Páginas de Historia

IGNACIO ALLENDE Y JUAN ALDAMA

* Dos héroes militares

La historia de la gesta de independencia registra un importante movimiento en septiembre de 1809 en Valladolid, hoy Morelia, dirigido contra el gobierno el cual encabezaban Fray Vicente de Santamaría, Manuel Ruiz de Chávez, José Mariano Michelena y José García Obeso, en el cual participan oficiales criollos y miembros del bajo clero.

Ese movimiento que planeaba iniciar el levantamiento el 21 de diciembre de ese año fue delatado y el virrey decidió ser benevolente, para no aumentar el descontento, y solamente desterró a sus dirigentes enviándolos a Jalapa y San Luis Potosí.

Posteriormente el nuevo punto de conspiración se centra en Querétaro, donde además de don Miguel Hidalgo, participaban Ignacio Allende y Juan Aldama, que son de quienes hablaremos en esta ocasión.

Don Ignacio Allende

Ignacio José de Allende y Unzaga nació en San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende) el 21 de Enero de 1769, fue hijo de un rico comerciante español y de una señora de las principales familias de San Miguel. Vivió su infancia con todas las comodidades, realizando así sus estudios.

Posteriormente inicia la carrera de las armas, ganando sus primeros bajo las órdenes de Félix María Calleja, en tanto que para 1806 lograba el grado de capitán y en 1808 regresa a San Miguel con el cargo de un regimiento de caballería que se llamaba Dragones de la Reina.

En 1809 participa en la conspiración en Valladolid, sin ser castigado cuando fue descubierta. Sigue conspirando, y forma una junta en San Miguel para promover la Independencia, en tanto que asistía a las reuniones que organizaban don Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz, así como don Miguel Hidalgo.

El día 16 de Septiembre de 1810, a las dos de la mañana, se lanza a luchar por la libertad convocada por Hidalgo, deteniendo a los españoles que vivían ahí, y regresando a San Miguel a fin de obtener "la incorporación del regimiento de Dragones de la Reina ya que con este se le podría dar al movimiento una tropa bien organizada". Allende, por su origen social y su formación, no pasó a ser un liberal moderado; y desde el principio se pronunció por la organización militar de la insurrección así como a favor del orden y la seguridad de las personas.

Ya iniciado el levantamiento, el 22 de septiembre una junta de jefes insurgentes en Celaya, nombró a Hidalgo capitán general, y a Allende teniente general. Cinco días más tarde, el virrey ofreció una fuerte recompensa a quien entregase vivos o muertos a Hidalgo, Allende y Aldama, en tanto que el día 28 tomaron la Alhóndiga de Granaditas y ocuparon Guanajuato.

Más adelante, en Acámbaro, ante las tropas insurgentes Hidalgo fue proclamado generalísimo y Allende capitán general. Después los insurgentes se enfrentaron a los realistas en el Monte de las Cruces, derrotando a los realistas. Allende propone marchar y tomar la ciudad de México, ya que sentía que la toma de la capital significaría mucho para la lucha; pero Hidalgo no estuvo conforme y ordenó que se retrocediera, más tarde sufrieron una derrota en Aculco.

Allende se separó de Hidalgo y regresó a Guanajuato, puso a la ciudad en estado de defensa ya que: almacenó provisiones para el caso de un largo sitio, fabricó cañones, hizo agujeros en algunos cerros y los llenó con pólvora para que hicieran explosión cuando pasara por ahí el ejército realista. En varias cartas solicitó ayuda a Hidalgo (que se hallaba en Valladolid) y de otros insurgentes; pero Hidalgo no le prestó ayuda.

Al llegar Calleja al mando de los realistas, a Guanajuato, tomó las principales posiciones, y Allende tuvo que salir de la ciudad y marchar a Guadalajara, donde se encontraba Hidalgo.

Como existían muchas diferencias entre Hidalgo y Allende, este último decidió dedicarse sólo a la organización del ejército. Durante una batalla en el Puente de Calderón, Allende mostró una vez más sus dotes militares; pero una explosión de un carro de municiones de los insurgentes facilitó la victoria del enemigo.

Ya después de la catástrofe del Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, la junta militar le retiró el mando a Hidalgo, y se lo dio a Allende; pero ya demasiado tarde para recobrar los primeros triunfos del ejército insurgente, pues ahí empezando el éxodo de los caudillos hacia el norte.

