Arriba,
-¿Qué?

Abajo,
-¿Qué?

Arriba,
-!Qué!

Arriba, nada. Arriba y abajo, al mismo tiempo,
-!Qué...!

Solo Arriba,
-¿Qué quieres, Carmen?. !Sube! -abajo, silencio- ¿Qué? - otra vez
arriba-
¿Qué? -más fuerte- !Qué! -gritando.

Abajo, silencio; el hueco de las escaleras, hueco y vacío, confunde las
voces, a veces las inventa, las funde simplemente y arriba del todo
llegan
incompletas las palabras. Arriba sus pasos de nuevo adentro del
cuarto.
Arriba los sonidos llegan confundidos y hace frío:
a uno se le corta el cuerpo sin saber si es de frío o de silencio.

-La escalera se repite igual que tú... Antón, Antón, Antón
pirulero
-cantando el juego- No hay tanta luz y los ruidos son menos intensos,
más
cómodos... Antón, Antón, Antón pirulero -cantando otra vez- ... Pero no
hay
interrupción, Carmen. Qué absurdo. Hace un rato estuve a punto de
responder, a un instante de gritar y tirar tu nombre, Carmen, por el
hueco
del pasamanos. Por el grito llegar hasta abajo. Responde, Carmen,
responde
-dijo en voz baja.

De abajo no llegó una señal siquiera. El teléfono había sonado solo
una
vez. Arriba:
- !Qué!, ¿Diga?... Sí, sí, sí... No, no, ahora no puedo salir. ¿Dóndes
estás?.

el ObispO de la santísima Obscenidad
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