Del Suelo al Cielo Personal del año 1998 Sporting Cristal
Eduardo Villanueva Mansilla, evillan@pucp.edu.pe 1. El Arribo Subcampeones de América y del Perú, pero tras tres años de costumbre campeona fue un poco difícil pensar que 1997 había sido completamente bueno. Cierto, estabamos allí donde sólo un equipo del país había llegado, éramos el único equipo que podía presumir de su capacidad vendedora de jugadores, etcétera. Pero también éramos el equipo al que le faltó un poquito más. A la distancia, esa final de la Libertadores era ganable, como también a la distancia debimos haber resuelto mejor la crisis Markarián. Pero la distancia no sirve sino para entender mejor las cosas, y para aprender a no meter la pata. Bueno, terminamos subcampeones, con un equipo más o menos parado pero sobre todo con un entrenador al que nadie terminaba de aceptar. Sacar a Markarian fue necesario, puesto que él no quiso o no puso enfrentar la necesidad de sacar jugadores que estaban al final de su ciclo. Pero la decisión, apresurada, de traer a Arrué fue terrible.
2. La "era" ArruéQuizá el primer baremo sobre Arrue fue su decisión de tirar todo por la ventana y avalanzarse sobre el Cristal, sin medir lo que dejaba. Estuvo a punto de ser campeón en Ecuador, lo que puede ser menos o más que ser subcampeón en el Perú, pero su actitud definitivamente demuestra sus prioridades. El pata dejó todo para tomar un equipo en crisis y sin duda económicamente fuerte, pero con la brújula algo perdida. Y si algo no logró ni por asomo fue recuperar el norte. El momento más terrible fue ese partido por la Libertadores en Santa Fe frente al Colón. No es el resultado, sino que por primera vez en su período, Cristal tuvo orden, táctica, propósito y sobre todo claridad en lo que quería lograr con su juego. Y se jugó a empatar el partido. Simple y sencillo como eso. Esa es la crítica fundamental a Arrué: hizo jugar al Cristal como un equipo chico. A eso hay que añadir mucho sobre las contrataciones. La política del club es y ha sido que las contrataciones las hacen los dirigentes, no los entrenadores. Pero justo con Arrué llegaron un sartal de jugadores mediocres, como Rosinaldo o Tempone, que nada hicieron por el club, y se confirmó a otros como Carmona que la verdad, no sirvieron para mucho en ningún caso. El resultado fue una plantilla repleta pero poco convincente, que terminó por demostrar que nada aportaba cuando se hizo la limpieza de medio año que liberó a muchos jugadores innecesarios. El resultado de la era Arrué fue simplemente este: pésima performance en la Libertadores, mediocre primer lugar en el Apertura, logrado gracias a la suerte, y un equipo que no recuperó nada de la personalidad y el estilo que tuvo durante cinco años. Arrué no se quiso ir. Se defendió como gato con el argumento que estabamos primeros del Apertura y que el equipo iba a mejorar en algún momento para la Libertadores. Nada de eso sirvió y el proceso terminó lastimosamente, con partidos por la Libertadores pendientes y con responsabilidades gigantescas para un novel en las lides, como el interino Franco Navarro. ¿Quedó algo digno de mención de esta etapa? Nada para mi gusto. Lo único que parecía ser cierto fue que el estado físico del grupo era pobre, aunque las excusas eran válidas (no tenían mal estado físico, sino que simplemente estaban duros por la pre temporada). Además, aparte de Nilson nadie de las nuevas contrataciones parecía valer la pena, con énfasis en el caso de Javier Ferreira, que aparentaba ser el mayor chasco en cuanto contrataciones de la historia del club, puesto que (trascendió que) su pase costó la bicoca de 500.000 verdes, buena parte obtenidos de los 900.000 de la transferencia de Ñol. Y aparte de un gol chorreadísimo, nada bueno había hecho el pelado hasta ese momento, ni haría hasta mucho después. El Primer InterinatoEl principal elemento para alegrarnos durante el interinato inicial de Franco Navarro fue la confianza que le dio a Andrés Mendoza. ¿Recuerdan sus dos extraordinarios goles, frente a Alianza Lima y River Plate? Lo mejor que hizo en un año donde pasó de ser una promesa a una realidad, para mi gusto la mayor y más importante que ha dado el fútbol peruano, mejor que el sobrevaluado Roberto Silva, puesto