En marzo de 1811 los caudillos de la Independencia fueron capturados, por una traición de Ignacio Elizondo, en Acatita de Baján. Allende sobresalió por su tenaz resistencia y luchó hasta el final. Los prisioneros fueron conducidos a Chihuahua, donde se les procesó, estuvieron incomunicados y encadenados.

Sometido a juicio Allende, al igual que otros líderes, fue sentenciado a muerte y fusilado el 26 de junio de 1811, después fue decapitado, y su cabeza fue expuesta en la alhóndiga de Granaditas Guanajuato. Sus restos reposan en la Columna de la Independencia en la ciudad de México.

Juan Aldama

El también caudillo insurgente Juan Aldama nació en San Miguel el Grande, Guanajuato, hermano del licenciado Ignacio Aldama. Siguió la carrera de las armas, y al estallar la guerra de independencia, era capitán del regimiento de caballería de las Milicias de la Reina, en su pueblo natal, donde también vivía su hermano Ignacio y el capitán Allende. Allende lo invitó, en 1809, a participar en la conspiración que en Valladolid dirigían García Obeso y Michelena. Asistieron a las juntas secretas hasta que la conjura fue descubierta el 21 de diciembre de 1809. Aldama es considerado como un patriota de formación liberal moderada.

Luego que Ignacio comienza a participar en las juntas secretas de Querétaro, en 1810, en la casa del corregidor Domínguez, así como en las juntas que en San Miguel presidiera su hermano Ignacio se reincorpora al movimiento, entrando en contacto también con el padre Hidalgo, en Dolores. Cuando la conspiración de Querétaro fue descubierta, el corregidor Domínguez, de Querétaro, se da cuenta de que las autoridades se preparaban a actuar, la esposa del corregidor, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, se dio prisa en avisar a Allende de lo que ocurría, enviando un correo a San Miguel.

Como el enviado de la corregidora no encontrara a Allende, entrevistó al capitán Juan Aldama y le informó que la conspiración había sido descubierta. Aldama se puso inmediatamente en camino hacia Dolores, para entrevistarse con Hidalgo, a quien encontró a las dos de la mañana, discutiendo el movimiento precisamente con Allende, pues ya estaban enterados de los acontecimientos. Los tres caudillos conferenciaron llegando a la conclusión de que antes de que fueran aprehendidos habría que apresurar el movimiento, haciendo que estallara inmediatamente. En la madrugada de ese día, 16 de septiembre de 1810, Hidalgo avisó al pueblo mediante un toque de campanas e iniciando la guerra de independencia.

El 17 siguiente, en Dolores nombraron los caudillos una junta directiva de la población de San Miguel el Grande, de la que el licenciado Aldama fue presidente y regidores otros vecinos, siendo el primer gobierno impuesto por los insurgentes. Por su parte el capitán Aldama siguió al mando de una fracción del ejército, tomando parte en las batallas. Después de la toma de la Alhóndiga de Granaditas, el gobierno virreinal puso precio a las cabezas de Hidalgo, Allende y el capitán Aldama, que ya eran los jefes visibles del movimiento, que empezaba arrollador y lleno de victorias.

Más tarde, cuando en Acámbaro, Hidalgo reorganiza el mando del creciente ejército insurgente, que contaba ya con 80 mil hombres, el capitán Juan Aldama fue ascendido al grado de teniente general, grado con el que participó en las desastrosas batallas de Aculco y Puente de Calderón, en 1811. Después de la derrota sufrida por los insurrectos en estas batallas, contra las huestes realistas de Calleja, se inició la retirada hacia el norte, en Acatita de Baján fueron aprehendidos, por la traición de Elizondo.

Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y otros jefes fueron remitidos a la ciudad de Chihuahua, donde el tribunal militar debería juzgarlos por rebeldía. Juan Aldama fue sentenciado a morir, siendo fusilado el 26

de junio de este año de 1811. Su cabeza fue enviada a la Alhóndiga de Granaditas, para que fuera exhibida en un garfio, junto con la de los otros jefes. Sus restos reposan en la Columna de la Independencia en la ciudad de México.

Por Raúl Espinosa Gamboa

Cancún, Quintana Roo. México.

raesgam@yahoo.com.mx

 

 

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