FLORES
Caminó por el jardín aspirando la
fragancia de las flores de amaranto, alegres volaban las mariposas, donde
purpúreas alas de cardenal se batían, abriéndose paso como los tiernos brotes
de una planta pequeña.
Mientras se acercaba a la casa, los
geranios, se descolgaban de las ventanas invitando a sus ojos a subir por
ellos.
Cuando miró el rosal con su piel rizada
como una tibia caricia pensó en ese par de labios que le habían besado.
Las azucenas de blanco raso, se alzaban
altivas como hadas en traje de baile admiradas por su elegancia. Mientras, las
camelias, de color rosa, mostraban coquetamente los misterios de su piel de
seda, como insinuantes tibias desnudeces de mujer.
Las margaritas lucían como una doncella
bronceada por los acariciadores rayos del sol.
Los claveles rojos, se alzaban como un
revolucionario esplendor aparecían por todas partes cubriendo balcones y
senderos, era como ver florecer el amor. Por su parte las violetas intentaban
ocultarse, lo lograban, pero su perfume les denunciaba, era como jugar a
mirarse a los ojos, sin pestañear. Tampoco el amor se puede ocultar, se escapa
por los poros se dijo. Las magnolias danzaban, blancas, esparciendo su aroma.
Claro que la alegría se manifestaba en los
pensamientos, esos suaves y multicolores duendes, mostrando sus tiernos y
sonrientes rostros de niños traviesos, moviéndose como enanos con gorras de
terciopelo morado, destacándose por entre el follaje.
Se detuvo junto al jazmín, que le
regalaba su perfume y la blancura de su flor, disfrutando del aire fresco que
traía la tarde y mientras miraba la puesta del sol, y la salida de la luna
sobre las copas de los árboles, que pintaba los campos con unas nubes bañadas
de plata como fondo, sentía su corazón que vibraba de regocijo.
Después de cenar, se tendió apoyada en
los almohadones de su cama, se quedó mirando la maravillosa y espléndida
belleza de esa noche de verano. Gradualmente se sintió adormecer. Las estrellas
parpadeaban, en la zona de los árboles que separaban el jardín de la casa y, a
medida que su vista se fijaba en ellas, veía emerger la luna y componerse en
una tierna luz que parecía a cada momento acercarse más y más, aumentando en
tamaño y sustancia a medida que se aproximaba. Durante algunos momentos se
perdía entre las sombras que se extendían por el jardín, desde los árboles, y
luego volvía a emerger, más grande que antes, y aún avanzando. Mientras
observaba, el más incontrolable sentimiento de amor se apoderó de ella.
En
medio de tanta exuberancia, de estrellas, flores y canto de pájaros, su alma
estaba muy triste, pues anhelaba el amor humano que nunca tuvo… su cuerpo,
necesitaba los estímulos, que solo otro cuerpo podía darle, manos sensuales
rozando su piel, dulces labios, besando los suyos, una voz cálida y suave,
murmurando en un susurro, tiernas palabras de amor al oído… y lo más
importante, una total fusión, formando un solo ser, con la persona amada…
Pero, ¿dónde está todo eso? ¡Lejos, muy
lejos!
Tal vez, ni siquiera existe, al menos
para ella, que vive esperando el gran amor que nunca llega… Unas lágrimas
furtivas, empiezan a rodar por sus mejillas, llegando hasta la almohada… Su
vida, es semejante a la de las flores que pueblan el jardín; exhalando su
variado perfume, también ella, podría embriagar con el perfume de su cuerpo, de
hembra enamorada, al hombre de su vida, que ardiendo en deseos de poseerla, la
inunde con sus besos y caricias, hasta llegar al más grande de los éxtasis,
tras derramarse ambos, ebrios de sensaciones, maravillosas, que solo los
amantes pueden sentir.
Mas,
todo es fruto de su imaginación, pues su cama está vacía, y solo la fantasía,
hace que ella, se lance sola, a un torbellino de placer inmenso, llegando al
clímax, en su desenfreno, de besos y caricias, que solo son fruto de su mente,
febril y fantástica.
Tras
relajarse, con estas y otras escenas imaginarias, que la han llenado de gozo
por unos momentos, vuelve a la realidad, y sola como siempre, medita que ella,
como las flores, pronto se marchitará, se ajará su breve lozanía, y seca y
mustia, morirá en el próximo invierno.
Y
así, pensando, se duerme cual la noche estrellada, hasta que un nuevo día, la
venga a sacar de su ensimismamiento, para dar paso a la rutina, que todo lo
invade, el tiempo pasa, y todo es lo mismo, el amor no llega, y ella muere poco
a poco, esperando, siempre una nueva primavera, que renueve todo su ser, mas,
nunca llega, y ella, cada vez más triste y sola, sigue aguardando a su amor
imposible, hasta llegar algún día, al paraíso, de luz y amor, que nunca se
extingue.
Autora: Puri Águila. Barcelona, España.