LA CALLE.
Por Marie Diaz.
Ella está allí siempre quieta silenciosa y paciente, nada parece inmutarla con su gris de siempre y los cordones de adoquines también grises que la separan de la vereda, que casi siempre es gris.
Todo parece igual, la lluvia la moja y en los días de intenso calor despide un vapor que es un suspiro de alivio, como el mío que se evidencia en el verde del follaje y el olor a tierra mojada.
Nada dice, cuando los pesados vehículos la transitan y como Atlas lleva el peso con naturalidad, la misma que tiene cuando siente el leve paso de un niño.
Cuando sobre ella se detiene un pájaro o danzan las hojas junto al viento en la fiesta de otoño.
Cuando las hojas del almanaque del año que finaliza la vistan un poco de blanco y cuando el estruendo de las bombas y luces de colores reciban el nuevo año. Y la gente camine más rápido y haya lágrimas y las emociones suban a los rostros y los abrazos, y las palabras digan mucho y solo queden los ecos, ella estará allí en silencio en muda compañía de aquel que a paso lento y dejando caer una lágrima le diga solo a ella su silenciosa confidencia.
Testigo de la novia tímida y leve que va al templo o de aquellos que llenos de alegría y esperanza comienzan juntos una nueva vida, muchos recordarán siempre ese momento y al evocarlo, dirán también el nombre de la calle.
Otros quizás lo hagan con esfuerzo pero no saben de nuestros diálogos y de nuestra vida en común siempre aquí con aparente indiferencia, somos así siempre amigos. Soy el Plátano.
Hace muchos años llegamos mis hermanos y yo junto a muchas otras especies del reino vegetal desde lejanas tierras, a esta tan hermosa, donde los hombres dicen que podemos desarrollarnos y multiplicarnos porque las condiciones climáticas están dadas.
Muy joven ocupé este espacio que los hombres designaron para nosotros los que hemos sido destinados al ornato.
Los hombres dieron muy buenas razones explicando él porque de nuestras presencias sobre las veredas bordeando las calles pero por error o desconocimiento las leyes naturales no se cumplieron.
Desde este lugar donde tengo muchos amigos soy testigo de la vida, yo guardo memoria y durante estos años de aparente quietud, conozco al hombre y muchas veces quisiera decirle de sus aciertos u errores y contarle verdades que desconoce y que por desconocerlas piensa erróneamente y pasa al lado de sus sueños sin saberlo.
Lágrimas, risas, juramentos, cuitas, secretos y hasta publicidad el hombre deja en mi sin reparar en nada que no sea lo propio.
En nuestra vida con mi amiga la calle dialogamos sobre todo esto que es la vida y nos alegramos con las diarias alegrías y quisiéramos consolar las tristezas y borrar las penas, pero somos: calle y árbol.
Calle y árbol.
Solo eso, pero ... ¡hoy hemos presenciado con emoción la alegría del retorno!
Ella se fue cuando era niña, junto a su familia. Fue una gran mudanza.
Cuantas cosas tienen las familias en sus casas, fueron dos grandes camiones y una gran excitación, los niños corrían y todos tenían un tono de voz mas alto que lo acostumbrado.
Pero la más pequeña apretaba en su regazo aquella Doña Pata de peluche azul con alas rojas y pañuelo atado en la cabeza, con ella jugaba y mantenía tiernos diálogos llenos de imaginación. Ahora parece no comprender lo que sucede y se queda quieta, detenida, observando todo ese movimiento que jamás antes vio.
Han pasado muchas cosas, desde aquel día de la mudanza, con mi amiga hemos vivido mucho tiempo pero alegría como la de hoy no recordamos otra.
Ella ha regresado: es una señora con el rostro alegre y la voz clara y dulce, tiene cuatro niños y la más pequeña me recuerda aquella otra: la que jugaba con Doña Pata.
La mamá de hoy cuenta a su familia la historia de su niñez que comenzó en esa casa, y les habla de sus juegos.
Recuerda, cuando se fueron para vivir en otra casa, en otra calle, otros árboles, y ríen y hablan muy animados.
Desde mi lejanía he soñado con este momento: mostrarles a ustedes este lugar querido donde comenzó mi vida.
En esta casa ... esta calle ... y este árbol, y dijo la más chiquita:
mami, como se llama este árbol? ... y ella, con la mayor ternura le respondió: es nuestro amigo el Plátano.