Es en esta parte donde empiezan a mezclarse los recuerdos personales con lo
que dice la historia. De aquí en más estos apuntes, de por sí
subjetivos y poco precisos, pasarán a estar teñidos de impresiones
de lo que nos ha tocado vivir directamente. Pero vamos a lo que importa.
Nos habíamos perdido el Mundial de Argentina, eliminados a manos de Perú,
pese a los pronósticos. Incluso la sede donde jugaría Chile se
había ubicado en Mendoza para favorecer la asistencia a los partidos
de la Roja. Argentina ganaría su primer título mundial gracias
a su tradicional mezcla de talento y fuerza, además de un partido con
resultado sospechoso (frente a Perú) y algo de suerte (un tiro que el
holandés Resenbrink enviaría al vertical a poco del cierre del
partido final). A Chile sólo le quedaba prepararse para el siguiente
torneo mundial.
1982 fue un año movido para nosotros: moría Eduardo Frei y era
asesinado Tucapel Jiménez; un temporal caía sobre Santiago y el
Mapocho se llevaba media ciudad por delante. Eran fusilados los asesinos de
Calama, miembros de la CNI que habían robado un banco y dinamitado a
los testigos. El caso de los sicópatas de Viña entregaba como
resultado que eran carabineros los autores de los delitos. El modelo económico
chileno se va al suelo, se devalúa el peso, miles de personas pierden
sus ahorros y el Estado debe intervenir con recursos para evitar que los bancos
quiebren. Los bancos se niegan a pagar este préstamo hasta el día
de hoy. Las manifestaciones opositoras a la dictadura son reprimidas a golpes
y balazos, y la escolta del Almirante Merino balea a un automovilista sólo
porque lo encontró sospechoso.
El mundial llegaba en un momento preciso para España; unos años
antes había terminado la dictadura de Franco y este evento deportivo
servía para volver a presentar a la nación ibérica frente
al mundo. A diferencia de Chile, la democracia española comenzó
con vacilaciones e incluso con un intento de golpe de Estado, pero la decidida
acción de la corona y las autoridades cortan de raiz todo resabio autoritario.
A Chile le tocó definir su plaza en un grupo relativamente accesible:
contra Paraguay y Ecuador. La suerte nos sonreía y no nos topábamos
con ninguna de las potencias del Atlántico. Además Chile definía
con los dos últimos partidos jugando de local. El fútbol chileno
estaba pasando por una transición desde la "década alba"
(los 70), a la fulgurante aparición de Cobreloa, notable equipo de Calama
que en unos pocos años había llegado a primera división,
salido campeón y disputado dos finales consecutivas de Copa Libertadores.
El entrenador designado para comandar esta etapa fue Luis "Locutín"
Santibáñez, que había tenido una muy destacada trayectoria
en el medio nacional. Él fue quien terminó consagrando nuestra
fama de arratonados, pues fue quien comenzó a practicar estilos ultra
defensivos en nuestro medio.
Las eliminatorias comenzaron el 24 de mayo de 1981; Chile debutaba de visita
frente al duro equipo de Ecuador. A los 32 minutos del primer tiempo se anuncia
por los altoparlantes que el presidente ecuatoriano, Jaime Roldós, ha
muerto en un accidente aéreo. Se hace un minuto de silencio y los dirigentes
discuten la posibilidad de suspender el partido. Finalmente se decide que el
show debe continuar, demostrando que el fútbol es más importante
que casi todas las cosas de la vida.
Con todo el equipo metido en el área propia, Chile logra un valioso empate
sin goles. La siguiente etapa es contra Paraguay en Asunción. Chile repite
el libreto pero la mano viene más complicada pues el juego aéreo
guaraní es de temer en comparación a nuestros jugadores de la
época que no eran muy amigos del cabezazo. Pero con tres zagueros centrales,
Valenzuela, Soto y el siempre impecable Figueroa, Chile soporta una carga tras
otra. Hasta que ocurre el milagro. Benítez falla un toque que es interceptado
por Moscoso. El iquiqueño envía un pase al vacío al que
corre el veloz Patricio Yáñez, quien controla y con un cachetazo
derrota al notable arquero paraguayo Eber Almeyda. Recuerdo haber estado viendo
ese partido en mi casa y no me impresionó tanto el gol como el grito
de Pedro Carcuro. El mismo Yáñez ha reconocido que la mitad del
mérito de que ese gol se recuerde tanto es el apasionado relato del periodista
de TVN. El partido continúa y las cargas paraguayas son ya casi suicidas
y la defensa chilena desesperada y heroica. Se termina el partido y Chile debe
definir en casa con la clasificación casi asegurada.
Chile enfrenta a Ecuador en Santiago. Los rojos tienen la orden de, si se mantiene
un empate, marcarse un autogol para enfrentar a un Paraguay ya eliminado. Pero
nada de eso es necesario pues un notable gol de Carlos Rivas y otro de Caszely
permiten que Chile enfrente clasificado a Paraguay, al que derrota 3-0 con facilidad.
