Mi lente

 

HA MUERTO SIDNEY POLLACK

 

 El séptimo arte ha perdido a uno de los realizadores mas polifacéticos y divertidos del cine, aunque fue objeto de muchas críticas negativas –mal intencionadas y envidiosas ninguna de sus películas, aún sus producciones modestas y menos conocidas, me defraudó totalmente, dirigió algunas tan especiales -inolvidables para Mí lente- como “Baile de ilusiones” (“They Shoot Horses, Don't They?”), desoladora imagen de una sociedad en crisis, la divertidísima “Tootsie”, o “Los tres días del Cóndor”, donde, además de mantenernos prendidos de la pantalla, nos explicaba el porqué de muchas guerras en menos de diez líneas de diálogo.

 

Sydney Pollack, nació el 1º de julio de 1934 en Lafayette, Indiana, en una familia judía de inmigrantes rusos, se traslada a Nueva York para proseguir su carrera teatral. De 1954 a 1960 estudió y al mismo tiempo enseñó interpretación e intervino en varios montajes de Broadway. De 1960 a 1965 dirigió más de 80 espectáculos de televisión, entre ellos "Bob Hope Presents the Chrysler Theatre" que en esa época ganó varios premios Emmy. Continuó dirigiendo programas dramáticos de varias series de televisión de éxito, como “Alfred Hitchcock Presenta”; la excelente e injustamente olvidada: “Los defensores”; Una serie que causó impacto en México fue “El Fugitivo” y otra más “El Dr. Ben Casey”. Ahora ya nadie las recuerda, pero fueron importantes en la formación del buen cineasta que ha sido Sydney Pollack. Podríamos decir que impulsó, participando, la televisión de cierta calidad, y con profesionalismo.

 

Pollack inicia su carrera en el cine con “The Slender Thread” en 1966, sobre el tema del suicidio estelarizada por Sidney Portier, Anne Bancroft y Telly Savalas. Continúa realizando varias cintas, con resultados muy irregulares. De esa época es una película que, se dice, fue codirigida por él, pero se le atribuye el crédito de la dirección a Frank Perry: “El Nadador”: una pequeña joya del cine, protagonizada por Burt Lancaster y Janet Landgard, totalmente desconocida por los cinéfilos de hoy.

 

Pronto llegaron los buenos tiempos para Sydney Pollack, nominado al Oscar en 1969 por “Baile de ilusiones”, también obtiene premios en los festivales de Cannes, Bruselas y Belgrado. Realizó varias películas protagonizadas por Robert Redford, entre ellas “Las aventuras de Jeremías Johnson” (1972), con la que obtuvo un gran éxito de crítica que se repetiría en el filme “Nuestros años felices” (1973) con la singular Barbra Streisand.

 

En la década de los 80 destacó por “Ausencia de malicia” (1981), con Paul Newman y Sally Field. Luego vino su gran éxito “Tootsie” (1982), con Dustin Hoffman, película que obtuvo 10 nominaciones al Oscar. Es en 1985 que ganó este galardón por la dirección de “Memorias de África”, protagonizada por Robert Redford y Meryl Streep. Otras películas sobresalientes de su filmografía son: “Yakuza” (1974), “El jinete eléctrico” (1979), “Habana” (1990), “La Firma” (1993), “Sabrina” (1995) y “Caprichos del destino” (Ramdom Hearst, 1999). Sus dos últimas películas: “La Interprete” con Nicole Kidman y Sean Penn y “Comedias de Frank Gehry”, ambas son del año 2005.

 

Fue también actor que se entrometía en las películas de sus amigos interviniendo en un gran número de producciones, algunas de sus apariciones como actor, fueron memorables: “Ojos bien cerrados” (Eyes Wide Shut, 1999, de Stanley Kubrick). Particularmente, recuerdo a Pollack en “Maridos y mujeres”, (1992) donde se atreve a contarnos parte de su vida, porque Woody Allen se lo había pedido expresamente.

 

Formó parte de una generación (Redford, Coppola y Spielberg entre otros) que comprendió en los años 70 -a raíz de la Guerra de Vietnam- que salirse del ámbito hollywoodense y hacer cine alternativo era casi reducirse al silencio. Para Pollack y el resto era muy importante pertenecer a la gran industria para buscar y obtener su independencia económica. En cuanto a lo expresivo siempre consideraron mejor decir algo que no decir nada, aunque lo que se plasmara en pantalla no fuera completamente todo lo que se deseaba expresar. Supo tener bien plantados los pies en el cine comercial lo que le permitió crear buen cine de arte y participar en películas de antología.

 

Divertido en el sentido mas amplio de la palabra. Porque Pollack se inscribe entre los profesionales del cine comercial que supera las convenciones, en el afán de crear un cine que, además de divertir contenga calidad, y sea un instrumento de sus particulares inquietudes como ser humano, nunca separado del artista. Para hacer un cine que “divirtiera” él mismo debía encontrar en el cine un elemento de disfrute y se notaba, que el trabajo cinematográfico era para él una diversión, que ejercía con gran pasión, pasión y diversión de la que nos hacía partícipes, a nosotros, a los espectadores.

 

Como productor, Pollack fue una especie de director de orquesta (en ámbitos administrativos sofisticados le dirían “facilitador”) que reunió a actores y directores bajo una sola premisa: hacer el mejor cine posible dentro de la mecánica financiera y comercial de Hollywood. Su actividad podría resumirse en la frase “lo mejor probable dentro de lo posible”.

 

Sydney Pollack también se arriesgó, impulsando a un puñado de creadores que cuestionaban situaciones políticas, sociales y económicas. Con ellos, luchó por combatir la censura y defender sus conceptos de libertad de expresión, tuvo la habilidad de utilizar los recursos y las reglas no escritas del juego económico de Hollywood para, poco a poco, por evolución y no revolución, hacerse de un poder, que no solo era económico, porque le dotó de un prestigio incuestionable ante estudios y distribuidoras. Su modelo de producción-dirección fue retomado por Spielberg, que dirigió los “Indiana Jones” y “Parque Jurásico” para después filmar en completa libertad “La lista de Schindler”, “Salvando al soldado Ryan” o producir “Band of Brothers”. Otros han seguido el camino de Pollack al comprender que a la larga, se puede decir más y a más personas vía el buen cine comercial de Hollywood que por circuitos alternativos con muy baja asistencia.

 

Personalmente pienso que muchas cintas incómodas, como las de Michael Moore (Sicko, Fahrenheit 9/11, Bowling for Columbine) no existirían si Pollack no hubiera pavimentado antes los caminos financieros con su labor enérgica dentro de la industria fílmica estadounidense.

 

Pollack jamás presumió de estas ideas o de sus logros. Con humildad hablaba de su inquietud por hacer mas y mejor cine: “No importa lo que estoy haciendo, desearía que fuera otra cosa. Si estoy produciendo, quisiera dirigir; si estoy dirigiendo, quisiera actuar. Me gusta hacer casi cualquier otra cosa en el cine”.

 

Se fue un motor creativo de Hollywood y, tristemente, su generación va de salida. El único consuelo es que dejan una herencia de gran valor humano y, como en el caso de Sydney Pollack, muy al alcance de todos. Descanse en Paz.

 

Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún, Quintana Roo. México.

fernandezpr@hotmail.com

 

 

                  

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