EL CASO DE “BLADE RUNNER”: LAS VERSIONES
DEL DIRECTOR
Nos encontramos que en la actualidad y
gracias a la tecnología, podemos ver mucho material filmado de películas que no
fueron incluidos en el estreno. Cuando acudimos a rentar una película, o la
compramos, nos venden la idea de una versión “completa” o mejorada, o utilizan
el gancho de que fue censurada, o cortada por el productor. Entonces, un poco
morbosamente, caemos en la trampa y nos enganchamos, generalmente compramos.
Es el caso de las tres versiones
oficiales de Blade Runner (años: 82, 92, 07), a las que habría que sumar otras
dos semioficiales (la europea-internacional de 82 y una poco vista también de
92 para un total de ¡CINCO!). En la primera está la voz en over que comenta
situaciones en estilo Film Noir, el final feliz y donde Deckard es humano. Este
primer "Corte de los Productores" por fin estará disponible en DVD para
que los cinéfilos juzguen por qué sí es mejor versión que el Corte del Director
de 1992.
Esta primera versión, la de los
“productores”, a pesar de que no dejó ganancias y fue ninguneada por falsas
“vacas sagradas” como el crítico Roger Ebert que simplemente “se equivocó una
vez más”, fue la que construyó en 10 años el prestigio de Película de Culto
entre los verdaderos conocedores, fans y seguidores de la Ciencia Ficción en el
mundo. El culto no nació del Corte del Director.
La realidad es que la segunda versión o
Corte del Director es una copia de trabajo "en progreso" hallada en
las bodegas de Warner Brothers; fue encontrada porque solicitaron una copia
para ser exhibida precisamente por ser “Película de Culto”. Ya que los seguidores
de la primera versión eran muchos y sólo disponían de videocasetes para verla,
se decidió darle una nueva corrida comercial en 1992 y se llamó a Scott para
que editara de nuevo la cinta, ahora que era un director cuyo apellido “vendía”
en taquilla. Scott le añadió el famoso unicornio proveniente de su película
posterior Legend, imagen ajena al rodaje original, pero teniendo a la mano más
material filmado decidió no añadirlo (lo que en un análisis serio del resultado
dejó a Deckard como humano, a pesar del unicornio “añadido”).
La crítica estadounidense –que, en
general, no es la más brillante intelectualmente- impulsó la idea de que en la
segunda versión Deckard es replicante haciendo eco de una maniobra comercial
del estudio: era la manera de promocionarla y llevar gente al cine. Pero la
crítica europea no se tragó tan fácil el anzuelo comercial de la “replicantez”
de Deckard. Guillermo Cabrera Infante, el crítico español José Luis Guarner y
otros más señalaron que esta edición no añadía nada nuevo a la obra.
A toro pasadísimo, y amorcillado digo
yo, Scott ha hecho una serie de declaraciones desde 1982 hasta ahora que ha
modificado una y otra vez a su conveniencia para sostener, finalmente, que
Deckard es replicante. Al inicio, no lo sostuvo y hay constancia de sus
declaraciones. Como no tuvo control de varios elementos de la película, y
Harrison Ford había actuado a Deckard como humano todo el tiempo, no podía
afirmar algo que nunca estuvo en pantalla.
Sólo después del Corte del Director,
Scott dijo que Deckard era replicante, usando su prestigio sólo como “Argumento
de Autoridad” y forzar la balanza hacia la hipótesis que sostiene para la
segunda versión. La mayor parte del público se conformó con creerle “porque el
director lo dice” –como si no fuera otro ser humano que se equivoca o miente
maliciosamente para salirse con la suya-. Sin embargo, un análisis crítico con
herramientas intelectuales más sofisticadas, que van más allá del “porque lo
digo yo”, sobre el funcionamiento narrativo, de imagen, montaje (inserción de
material extraño al original), actuación y otros factores, mantiene vigente la
humanidad de Deckard.
A la declaración pública de Scott de que
Deckard es replicante (contra la de Harrison Ford de que siempre lo actuó como
humano), se han sumado más argumentos incoherentes y contradictorios por parte
de los “replicantistas”: interpretación de sueños, unicornios que no existieron
en el rodaje original, diálogos sueltos (quesque hasta en húngaro) y otras
zarandajas (o “mamadas” como se dice en México) que nunca han existido DENTRO
del universo de la película, como que Deckard es un modelo distinto de Nexos-6
distinto del que no se sabía nada (¡es un Nexos-7!… ¡oraleeee!). Finalmente,
los “replicantistas”, en especial los filmópatas, terminan dando de manotazos
en la mesa –creen que así ganan- y acusan a los “humanistas” de tercos.