Estamos en España 82.
La impecable campaña sube los ánimos y las expectativas, se cree
que Chile está para cosas grandes. Por primera vez en nuestra historia,
los futbolistas son invitados a programas de TV, actúan, cantan y hacen
rutinas cómicas. Se suspende el torneo local para permitir que la selección
juegue partidos amistosos, y los gana casi todos pues se trata de equipos de
segundo orden. Pero nadie nota el detalle y cada vez más son los que
se suben al carro de la euforia.
El sorteo nos coloca en un grupo con Alemania Federal, Austria y Argelia. Cuando
vi el grupo que nos tocó yo comenté: "Estamos jodidos. Con
suerte logramos sacarle un empate a Argelia". Los allí presentes
me taparon a insultos y me comentaron que incluso los alemanes eran pan comido.
Y a nivel nacional la sensación era similar, incluso se comentaba la
posibilidad de salir campeones. Por las radios suena una marcha militar que
dice "Desde Arica a Magallanes Chile busca el gol". Chile era el mejor
clasificado al mundial y con su valla invicta. Se suponía que íbamos
a hacer historia.
Antes de partir a España, la selección chilena es recibida por
el presidente Pinochet en La Moneda. Fiel a su estilo, el dictador lee un discurso
a tropezones y luego saluda a los deportistas. Se toma algunas fotos en invita
a Carlos Caszely a posar con él. El habilidoso delantero se niega cortesmente
mientras la delegación comienza a ponerse nerviosa. Pinochet insiste
y Caszely contesta: "Es que yo pateo con esta" le dice, indicándose
la pierna izquierda. Extrañamente, el dictador no se molesta sino que
le dice que se trata sólo de una foto. Cuando algunos ya transpiran helado
y se comienzan a mear en los pantalones, Caszely accede de mala gana y se toman
la dichosa foto.
Chile parte a España con los siguientes jugadores: Mario "Gato"
Osbén, Oscar Wirth, Marco Cornez, Lizardo "Chano" Garrido,
René Valenzuela, Vladimir Bigorra, Elías "Don Elías"
Figueroa, Rodolfo Dubó, Eduardo "Bonva" Bonvallet, Gustavo
Moscoso, Carlos "Chino" Caszely, Patricio "Pato" Yáñez,
Miguel Angel Neira, Carlos Rivas, Juan Carlos "Lete" Letelier, Mario
Soto, Raúl "Guasón" Ormeño, Manuel Rojas, Mario
Galindo, Enzo Escobar y Miguel Angel Gamboa.
El 17 de junio de 1982 se comenzaría a saber la verdad. Enfrentamos a
Austria. A los veintiun minutos, un cabezazo de Schachner gana a la defensa
chilena y pilla mal parado a Osbén y es gol de Austria. Sin embargo,
cinco minutos después arranca Caszely y es derribado en el área
rival. El juez uruguayo Cardellino cobra penal y hay euforia en la parcialidad
chilena. Se prepara para ejecutar el mismo Caszely, toma carrera
y ya todos
sabemos lo que pasó. Un amigo mío vio ese partido en el colegio,
junto a su curso. Era tal la confianza en el Chino, que casi todos gritaron
el gol antes que Caszely ejecutara la falta, y fue cuando vieron al chileno
con la cabeza gacha que comprendieron que la pelota se había ido fuera.
Un silencio de muerte cayó sobre el país y la brillante trayectoria
de Carlos Caszely sería injustamente marcada por aquel funesto penal.
El resto del partido vería a nuestra selección intentado penetrar
la defensa austríaca, pero sin lograrlo. Chile no juega mal pero el resultado
y el penal hieren sensiblemente la fe en el equipo.
El siguiente rival es Alemania Federal, que ha caído sorprendentemente
ante la desconocida Argelia y necesita el triunfo tanto como Chile. Caszely
está tan deprimido por lo del penal que va a la banca. Toda la confianza
previa al mundial se ha perdido y se entra a la cancha con mucho temor. A los
nueve minutos un débil remate de Rummenigge se le cuela inexplicablemente
a Osbén, arquero de por sí muy seguro, y es el uno a cero. En
el segundo tiempo los rojos no aguantan el ritmo de los germanos y son aplastados.
A poco de terminar el partido ganan con comodidad 4-0. Si embargo, Gustavo Moscoso
recibe una pelota por la punta izquierda, le hace un túnel a Forster
y enfrenta al meta Schumacher, batiéndolo con un toque suave sobre su
salida. Es el gol del honor, pero para más mala pata, justo en ese momento
falla el satélite y nuestro país se pierde de ver ese gol en directo.
Pitazo final y estamos casi eliminados.