que el cóndor está por cumplir recién 20 años y además hace goles de todo, desde patadones hasta cabezazos. Pero recordemos: el primero interinato fue realmente compartido entre Leo Rojas y Franco Navarro. Técnicamente eran el asistente técnico y el jefe de equipo haciéndose cargo de manera temporal hasta que llegara el verdadero entrenador. Y las cosas no cambiaron mucho con relación a la era Arrué; se siguió jugando a nada, sin personalidad, medrosamente. No pasó realmente nada, y Franco no mostró mayormente nada. Supongo que las razones fueron relativa inexperiencia, la clara sensación de temporalidad, y sobre todo el deseo de no establecer una relación abierta de entrenador con un grupo que pronto tendría otra persona a cargo. Eso sí, Franco mostró ser el entrenador, no simplemente el par de Leo. Leo es imprescindible para el grupo, y definitivamente tiene un rol que cumplir, en cuanto continuidad espiritual (no me refiero únicamente a lo religioso). Pero no es entrenador. Por ello, el que terminó tomando decisiones fue Franco. La Chiqui EraQuizá la gran incógnita que nunca responderemos es que pasó con Chiqui García. Más allá de las controversias que vinieron con él, una cosa es cierta: es casi imposible que un entrenador logre tantos títulos simplemente porque soborna a los rivales. Es ridículo. La actitud histérica de Jorge Luis Pinto, ex entrenador de Alianza Lima, condenándolo de manera terminante, parecía excesiva, y de hecho su desempeño con el equipo no mostró a alguien especialmente maleado, puesto que lo que parece que le faltó en gran medida fue capacidad de ganarse al plantel, de desarrollar algo parecido a ascendencia sobre los jugadores. Recuerdo que cuando el Maga se quejaba de no jugar, Chiqui lo puso de carrilero derecho, lo que tenía sentido: Magallanes siempre supo marcar, mueve su bola pero llega mal al área; ergo, podía aplicarse un poquito y llegar a ser una alternativa por la banda derecha, especialmente en un potencial 4-4-2. Pero el Maga jugó (pasablemente) es en esa posición una vez, y luego dijo que él no jugaba más en esa posición. ¿Y el Chiqui? Puso esa cara de "yo no fui" que lo hizo tan poco querido por la hinchada, y dijo que Magallanes no quería pues. Nada más. Luego el Maga se fue, pero quedó la sensación que en el fondo, todo quedaba siendo lo mismo. Chiqui no mandaba ni creaba equipo, sólo ponía jugadores y trataba de armar esquema táctico. En ese aspecto, el esquema táctico, no pasó mucho. El equipo mostró aplicación completamente mecánica y desapasionada de un planteamiento adecuado pero nada más. Nadie se salvaba, ni el Camello, ni Ferreira, hundido en una mediocridad completa, ni Nilson, que pasó de ser un efectivo cazagoles a un enervante pierdetegoles. Salvo Rebossio y quizá Ferro, que aparentaba ser muy eficiente, el resto del equipo la cosa estaba terrible. Hasta se perdieron partidos increíbles con el Muni y sobre todo con el Pesquero en casa, en el San Martín, con penal perdido encima. Terrible. Pero hubieron cosas rescatables de la era Chiqui: promovió una barbaridad de jóvenes, comenzando con Ismael Alvarado, que se ha convertido en titular casi indiscutible del equipo, junto con otros jugadores a los que les falta un poquito más, como Vasallo, Abrahamson, y los que tuvieron pocas ocasiones de jugar como Almanza o Prado. También ordenó la cosa a nivel físico, con una segunda pretemporada que permitió que el equipo llegara con piernas al extenuante final del campeonato. Lástima que eso fuera todo. Lo que si tiene que reconocerse es la hidalguía de irse cuando la situación fue insostenible. Habida cuenta que no habían posibilidades ni de traer otro entrenador ni de botarlo porque hubiera implicado pagarle el resto de su sueldo acordado, era obvio que García tenía para llegar hasta fin de año y luego irse a su casa con su platita. Pero optó por renunciar, liberando al club de gastos mayores (eso especulo), y sobre todo dejando el terreno listo para cualquier otro. Lo cierto es que el daño a su curriculum estaba hecho y no iba a ser mejor o peor si se quedaba, por lo que estimo que su decencia al largarse solo fue lo más sensato que pudo hacer, y sobre todo un buen contrapeso a las denuncias que Pinto propuso en su momento.