El problema de fondo es que la segunda
versión perdería todo sentido y significado profundo si no hay una oposición
humano-replicante, Deckard-Batty. Este es el sentido que convirtió a “Blade
Runner” en una Película de Culto cuando aun no había la falsa polémica y se
afirmaba una absurda oposición Replicante-Replicante.
Para la tercera versión de diciembre
2007 Scott prometió sumar material extra donde Deckard sería un replicante ya
sin ninguna sin duda, de ser así, sólo lo sería en esta nueva edición. ¿Por qué
Scott lo hizo hasta 2007 y no desde 1992 si tenía la misma libertad de editar
el material preexistente? Pero no hubo tal.
A partir de las proyecciones ya
realizadas en la Muestra de Arte Cinematográfico de Venecia (septiembre 2007) y
en Los Ángeles y Nueva York (octubre 2007) se ha comentado que no hay
materiales inequívocos de confirmación de que Deckard sea replicante. Scott
sólo volvió a filmar la muerte de Zhora (con la misma Joanna Cassidy ¡25 años
después!) porque no le gustaba como había quedado la escena al “notarse” que
era un stunt man con peluca estrellándose en el aparador. Se digitalizaron las
imágenes, se añadieron objetos, vehículos, etc. No es propiamente una “nueva
versión” sino una readecuación tecnológica y de reedición de la de 1992 donde
se añaden segundos a escenas ya conocidas. Por ejemplo, la muerte de Pris es
más larga y violenta.
También se aprovechó la tecnología para
ponerle “ojitos brillantes” a todos los replicantes que faltaban, para que se
parecieran al búho. Lo que significa que en la versión de 1992 no todos los
replicantes tenían “ojitos resplandecientes”, por lo que este argumento siempre
fue inválido para la segunda versión porque no se veía tal “detalle” en todos
los casos. Aún así, Scott no solucionó jamás -en ninguna versión- el “hoyo
negro ilógico” de que, si ahora si a todos los replicantes por fin les “brillan
los ojitos”, ¿para qué demonios es necesario que se sometan a la prueba
Voigt-Kampff? En fin…
Desde el momento en que estén
disponibles las tres versiones principales en DVD, los análisis de Blade Runner
se parecerán a los estudios bíblicos donde, por ejemplo, se compara un texto
hallado en Qunram con sus variaciones posteriores o "actuales". Esta
es la tarea pendiente de los verdaderos críticos, cinéfilos y teóricos de cine
para que los juicios sobre este venerado film y su personaje principal dejen de
cimentarse en opiniones filmópatas sin base, en declaraciones –cambiantes- de
Scott que se usan sólo como “Argumento de Autoridad”. Se observará que la
lógica narrativa del film sólo funciona cuando Deckard es humano y no
replicante.
Es probable que cuando con honestidad y
objetividad se cotejen entre sí la Primera Versión (de los “malvados
productores”) con la tercera versión de Scott, resulte que la primera
(invisible comercialmente durante 20 años) tenga más vigor y coherencia. De
nuevo, no hay que olvidar que el Culto de “Blade Runner” se creó con el “Corte
de los Productores”.
Como se puede ver, los Cortes del
Director provocan una serie de situaciones complejas para el análisis y la
crítica de cine. Seguirán las polémicas apasionadas sobre versiones cortas de
estreno para cines y "cortes de director" más largos en DVD, pero
serán menos confusas y más productivas si se revisa película por película. En
determinados casos un Corte de Director sí es un acto de justicia hacia la obra
de un cineasta, como en “Apocalypse Now” Reducida; en otros, es poner al cinéfilo
frente a las alternativas estéticas y/o narrativas, como en “El Señor de los
Anillos” o “Malena” o “Cinema paradiso”. (De los que hablaré en la próxima
entrega).
En el peor y más cínico de los casos,
como Blade Runner, se trata ya de un juego evidente de comercialización (¡cinco
versiones a la venta!) donde la distribuidora se une al manoseo inmoral de un
autor sobre su propia obra para que ambos ganen dinero, mientras que el único
que “pierde” ¿es el cinéfilo?
¿Negocio redondo...? el arte es un juego
–su condición primaria- la pregunta sería: ¿Podemos participar activamente los
espectadores, tradicionalmente pasivos, con tantas alternativas? En tal caso:
Solo elegimos lo que nos agrade más, finalmente el disfrute, como dijera mi
abuelita, quien nos lo quita. Personalmente, creo que, pudiera ser... Siempre y
cuando...
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.