COMO VUELO DE GOLONDRINA

 

                   En un turbio instante de mi vida decidí alejarme de tu caprichoso corazón, rompiendo las cadenas que sujetaban mis sentimientos. Cuando mi ánimo era una sombra entre rejas intenté volar siguiendo en el espacio lo que las golondrinas escribían al pasar. Eché a rodar mi espíritu en una noche callada, por calles vacías bajo una extraña desolación interior y me pregunté el por qué. Desconocía si eran propias o ajenas las pálidas dudas de mi alma. Sin detenerme busqué la quietud de la montaña para evaporar la angustia; sintiéndome como una hoja seca, al dejarme llevar por los vientos del sur; esos vientos que gritaron mi gris adiós cuando volé sin sembrar promesas… eligiendo vivir y nada más. Busqué libertad evitando destruirte la ilusión, sin que nada detuviera mi vuelo de ansiedad… igual que las golondrinas vagando en los cielos: libres por doquier.

Al contemplar la montaña tan seria y dormida pude bajar la vista internándome en la realidad, pues ignoraba la diferencia entre las opacas penas y las alegrías del camino. Me encontré en lo alto, en la cumbre, en el cielo, pero con los pies clavados como raíces entre rocas. Sentí que el aire no me pertenecía, no estaba volando… me cubrían las nieves de soledad y tristeza, entonces escondí el llanto en las tinieblas. Descubrí que hoy es el mañana, que las mañanas y las aves eran mías; descubrí que lo buscado con afán era mi pasado. También descubrí al ver una estrella por la inmensa ventana azul, una cereza reflejando tu rostro mientras caía entre el agua de los deshielos hasta posarse en mis manos, y la ternura de pequeña niña que en tus ojos vi hizo notar la oscura ausencia del amor dentro de mí. Imposible me resultó olvidarte; pues estaba colmado de tus fotos de luna bañadas en rocío. Blancas cumbres me recordaron la pureza del “te quiero” que escribí en tu alma mientras el sol nos sonreía, cuando éramos dos enamorados y nada más.

Ahora quiero que te sientes frente a mí con La primavera pintada en tus ojos y me escuches, como se escucha la vagabunda confesión de la lluvia.

Después de tanto aleteo y de lágrimas sin razón aprendí que el ave libre de mis sueños, sos vos, y que para volar al sol te necesito a vos. Tengo hoy un deseo que me brota del alma: decirte cuanto te amo y sellarlo con un beso hasta olvidar mis dedos emocionados entre tus cabellos distraídos… Al igual que un vuelo de golondrina, esa, esa será mi verdadera libertad….

 

Autor: ©Edgardo González. Buenos Aires, Argentina.

ciegotayc@hotmail.com

 

 

 

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