MI EXPERIENCIA EN INTERNET

Por Soledad Mochales López
Correo Electrónico:
soledadml@wanadoo.es

Es clásica la contraposición que establecemos entre los conceptos de hombre
y máquina, como si sus universos fuesen opuestos y hasta enemigos. Derivado
de todo ello es el temor y la precaución con los que siempre se han recibido
los nuevos avances tecnológicos. A la aparición de la imprenta, la evolución
de la televisión o el desarrollo de Internet, por poner tan sólo unos
ejemplos, se les ha atribuído el desencadenar el deterioro de las relaciones
entre las personas, ser inspiradores de una actitud de aislamiento o el
absorber el tiempo y las energías de sus usuarios. Es como si necesitásemos
buscar en el exterior el causante de nuestros males, evitando así el asumir
nuestra responsabilidad en lo que hacemos y nos acontece.

Por ello es por lo que, escucho con tristeza, cuando la gente comenta sus
precauciones ante el uso de la Red, cuando, por ejemplo, los padres afirman
que prefieren evitar que este nuevo medio de comunicación entre en sus casas
antes de que sus hijos pasen horas y horas frente a la computadora. Quizá
sea esta opción la más cómoda, pero sin duda al evitar utilizar estos nuevos
medios de forma productiva y enriquecedora, se están perdiendo el ponerlos
al servicio de sus capacidades esencialmente humanas. Y es que no es
sencillo encontrar algo que sea bueno o malo en sí, pues casi todo depende
del cómo y el para qué lo usemos.

Todavía recuerdo la emoción que me produjo la primera vez que me conecté a
Internet, ya hace cinco años, y mi entusiasmo no ha disminuido desde
entonces. Podemos considerar la Red como una gran biblioteca, una
enciclopedia gigante, un medio para comunicarnos con personas que están a
miles de kilómetros, etc. Y si esto es importante para la mayoría de los
individuos, para las personas con problemas de visión es esencial, pues es
la forma más rápida, y en ocasiones única, para acceder a gran número de
recursos de todo tipo.

Cuando llegué a la Red, mi conocimiento sobre el manejo del ordenador y sus
principales aplicaciones, era realmente mínimo, casi se reducía
exclusivamente al escaneo de libros. Lo primero que encontré fue un
productivo contacto con otras personas de las que fui aprendiendo cada vez
más sobre el manejo de la computadora y que además estaban encantadas de
poder ayudar y compartir conocimientos y experiencias. Más tarde llegó el
momento de dar, de unir esfuerzos para que todo fuese más fácil. Fue
entonces cuando, junto a otras personas, puse en marcha algunos proyectos
más o menos organizados, entre los que me gustaría destacar la revista
electrónica "UTLAI PUNTO DOC", que cuenta ya con 4 años de existencia, más
de 250 suscriptores de unos 20 países, la mayoría de ellos ciegos.

Quiero destacar también el gran enriquecimiento que me ha
proporcionado Internet en cuanto a lo profesional, al poder acceder a
libros, artículos, experiencias y debates con otras personas que tienen
similares intereses, aunque estén a miles de kilómetros y nunca pueda llegar
a conocerlos de forma personal, y que quizá no sea ni siquiera necesario.

También he podido disfrutar en estos años de la experiencia, curiosa y
divertida, de conocer de forma personal, a aquellos con los que contacté
inicialmente a través del correo electrónico o el chat. Con algunos de ellos
me une todavía la amistad, resultado de haber compartido experiencias
importantes.

Sería por mi parte iluso afirmar que todo lo que se encuentra en la Red es
positivo, y sencillo el saber extraer sus potencialidades. La enorme
abundancia de contenidos y la dificultad de poderlos ordenar de una forma
lógica y comprensible, es un inconveniente que retrae a muchos usuarios. Las
relaciones virtuales tienen sus características especiales, difíciles de
intuir en los inicios y a veces complejas de afrontar. Pero como la variedad
de personas es enorme cada uno tenemos nuestra propia opinión o vivencia
sobre Internet, yo tan sólo he pretendido comunicaros la mía, en la que creo
ha tenido un importante peso mi curiosidad por las personas y las cosas, el
afán por lo novedoso y la excitación que produce el arriesgarse en un medio
desconocido.

Para finalizar, tan sólo me queda desear, que este pequeño granito de arena
que es mi aportación, sirva como incentivo y parte de ese gran edificio, que
sin lugar a dudas, será el proyecto que ponéis en marcha desde México.
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