4 septiembre 1899, Campeche-26
Septiembre 1986, México, D.F.
Se dice que a partir de Georges Mellies
el cine se volvió un “asunto” de escritores. Me explico: en el argot cinematográfico,
cuando alguien “trae un asunto” se refiere a que tiene una historia escrita y
anda buscando financiamiento o interesar a alguien para “hacer la película”. Es
así que el prolífico Mellies hace el Guión de su obra mas famosa: “Viaje a la Luna”
(1902), basado en la obra homónima de Julio Verne. Aunque ya había incursionado
en los temas literarios con muchos pequeños “cortos”.
Recuerdo a Juan de la Cabada en la
radio, -era un excelente narrador y ameno platicador- contaba como llegó al
cine; incitado por el guionista Manuel Altolaguirre y su amigo y escritor José
Revueltas, para participar en una película de Luis Buñuel, “Subida al cielo”
(1952), él objetó que no sabía hacer guiones, únicamente sabía contar cuentos,
a lo que Revueltas le contestó: “…es lo mismo, solo tienes que quitar las
descripciones del paisaje y tus reflexiones…” fue así que colaboró haciendo los
diálogos.
Buñuel, junto con su guionista de
cabecera, el célebre Luis Alcoriza, lo llamaron para su siguiente película “La
Ilusión viaja en tranvía” (1954), sobre un relato de Mauricio de la Serna en el
que intervino también el citado Revueltas. Pero los chispeantes diálogos entre
Lilia Prado, Carlos Navarro y Fernando Soto "Mantequilla, de un agudo
sentido del humor y de una gran ironía, se atribuyen a Juan de la Cabada,
gracias a esto “La ilusión…” ha conservado su particular encanto con el paso de
los años y ha logrado superar el “envejecimiento” al que se ven condenadas
muchas películas.
Julio Bracho lo invita a colaborar con él
en dos cintas: la poco conocida “María la Voz” (1955) sobre un cuento del
propio Juan y después en la adaptación de “Canasta de cuentos mexicanos”
(1956), basada en el libro “Raíces”, de Bruno Traven. Aquí aflora la calidad
poética de Juan de la Cabada que logra un guión de una sencillez arrebatadora,
para uno de los filmes más conmovedores que pudo filmar Bracho.
Sin interrumpir su prolífica producción
literaria, cerca de 67 libros, Juan de la cabada participó en el cine con los
mejores directores, que reconocían en él su profundo conocimiento del idioma y
su enorme capacidad de reflejar el habla del pueblo con sinceridad y sencillez
pero, al mismo tiempo, energía y vitalidad. Así es que escribe para René
Cardona “Maratón de baile” en 1958 y, junto con Elena Garro, “Las Señoritas
Vivanco”, para Mauricio de la Serna en 1959. Le siguen “Sonatas” (segmento
mexicano) del director español Juan Antonio Bardem, en 1959.
En 1960 escribe “La Tijera de oro”, de
Benito Alazraki, es donde vuelve a trabajar con Luis Alcoriza, con quien
colabora en importantes proyectos como fueron: el guión de “La Chamuscada”
(México, Tierra y libertad), dirigida por Alberto Mariscal, en 1971; y la
importantísima “Las Fuerzas Vivas” que dirigió el mismo Alcoriza en 1975, y que
es una de las páginas mas brillantes de la historia del cine mexicano, tanto
por su calidad cinematográfica como por la profundidad con la que se trata la
historia, a pesar de ser una sátira política. Esto, me atrevo a decir, solo fue
posible gracias a la gran calidad de la escritura y coherencia del guión de
Juan de la Cabada.
Si con “Las fuerzas vivas”, habría sido
suficiente para la consagración definitiva de Juan de la Cabada, su
participación en el cine fue, como toda su obra literaria, prolija y modesta a
la vez. La humildad fue uno de sus códigos. Dotado de una ética esencial, su
contribución artística al séptimo arte, siempre fue de elevado contenido social
y humano sin tomar en cuenta el género al que se aplicaba, como lo demuestra la
diversidad de sus guiones: “Simitrio” (1960) bajo la dirección de Emilio Gómez
Muriel; Lola de mi vida (1965) de Miguel Barbachano; Calzonzin Inspector (1974)
de Alfonso Arau; o su ultima película realizada en 1978 “Llovizna” de Sergio
Olhovich. El drama pueblerino, el de la ciudad, la sátira y la denuncia están
presentes en estos trabajos.
Ahora que muchos cineastas mexicanos se
encuentran triunfando a nivel mundial, no debemos olvidar a esos “talacheros”
del cine que son los guionistas y, como es el caso de Juan de la Cabada,
grandes escritores. El cine albergó a muchos, aun antes de ser reconocidos o
famosos: Gabriel García Márquez, José Revueltas, Mauricio Magdaleno, Fernando
Fuentes, Elena Poniatowska, Elena Garro, etc. que ya son parte de nuestras
mejores tradiciones artísticas e intelectuales.
El tema de este artículo ha sido posible
gracias al sencillo homenaje que la Casa de la Cultura de Cancún rinde, por
estos días, a Juan de la Cabada, recuperando la lectura de sus obras en sus
“Martes literarios” y su sección de “Libros y mas libros” porque a mí, como a
muchos en México, se nos había olvidado que Juan es parte insustituible y
esencial de la cultura, de la mejor tradición literaria y del arte, con
carácter universal, de nuestro país. El que esto escribe, sin haberlo conocido
en persona, lo considera como su “maestro” en el oficio de la escritura. El
mejor homenaje es volver a leerlo o descubrirlo para quienes no lo conocen,
nadie se sentirá defraudado porque:
¡Juan de la Cabada, vive!
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.