Por tradición, era atribuida a la primera dama la presidencia
honoraria de la Sociedad de Beneficencia, entidad femenina que agrupaba
a damas argentinas de gran fortuna o rancio abolengo. Fundada en
1823 por el prócer Bernardino Rivadavia, la Sociedad de Beneficencia
tenía como primordial objetivo el de atender "a la educación
de las mujeres, a la mejora de sus costumbres y a los medios de
proveer a sus necesidades, para poder llegar al establecimiento
de leyes que fijen sus derechos y sus deberes y les aseguren la
parte de felicidad que les corresponde".
En
1876, la sociedad vio cercenadas sus funciones al disponer la Ley
de Educación Común el traspaso de las escuelas de
niñas, hasta entonces bajo la tuición de la sociedad,
a un consejo general de educación. A partir de entonces,
la sociedad se constriñó al ejercicio de una asistencia
social de tipo caritativo, no exento de prejuicios clasistas. "Las
damas visitaban a los necesitados como quien visitara un país
extraño", comentó el jesuita padre Benítez,
confesor de Eva Perón.
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"La
Sociedad de Beneficencia tenía un historial meritorio,
pero crecientemente divorciado de la realidad social argentina
la cual evolucionaba a un ritmo más acelerado que las
damas y sus mentores...." |
Interpretando
a su manera la intención que animara a su fundador, la sociedad
tenía un historial meritorio, pero crecientemente divorciado
de la realidad social argentina la cual evolucionaba a un ritmo
más acelerado que las damas y sus mentores.
Uno
de ellos, el escritor Carlos Ibarguren (no pariente de Juana, por
supuesto) opinaba así: "Esa institución es como
una isla en la que se ha salvado y se cultiva la más noble
parcela de la tradición argentina, mientras que por sus bordes
pasa vertiginosa la corriente cosmopolita, con el aluvión
que está formando la Argentina del futuro". Grito de
alarma ante la ola inmigratoria del decenio de 1880, la formación
del proletariado urbano y la insurgencia social, fenómenos
con los cuales, por su índoles intrínseca, la sociedad
no podía estar de acuerdo.
Acaso
con la secreta intención de transformarla desde adentro,
o por simple vanidad social (más probable lo segundo), ser
invitada a presidir la Sociedad de Beneficencia habría sido
para Eva el supremo halago consagratorio.
Como la designación se dilataba, envió discretos recados
a las damas, dándoles a entender que ella aceptaría
gustosa el homenaje.
Incauta,
Eva ofrecía una mejilla, sin sospechar que para aquellas
soberbias señoras, conferir a "esa mujer" el título
de presidenta honoraria habría sido un acto equiparable al
de Calígula nombrando cónsul a su caballo.
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"El
incidente ahogó para siempre la eventualidad de un
entendimiento entre Eva Perón y la sociedad tradicional
argentina....." |
La
respuesta fue que "la señora Perón era muy joven
para desempeñar esas funciones".
Estallido
de Eva: "Si ese es el motivo, que nombren a mi madre".
Unos
días después, el 7 de septiembre de 1946, un decreto
del Poder Ejecutivo disponía la intervención y liquidación
de los bienes de la Sociedad de Beneficencia.
El
incidente ahogó para siempre la eventualidad de un entendimiento
entre Eva Perón y la sociedad tradicional argentina. |