Queda enfrentarse con Argelia; si se la golea puede que se logre clasificar
siempre que Austria y Alemania no empaten. Pero nuevamente sale todo al revés;
la primera fracción nos encuentra 3-0 abajo. En el segundo tiempo recién
Chile logra un nivel de juego decente y descuenta gracias a un penal de Miguel
Angel Neira y un bello gol de Juan Carlos Letelier, que elude con doble sombrero
a dos defensas, descoloca a la defensa y remata sobre la insegura salida del
arquero Cerbah. El partido finaliza 3-2 y ahora sí estamos eliminados,
despidiéndonos además con la peor participación chilena
en copas del mundo.
Al día siguiente, juegan Austria y Alemania: si los teutones derrotan
por un gol a los austríacos, ambos clasifican. Los hijos de Mozart se
dejan hacer un gol al inicio del partido y luego ambos elencos esperan a que
el tiempo pase. Ante tamaño descaro, la delegación argelina protesta
y solicita que los dos equipos europeos sean eliminados y los hagan pasar a
ellos y a Chile a la siguiente fase. Obviamente la petición es denegada,
pero
¿habría sido igual si se hubieran invertido los roles
y los europeos hubieran sido los perjudicados?
Paralelamente al mundial, una noticia sorprende al mundo: Argentina ha invadido
las islas Malvinas. El régimen militar argentino hace tiempo había
llegado a la conclusión que nada mejor que una guerra para forjar el
temple de su nación, y tras una frustrada intentona con Chile, se decide
por la histórica aspiración de su país sobre las islas
del Atlántico sur. La ocupación se desarrolla sin problemas, pero
Su Majestad envía una flota al rescate. Todos los países de Sudamérica
apoyan a Argentina, con excepción de Chile que no olvida que estuvimos
a punto de irnos a las manos, así que el gobierno nacional se declara
"neutral" (aunque años después se sabría que
en realidad se brindó apoyo efectivo a las fuerzas inglesas). Los soldados
argentinos, autodenominados salvadores de la patria, mandan a los conscriptos
a la primera línea de fuego y las profesionales fuerzas británicas
no demoran en hacer flamear la "Union Jack" sobre todas las islas
ocupadas. El general argentino Alfredo Astiz, con fama de duro por luchar contra
civiles desarmados, se rinde sin combatir. La dictadura argentina se derrumba
y se reinstaura la democracia.
Volviendo al fútbol, el mundial lo gana Italia derrotando 3-1 a Alemania
Federal, pero queda más en la retina el rápido y eficiente fútbol
de Polonia y su notable goleador Grzegorz Lato y el talentosísimo cuadro
francés, con Michel Platini a la cabeza. Repetimos: no siempre la historia
la escriben los vencedores.
La delegación chilena se encuentra con una hoguera a su regreso. Santibáñez
renuncia, muchos ignorantes culpan a Caszely del fracaso en el mundial y se
revelan los serios problemas internos del equipo: habían sido concentrados
en un lugar incómodo y los jugadores veteranos habían hecho grupo
aparte.
Este mundial marcaría el cierre de la carrera de Elías Figueroa,
quizá el mejor futbolista chileno que vio el siglo XX. Don Elías
se impuso en el muy duro fútbol uruguayo y luego en el brasileño,
anulando a volantes y delanteros de mucha habilidad. Verlo jugar era infartante;
era capaz de recibir una pelota en área chica, rodeado de rivales y salir
jugando con toda calma mientras todo el estadio le rogaba que despejara de puntete
y para arriba. O despejar de chilena un balón que todos daban por perdido.
Fue premiado por tres años seguidos como el mejor futbolista de Sudamérica,
estuvo en el equipo ideal del mundial del 74 (superando al mismísimo
Beckenbauer) y nunca tuvo palabras de soberbia o desprecio para nadie. Muchos
años después, trabajando de comentarista para una radio, Don Elías
intentaba entrar el estadio de Playa Ancha, pero había olvidado su credencial
de prensa. Le dijo al portero que era Elías Figueroa, que tenía
que ir a trabajar que por favor lo dejara pasar. El funcionario le respondió
que tenía que pagar entrada si no tenía credencial. Elías
insistió y el triste empleaducho le replicó "Por favor, Don
Elías, haga algo por el fútbol". Ante tamaña afrenta,
el crack chileno sólo se limitó a sonreir.
El caso de Caszely fue algo similar. Jugó unos años más
en la selección pero no logró estar en otro mundial, cumpliendo
con la maldición de muchos goleadores chilenos: no anotar en copas del
mundo. El Chino era un notable delantero, irrespetuoso, valiente y con un claro
sentido del espectáculo, que hacía que la hinchada lo adorara.
Nunca, o casi nunca hizo goles feos; siempre se las arreglaba para que sus conquistas
tuvieran cierto nivel de arte. Gustaba de eludir rivales apenas moviéndose
sobre un metro cuadrado, y aprevechaba de buena manera su pique explosivo. Y
brillaba sobremanera cuando entraba caminando al arco rival, con pelota dominada
tras haber eludido a todos los contrarios. Siempre con una sonrisa pícara
y las medias abajo.
La soberbia de Santibáñez y compañía lamentablemente
haría escuela, lo que nos traería pésimas consecuencias,
como veremos en el próximo capítulo.