1993), de Tian Zhuangzhuang, y Adiós a mi concubina (1993), de Chen Kaige, han obtenido importantes premios en festivales como el de Cannes y nominaciones a los premios Oscar, de Hollywood, llegando a seducir a la crítica y al público.

 

En estos momentos, tras cien años de existencia, la producción anual de la cinematografía en China alcanza ya unas 200 películas, al año, en diversos géneros que van desde los largometrajes de ficción hasta los dibujos animados y comienza a multiplicarse el talento y sus búsquedas entre los novísimos realizadores.

 

Fascinante y esencial, la cinematografía china nos dará motivo para seguir comentando.

 

Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún, Quintana Roo. México.

fernandezpr@hotmail.com

 

 

 

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