El Interinato Convertido en AclamaciónLo que se les pidió fue terminar el año dignamente. Nada de sobresaltos, nada de triunfos. Lo justo y necesario para que el desastroso 98, el peor año del equipo desde 1990, quedara rápidamente en el olvido. Y al final terminamos a un tris (bueno, a un palo) de ser Campeones Nacionales. Franco Navarro se merece la oportunidad del 99. Se merece llegar a la Libertadores con un equipo hecho a su medida y manera, con los jugadores que le guste, la preparación física que le guste, y sobre todo con la seguridad de tener el techo de comprensión obtenido con los triunfos de finales de esta temporada. Dos derrotas, una en Cuzco frente a Cienciano y una frente a la U en la final, un empate y 10 triunfos, son más que justificada esperanza para el 99. El equipo en sí no cambió mucho, pero los jugadores se encontraron consigo mismos. Ferreira justificó el dineral que había costado dando pases brillantes, ordenando, cuidando la pelota, repartiendo con juicio y echándose el equipo encima. Soto volvió a ser el del año pasado, con énfasis en su capacidad para aprovechar a un organizador brillante, más que en tener que hacer todo él. Rebossio se afirmó y contagió a todos alrededor suyo, incluidos Alvarado y Zabárbulo, y arriba Mendoza se convirtió en la estrella nueva del club. ¿Que pasó? ¿Cómo un equipo hundido en la más completa desidia pasó a ser una reactualización de los "valores celestes", aunque sin tantas goleadas? Al parecer, Franco los movió. No vi grandes cambios tácticos, no vi grandes novedades en la manera de enfrentar los partidos. Tampoco vi mucha creatividad para los partidos complicados, ni mucho menos imaginación para resolver los problemas con los pequeños de siempre, los mosquitos que normalmente no molestan pero sí estorban. Basta recordar el partido con el Minas, cuyo control estuvimos a punto de perder más de una vez. Pero ese mismo partido con el Minas ofreció los 10 minutos de juego más brillantes que el Cristal tiene desde las grandes victorias frente al Bolívar y el Racing en la Copa Libertadores del 97. Durante 10 minutos, el equipo fue una máquina que pudo hacer 10 goles. Maravilloso. Pero al mismo tiempo se caían en marasmos, en lagunas mentales en donde las jugadas de memoria no funcionaban, en donde la falta de pulcritud de Serrano se mezclaba con la tendencia de los "hijos de Asteggiano" (Alvarado, Arnao, Zabárbulo) de patear y patear y patear, en que la incomprensible sucesión de fallas comprometía la fama goleadora de Nilson y la emergente realidad de Mendoza. Minutos, y a veces tiempos completos, en que el equipo solo sabía defenderse, ordenado por el Conejo, es cierto, con elegancia y saliendo airosos, pero defenderse al final. Los segundos tiempos con Alianza en la definición del Clausura y con la U en el primer partido de la final, y el primer tiempo con la U en el segundo partido de la final, por ejemplo. El primer tiempo con el Minas fue también de un marasmo llamativo. Así que lo único que queda claro es que Franco logró darle vida al equipo sin renovarlo en serio. No se jugó mejor, se jugó con corazón, con confianza. Se jugó con la convicción que el mejor equipo peruano de la década de los noventa y uno de los más consistentes de la historia del fútbol peruano tiene que tener, con la seguridad que la mejor plantilla y la mejor institución tienen que ofrecer. Franco ha demostrado ser un inmenso motivador y un buen técnico. Para llegar a donde queremos llegar, a las cumbre del fútbol sudamericano, no basta el