El Condorazo de Rojas

ANTECEDENTES
El fútbol chileno había quedado humillado tras la espantosa presentación en España. Todos los alardes de Locutín Santibáñez habían quedado como una ridícula anécdota. Por un par de años no se habló de fútbol y poca gente iba a los estadios. Para colmo de males, no clasificamos al mundial de México 1986 (que originalmente iba a ser en Colombia pero la sede se cambió por los problemas internos del país), pese a la brillante "resucitación" de Carlos Caszely y el espectacular "gol imposible" de Jorge "Mortero" Aravena frente a Uruguay. Así, nos perdimos otro buen mundial, con un Maradona en la cúspide de su talento guiando a una notable selección argentina al bicampeonato, con partidos espectaculares como el 4-3 entre Bélgica y la Unión Soviética, la sospechosa derrota de Paraguay frente a Inglaterra y la electrizante final entre Alemania Federal y Argentina.
Las cosas empezaron a cambiar con la Copa América disputada en Argentina en 1987. Parecía una copa más, con un rendimiento regular de Chile. Se derrotaba 3-1 a Venezuela y luego tocaba enfrentar a Brasil. Nadie daba mucho por esta selección, de hecho yo con mis amigos no nos juntamos a ver el partido ni recurrimos al extremo recurso de utilizar una vieja TV en blanco y negro que hasta el día de hoy jamás ha visto derrotas chilenas.
Pero todos quedaban con la boca abierta con los dos goles de Juan Carlos "Lete" Letelier y los otros dos de Ivo "Hueso" Basay que conformaban el 4-0, sumado además a una notable actuación del meta Roberto "Condor" Rojas. Luego, en un partido de infarto, se derrotó 2-1 a Colombia para ir a definir la copa frente a Uruguay. Perdimos, como siempre, pero esta actuación es recordada hasta el día de hoy. El entrenador Orlando Aravena dejaba una excelente impresión, con un equipo que tenía chispazos notables que definían partidos, sumado a la consolidación en el arco de Rojas, quizá el mejor portero que haya producido estas tierras, junto con Livingstone. Pero, la verdad sea dicha, esta gran presentación fue lo peor que nos pudo haber pasado.
Orlando Aravena y Roberto Rojas comienzan a sobrepasar a los dirigentes a la hora de tomar decisiones y proclaman a los cuatro vientos que este equipo está para cosas grandes. Se juega un amistoso contra Inglaterra en Wembley, logrando un empate sin goles que acá se celebra como una victoria. Los ingleses no entienden cómo un equipo puede salir a jugar tan arratonado un simple partido amistoso, y se juran no volver a invitar a la selección chilena. Pero el ego de los jugadores sigue en aumento. Lo único bueno de ese período es la consolidación de un juvenil que es muy efectivo frente al arco: Iván Zamorano.
En la siguiente Copa América, jugando de manera muy defensiva, se pierde ante Argentina y luego, jugando con todo al ataque, se pierde igual frente a Uruguay. Chile es eliminado, pero no importa, tenemos al mejor arquero del mundo, le hicimos cuatro a Brasil y le empatamos a los ingleses en casa. Ahora vienen las eliminatorias.
Brasil derrota 4-0 a Venezuela en casa y Chile hace lo mismo pero 3-1. Toca entonces el enfrentamiento entre Chile y Brasil en Santiago. Los ánimos han sido muy caldeados por declaraciones de Aravena que no se cansa de repetir que vamos a eliminar a Brasil. Todos confían en que se repita el 4-0 de 1987.