simple hecho de ser un "buen" entrenador. Hay que ser grande. Esa es la pregunta pendiente para el 99. ¿Es Franco Navarro un gran entrenador? Racionalmente me parece que no. Emocionalmente creo que sí. Me parece que las deficiencias tácticas del equipo fueron serias en los partidos más importantes del año, pero quiero creer que Franco puede solventarlas mediante más trabajo de base con el grupo, con más orden, con piezas de recambio más funcionales (la disyuntiva Nilson-Carty no sería Escila y Caribdis pero se aproximaba al Jano Bifronte: dos caras de la misma moneda sin mucha clase ni mucha imaginación). Espero sinceramente que Franco sepa hacer que el equipo juegue al ritmo que le pongan sus buenos jugadores, que siga confiando en los jóvenes de la buena cantera que estamos mostrando, y que contrate con juicio y pensando que un jugador que ha demostrado algo en el torneo local no tiene que ser necesariamente solución para afuera. Hay que tenerle paciencia, es cierto. Se la merece. También hay que tener confianza. La amerita. Pero por sobre todo hay que entender que a veces las cosas no son lo que se espera y a lo mejor el techo de Franco es nuestro campeonato. Si sus carencias son de fondo antes que de forma, si la experiencia no puede compensar la ausencia de profundidad que el equipo ha mostrado hasta hoy, tal vez el experimento sea corto. En todo caso el crédito se lo merece y hasta sale a cuenta.
El FuturoLa ambición es buena. Quinta vez consecutiva en la Libertadores, con una final, un cuarto de final, un octavo de final y una horrorosa eliminación en primera vuelta en el último esfuerzo. En este caso, el objetivo tiene que ser al menos semifinales; me refiero al objetivo explícito. Implícitamente sabemos todos que sólo un campeonato nos haría felices, pero seamos objetivos y pensemos que una semifinal sería más que digna. ¿Qué habría que hacer? Mis dos centavos:
En campeonatos largos, con Libertadores y (tal vez) Merconorte de por medio, más posibles salidas al extranjero y las inevitables lesiones, es necesario contar con unos 28 jugadores en condiciones de jugar en serio ante la mayoría de rivales. Asumiendo, por ejemplo, que Julinho no sigue, que Nilson tampoco, necesitamos refuerzos serios arriba y en la volante de contención. Así que mi lista de contrataciones para el próximo año sería, ordenada por prioridades y asumiendo que se quedan los buenos:
¿Nombres? salvo Silva no se me ocurre nadie más localmente, puesto que Huamán ha optado por irse afuera. Teniendo en cuenta que si se quedan Ferreira y Ferro sólo podríamos contar con una plaza de extranjero, esta tendría que ir, idealmente, en un jugador para el puesto más crítico, que a mi entender es el de centro delantero. Ojalá pues que Silva, más allá de las dudas que me puede producir en cuanto a su calidad integral de jugador, pueda ser contratado para así evitar el tener que recurrir al mercado local para un volante de contención, dado que el único realmente bueno es Ciurlizza y éste es inalcanzable. Habría que ver que pasará con Ernesto Miyahira, quién parecía una buena promesa de volante de marca y fue este año prestado al Municipal. ¿DT? Franco Navarro. Sin dudas y deseándole que pueda demostrarnos que aquellos que tenemos algunas preocupaciones sobre su habilidad para el gran fútbol nos veamos en la necesidad de tragarnos las palabras. Nada más. Sólo esperar que lo bueno del 98 continúe y lo malo sea un recuerdo que no tengamos que volver a enfrentar.
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