LOS PARTIDOS
Al momento de entrar los equipos a la cancha, Chile manda a los suplentes a formarse frente a Brasil (los cuadros deben entrar juntos) y el equipo titular sale primero a aleonar al público. Sabiendo que Romario es un tipo que no puede controlar su mal genio, los jugadores chilenos se van en masa a provocarlo. El brasileño responde a una agresión de Hisis y el juez lo expulsa. Sin embargo, en una actitud por lo menos estúpida, Raúl Ormeño le pega una patada criminal a Branco y el chileno debe irse a las duchas. El partido termina empatado 1-1 con un lamentable autogol de Hugo González (provocado por Fernando "León" Astengo) y una avivada entre Mortero Aravena e Ivo Basay para el gol de Chile.
La FIFA sanciona a Chile por haber salido antes a la cancha y le quita la sede. El partido ante Venezuela se juega en cancha neutral. Chile gana 5-0, mientras que Brasil le hace seis a los mismos venezolanos. Todo se define en el Maracaná. Los chilenos deben ganar pues el empate clasifica a Brasil. Aravena no ha aprendido nada tras la sanción de la FIFA y mucho menos se le ha quitado la soberbia: Declara que no es imposible ganarle a Brasil en casa, insulta al entrenador brasileño y amenaza con retirarse si ocurre algo raro en el partido. Muchos jugadores repiten esta última frase y acusan a la FIFA de apoyar a Brasil pues es un mayor atractivo económico para un mundial.
El tres de septiembre de 1989, se enfrentan Brasil y Chile en el mítico Maracaná. El primer tiempo termina 0-0, con un claro dominio brasileño. En el segundo tiempo, Careca derrota a Rojas y queda claro que no hay por donde ganar. Llegamos así al minuto 69. Un saque del portero Taffarel es controlado por Astengo, quien gira y señala hacia el área chilena. Rojas está en el suelo y a su lado arde una bengala. Los jugadores van a socorrerlo. La camilla no llega nunca mientras el rostro del meta se llena de sangre. Patricio Yáñez insulta a la barra brasileña frente a las cámaras; ese sería el origen del gesto de insulto llamado "Pato Yáñez". El equipo chileno, fiel a sus declaraciones previas al partido, abandona la cancha.
En Chile la multitud eufórica sale a la calle a defender el honor patrio, es apedreada la embajada de Brasil y la delegación chilena es recibida como si hubieran vuelto victoriosos de una guerra. Muchos jugadores hacen declaraciones insultando al pueblo brasileño y la prensa, casi siempre culpable de avivar las hogueras, colabora en el odio anti carioca.
La versión oficial de los nuestros indica que una bengala ha golpeado a Rojas en la cara y el equipo se ha retirado por falta de garantías. Hasta ese momento, yo, y casi todo Chile, consideraba que la declaración era cierta. No estaba de acuerdo con eso de apedrear embajadas u ofender a los brasileños, y me parecía algo exagerado el haberse retirado del partido. Pero en líneas generales me parecía que Chile estaba en lo correcto y que obviamente la FIFA iba a apoyar a Brasil.
Sin embargo, a los pocos días, la declaración es cambiada. La bengala no golpeó a Rojas, sino que le rozó. Luego no resulta que le rozó sino que fue una esquirla. Expertos en el tema comentan que las bengalas no arrojan esquirlas. Que la sangre demoró mucho en aparecer tras la supuesta herida. A esto se suma la publicación de una fotografía del reportero argentino Ricardo Alfieri, donde se ve la bengala cayendo varios metros más atrás de donde estaba el arquero. Lentamente comprendemos que todo es un complot de lo más ordinario y sólo los muy fundamentalistas siguen apoyando la versión oficial chilena.
La FIFA realiza un proceso para aclarar el caso. La ponencia brasileña dura unos quince minutos demostrando lo burdo del montaje y reclama el triunfo para sí. Los chilenos se demoran dos horas con explicaciones alambicadas e imposibles y también exigen el triunfo. El organismo falla a favor de Brasil. Y no sólo eso: Roberto Rojas queda sancionado a perpetuidad; el capitán del equipo, Fernando Astengo y el DT Aravena también son suspendidos. El presidente del fútbol chileno, Sergio Stoppel, es otro de los que queda castigado, aunque muy probablemente nunca supo del numerito que planearon Aravena y compañía (puesto que desde hacía tiempo que el técnico no rendía cuentas a nadie), y tuvo que asumir responsabilidades institucionales. El fútbol chileno queda además, marginado de las competiciones de 1990 y 1994.
Rojas siguió por unos meses insistiendo en su inocencia hasta que, finalmente, reconoció la verdad: se había cortado con un bisturí oculto en su guante. Nunca se sabrá con exactitud quiénes dentro del equipo sabían del complot: En las imágenes se ve al defensa Hugo González haciendo gestos sospechosos a alguien fuera de cámara. Además la maniobra perpetrada adolecía de un gran defecto: no tenían un "plan B". O sea, qué hacían si eran descubiertos. Así, uno de los más grandes arqueros chilenos de todos los tiempos, destruyó su carrera y arruinó la de toda una generación de jugadores.
Ningún otro país, nunca, ha hecho una maniobra tan indecente para tratar de obtener una victoria. Somos un caso único en el mundo.
Pero en fin, rescatemos algo. Rojas fue uno de los mejores porteros que haya visto: Seguro, de buena ubicación y que además era capaz de atajar tiros imposibles; llegaba a remates al ángulo dentro del área chica y salvaba goles hechos. De esa generación además se puede salvar el buen fútbol de Jaime "Pillo" Vera, la sobria eficiencia de Juan Carlos "Lete" Letelier y, sobre todo, la velocidad incansable y la buena mezcla de técnica con pierna fuerte que exhibía Héctor "Ligua" Puebla.
El fútbol chileno empezaría a resucitar poco después, pero desde otro frente.

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